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Supervisor de nubarrones

La Razón
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Ramón Gómez de la Serna fue un madrileño irónico, autor de divertidas greguerías. Sus amigos cuentan que le gustaban las gamberradas y mofarse de la muerte. Tituló uno de sus libros: «La vida es decirse adiós en un espejo» y pidió que en su tumba colocaran el siguiente epitafio: «¡Qué sábana más dura!». Salta a la actualidad el nombre de Ramón porque el presidente del Gobierno ha utilizado una de sus frases para hacerla suya: «El mejor destino es el de supervisor de nubes». Zapatero se lo ha ganado a pulso. Ha estado tanto en las nubes, que se ha ganado el puesto, aunque su especialidad sean los nubarrones y la tormenta perfecta.
Puede que antes de que abandone la Moncloa, se tumbe en una hamaca y haga horas extras mirando al cielo, con esa mirada perdida de uno de sus carteles electorales, y observe cómo pasan por el lienzo del firmamento nubes y más nubes, ninguna blanca, sino nubarrones amenazantes y otras que se alejan después de haber descargado fuertes tormentas de rayos,truenos, granizo y agua. Acumulación de nubes negras que forman una tormenta de parados, separatismos, incumplimiento de sentencias judiciales, desafíos nacionalistas, presencia de amigos de los terroristas en las instituciones, más impuestos y regreso de otros… en fin, que Zapatero se pone a supervisar nubes y acaba de los nervios, con un ataque de cirrosis, no hepática, sino de exceso de cirros, que son esas nubes blancas, transparentes, sin sombras internas, de esas que no pasan por la retina del supervisor Zapatero.