26 años guardando la pelusa del ombligo para acabar en el Guiness

Pocos récords del libro Guiness causan tanta desazón como el que estos días ha hecho famoso al australiano Graham Barker, que ha mostrado al mundo orgulloso el resultado de más de un cuarto de siglo: las pelusas de su ombligo, almacenadas en tres botes, que se ha ido quitando en los últimos 26 años.

La pelusa del ombligo acumulada
La pelusa del ombligo acumulada

"Mucha gente se mira en su ombligo en busca de inspiración. Yo he mirado mi ombligo en busca de pelusa". Con esta carta de presentación, Barker justifica su obsesión por rebuscar ahí donde la mayoría pasa de largo. "La gente me pregunta por qué. Y yo les respondo que por qué no"", añade.

Lo primero que sorprende de la colección de Barker, que ya le ha lanzado a la fama, es que las pelusas han adquirido diversas tonalidades, hasta presentar un aspecto cuanto menos llamativo. En total, la sustancia rescatada de su ombligo y depositada con mimo en los recipientes ha alcanzado un peso de 22,1 gramos, suficiente para ingresar por la puerta de atrás en el club más famoso de los récords.

Durante todo este tiempo, Graham Barker, un bibliotecario de Perth (Australia) de 45 años, se ha ido tomando la molestia, al final de cada día, en recoger la pelusa acumulada en su ombligo, un esfuerzo que le ha valido, por fin, su minuto de gloria cuando el periódico The NY Daily News le llamó para que contara su historia.

"Me di cuenta de que en mi ombligo siempre había pelusa y me pareció muy curioso saber cuánta cantidad puede llegar a producir una persona. Llegué a la conclusión de que la única forma de saberlo era coleccionarla y analizarla", explicó al británico Daily Mail.

Barker, que incluso tiene su propia web, confiesa que comenzó a guardar la pelusa tras un viaje de mochilero por Australia, y ya ha anunciado que proseguirá con su colección mientras pueda. De momento, ya está llenando el cuarto bote. Y no sólo eso: este bibliotecario colecciona también los pelos de su barba, que guarda en bolsas cada vez que se la afeita, nombres falsos que ha utilizado y bolsas de panadería. Todo un personaje.

¿Y qué hara con su preciado objeto de colección? Para los que piensen que Barker es ante todo un excéntrico, aquí hay una prueba de que tiene los pies en el suelo: ha vendido la pelusa para que un museo la exponga por una cantidad que no ha hecho pública.