Morante hasta para el valor tiene arte

- Sevilla. 11ª de la Feria de Abril. Toros de Jandilla, el 2º como sobrero, y Vegahermosa, 1º y 3º, y 5º, bis de Javier Molina, serios y desiguales de juego. El mejor el primero. Lleno de no hay billetes. - Julio Aparicio, de grana y oro, pinchazo, estocada (silencio); estocada (silencio). - Morante de la Puebla, de caña y azabache, estocada (silencio); media, un descabello (saludos). - Cayetano, de blanco y plata, estocada (saludos); estocada (ovación).

Cayetano brinda el toro de su presentación a su hermano Francisco
Cayetano brinda el toro de su presentación a su hermano Francisco

SEVILLA-El cartel del arte arrancó las entrañas del valor. Lo hizo Morante. Un Morante capaz de enloquecer sin el toro noblón. Desató a La Maestranza de sus amores y desamores con una lección de casta torera y pundonor. Nos metió en la faena cuando la mayoría pensó que se lo quitaría del medio sin protocolo, sin perdición tras minuto y medio de muleteo. Al carajo los pronósticos. Antes de que Morante diera sentido a la tarde salió explosivo a parar al quinto y de esa conjunción nació la emoción en los lances genuflexos. No le dio tiempo a estirarse de verdad cuando a punto estuvo el toro de prenderlo en tablas. Se salvó, y después llegaría el milagro. El Jandilla se fue a los corrales sin apenas darnos cuenta y tuvo Morante que entrarle al sobrero de Javier Molina, que llevaba toda la feria esperando.

Entre lo onírico y lo realQué gran torero tuvo delante. Le dejó el de La Puebla pasado en el caballo y aun así sacó genio para repartir en el último tercio. Estaban en juego las carnes y a los medios se lo llevó. Es difícil encajarse con un toro cuando a mitad de viaje regala un derrote. A Morante le sobró valor e hizo el toreo bueno al toro malo, justo después de que cantara el animal su voluntad de rajarse. Crecía como espuma de cerveza recién tirada la emoción en el ambiente. Otra vez Morante. Otra vez el misterio que se desvelaba entre lo onírico y lo real. Metió al toro en vereda, haciéndole tragar por derechazos y ganando en rotundidad. Y entonces no importó nada, tanto que le puso la izquierda como si el toro estuviera hecho de bondad. Torero, torerazo. Sevilla era suya de nuevo. Lo sudó, lo fraguó y rompió al toro por abajo, elogio al arte, al arte del valor para no renunciar al principio de pureza sobre el que se cimenta su puesta en escena. Era el torero enrazado, que sorprende, que enrabieta, que enloquece. Sevilla rezumaba silencio cuando se perfiló para entrar a matar. Hacía rato que había sonado el primer aviso. Una media estocada sin primor y un descabello le negaban el trofeo, que el público sí pidió. Atronó la plaza en la ovación.Cayetano se abrió de capa con el sexto con suavidad, en ese canto a la verónica que supuso toda la tarde. Tuvo que hacerle Morante después el quite de la salvación, cuando quedó Cayetano sin capa en un sedoso toreo por tijerillas. ¿Habrían firmado la paz? No pudo Cayetano redondear en la tarde de su presentación. Estaba justo el toro y de vez en vez se defendía con cierto peligro. Lo salvó con seriedad y entrega; no había mucho más. Empezó la corrida con atisbos de intensidad. Primero porque el toro apretó en varas y después porque Julio Aparicio quiso torear de capa. Buscó el lucimiento y en los remates, bien en la larga o ciñéndose en la media, lo encontró. También en la verónica. Vino instantes después Morante a elevarla a la categoría de monumento en ese toreo templado y de cintura rota, que te levanta del asiento. Ángel Otero se desmonteró tras clavar con ajuste los palos. Tuvo el toro toda la nobleza del mundo, toda junta y amontonada. Al comienzo de Aparicio le sobró duende, sabor, arte y la faena gozó de quietud y torería. Si llega a bajar la mano, los olés se hubieran escuchado desde la Giralda. Pero no llegaron, no llegó nunca. Compitiendo a la verónica recibió Aparicio al cuarto. Y le salieron con gracia y encanto, sobre todo cuando las remataba con las manos bajas. Por ese resquicio se volvió a ir toda la magia que pudo haber en la faena. El toro era manejable, se dejaba hacer, pero al límite de casta y empuje, y Aparicio lo intentó, pero cuando el toreo comienza arriba y acaba más arriba todavía muere antes de empezar. También por verónicas, y sin las probaturas de andarle para atrás, recibió Morante al segundo, bis. El titular se partió un pitón. Cumplió el toro en el caballo y llegó con movilidad a la muleta. Lo vio más claro Morante de primeras al natural, y por ahí se puso. Llegaron aislados los buenos momentos, más cuando lo versionó por el otro lado. Por derechazos hiló una tanda ligada, sin perder pasos y rompiendo al toro por dentro. Y ahí quedó suspendida en el aire el resto de la faena; se apagó el jandilla y se fue a por la espada. A su hermano Francisco brindó Cayetano el toro de su presentación en Sevilla. No sé si hubo palabras de por medio, pero el abrazo habló por sí solo. La angustia vino después, cuando el toro parecía estar agarrado al piso. Le costaba arrancar y Cayetano abrevió lo que estaba condenado al aburrimiento. Remató fino con la espada. La lección torera de Morante tenía muchos quilates. Hasta para desplegar el valor tiene arte el de La Puebla.

El Cartel de hoyToros de Torrealta para El Juli, José María Manzanares y Daniel Luque.