Capital para separatistas

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Es incongruente que los separatistas que hoy gobiernan San Sebastián pretendan la unidad que han roto los más exaltados durante años con armas. Es paradójico que quienes han querido siempre desligarse del país al que les tocó pertenecer, quieran ser centro de un espacio mucho mayor. Pero hay intereses políticos y económicos que están muy por encima de los aislamientos que resultan poco rentables. Es sarcástico que quienes no condenan la violencia etarra se quieran apropiar el sentido ético y humanista de la palabra cultura. «Aparcando las diferencias se pueden hacer las cosas muy bien», dicen. ¡Ya podían haber «aparcado las diferencias» antes! Por ejemplo cuando los asesinados por ETA estaban vivos. O cuando los heridos y mutilados, estábamos sanos y enteros. Buscan ahora la «normalización», quienes se han comportado durante años «anormalmente» utilizando la violencia. El problema es que siguen haciéndolo al impedir la detención de proetarras, ilegalizar el castellano en los ayuntamientos, eliminar los retratos del Rey y la bandera española, prohibir la protección de escoltas… San Sebastián tiene muchos puntos fuertes para ser la capital europea de la Cultura 2016, pero que el argumento político de la pacificación, quizá una trampa o una amenaza, haya sido acicate para conseguirlo, no es justo para sus competidoras, merecedoras también de la capitalidad, ni abre demasiadas esperanzas.