Cataluña

De gays y gays

La Razón
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No sé cómo lo consigue, pero la progresía consigue superarse a sí misma casi a cada instante. Por ejemplo, ya parecía que la Alianza de civilizaciones era el ápice de la majadería y, de repente, aparecen Bibiana Aído y Leire Pajín defendiendo el burka, y en Cataluña, el Parlamento secunda la jugada. Resulta innegable que la Presidencia de ZP en la Unión Europea ha sido una difícil fusión de lo dañino con lo ridículo y aparece María Teresa Fernández de la Vega afirmando que lo recordarán «generaciones» de europeos. Se ha excluido al prócer de la ceja de todo tipo de reuniones económicas y pontifica Blanco que ha encauzado la economía del futuro en la UE. Son como el «más difícil todavía» del circo, pero en políticos despilfarradores y fatuos. Y, por si fuera poco, en eso volvieron a emerger los sindicatos y un Zerolo resucitado al olor de la crisis de Gobierno. Madrid lleva varios días padeciendo una huelga política y violenta –hay varios trabajadores en el hospital por la acción violenta de los piqueteros– justificada por un sindicalista que se hizo ilegalmente con un ático de protección oficial y anunciada por unos liberados que a muchos nos ha llevado a recordar la escena de 2001: una odisea espacial en la que el primate la emprende a huesazos con otros congéneres. Tras causar más de tres millones de euros de pérdidas diarias a la única CCAA de España que todavía crece económicamente e impedir que los madrileños llegaran a su trabajo o al médico, los liberados sindicales decidieron que el sábado el metro funcionara para no perjudicar las celebraciones del día del orgullo gay. Se me saltan las lágrimas. ¿Es usted un homosexual que va en metro todos los días para ganarse la vida decentemente en una oficina o una lesbiana que intenta llegar a fin de mes trabajando como secretaria? ¡Pues búsquese usted otro medio de transporte, desgraciado-a! ¿Es usted una locaza que se pone el vestido malva, con una boa fucsia alrededor del cuello y una peluca naranja para subirse a una carroza? ¿Quizá es una lesbiana disfrazada de cardenal con un rosario que lleva un pene como crucifijo? ¡Los sindicatos os apoyan! Como ha señalado acertadamente COLEGAS – un colectivo de gays y lesbianas al que no podrá tacharse demagógicamente de «homófobo»– lo de Zerolo es una «mafia rosa» que paga gente como Gallardón. Por cierto, que Tut-an-Gallardón pertenece a un PP que, según el papa Zerolo, no podía ir a la manifestación del día del orgullo gay por el «calvario que nos ha hecho pasar». No tiene aspecto Zerolo de haber sufrido un calvario en toda su vida y los que conocen sus pasadas peripecias políticas no lo sitúan, desde luego, en las cercanías del Gólgota. Más que redentor, es un inquisidor rosa que decide, por primera vez en la Historia, quiénes pueden ir a una manifestación. Por ejemplo, no los israelíes que son ciudadanos de la única nación de Oriente Medio donde los homosexuales no sufren sanción legal. Y es que Zerolo y su gente no ha defendido jamás a los homosexuales. ¡Quiá! Lo que Zerolo y los suyos defienden es el trinque de fondos públicos para los progres que además dicen ser homosexuales. Porque como alguien sea homosexual, de derechas, pro-israelí o viaje en metro… ¡va dado!