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Documentos de la banda preveían el intento de legalizar un partido como Sortu

ETA marcó a Batasuna en 2010 los pasos para estar en las municipales

La Izquierda Abertzale sigue el guión que le marcó ETA en los primeros meses del año pasado; ya ha dado cumplimiento a los dos primeros apartados de lo que la banda llamaba «Proceso Democrático», los mismos términos que utilizó el «batasuno» Rufino Echeverría, cuando dio a conocer el nuevo partido del entramado terrorista.

  • Destacados líderes abertzales, durante la presentación de Sortu
    Destacados líderes abertzales, durante la presentación de Sortu
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

14 de febrero de 2011. 00:43h

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Madrid. 14/2/2011

Los pistoleros dieron a su brazo político un plazo de 12 meses (que concluye después de las elecciones de mayo), en los que no cometerían atentados; si era necesario, suspenderían temporalmente el chantaje económico del «impuesto revolucionario»; y, en general, lo que hiciera falta para que se pudiera consumar la farsa que han urdido para participar en los  comicios municipales y forales.

Eusko Alkartasuna

El citado guión esta contenido en un documento, titulado «Preacuerdos y acuerdos políticos del Proceso Democrático», del que informó en primicia LA RAZÓN en julio del año pasado. El primero de los puntos dice lo siguiente: «El desarrollo del Proceso Democrático se plasmará sobre diferentes acuerdos políticos. El acuerdo de estos se deben entender como punto de inflexión o cima del Proceso. Hemos incluido también los que hay que acordar a favor de los derechos populares y entre los independentistas antes del Proceso Democrático, aunque estos serían los preliminares de un Proceso Democrático».

El lenguaje que utiliza ETA en sus documentos internos es siempre enrevesado, pero se refiere a los acuerdos que Batasuna estableció con Eusko Alkartasuna, como primer paso para construir su estrategia electoral, que incluye varias opciones, la primera de las cuales pasa por el intento de legalización de un partido, «Sortu»;  si no cuela, agrupaciones electorales y coaliciones puntuales con Eusko Alkartasuna; y, si fracasaran las anteriores, votar las candidaturas de este partido.

A este respecto, fuentes del Gobierno han señalado a LA RAZÓN que la semana que viene, una vez que se reciban los informes que sobre «Sortu» están realizando las Fuerzas de Seguridad (Policía, Guardia Civil y Ertzaintza), serán remitidos a la Fiscalía y la Abogacía del Estado, para que formulen, si así lo estiman oportuno, las correspondientes denuncias ante la Sala del 61 del Tribunal Supremo.

Este partido, subrayaron las mismas fuentes, es claramente una continuación de Batasuna y sus promotores no han in tentado esconderlo. Serán los tribunales los que decidan sobre su legalización o no, pero lo lógico es que el entramado de la banda no esté presente en las elecciones del 22 de mayo. Si después, en julio o agosto, siguen manteniendo su apuesta por las vías políticas y el supuesto distanciamiento de ETA, sería diferente, ya que las sospechas de que todo lo que están haciendo forma parte de una estrategia estrictamente electoral se habrían disipado.

Acuerdo de Guernica

El segundo punto del documento etarra, al que Batasuna ha dado cumplimiento, es el titulado «Acuerdo o Acuerdos con Independentistas». Se trata del pacto firmado en Guernica el pasado 25 de septiembre, en un acto que fue «contra programado» por ETA con una entrevista en «Gara» en la que, entre otras cosas, avisaba de que se defendería «si era atacada». Decía que se trataba de una «Alianza política de las fuerzas que sitúan el futuro político de Euskal Herria necesariamente en su independencia y en el nacimiento de un estado propio. Como vértice que influirá durante el proceso y que forzará los contenidos del proceso. Que tendrá naturaleza ideológica y movilizadora. Dentro de él se deben comprender las alianzas-iniciativas que se pactan y se crean en el frente electoral institucional, en el sindical y en la actividad popular. Los acuerdos deberían ser nacionales» (País Vasco y Navarra).

Los planes de ETA, si logra que las candidaturas de su entramado estén en las elecciones y consoliden un «frente institucional», es exigir, como tercer punto, una negociación con el Gobierno.

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