Ciudad del Vaticano

El Papa universal

El día después del ascenso a los altares de Juan Pablo II, la Plaza de San Pedro del Vaticano volvió ayer a llenarse de peregrinos para participar en la misa de acción de gracias, la primera en honor del nuevo beato.

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Con la imagen de fondo del Papa polaco sonriendo de forma tranquilizadora desde el gigantesco tapiz desvelado el pasado domingo, el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado de la Santa Sede, destacó que el anterior Pontífice fue un «auténtico defensor de la dignidad de todo ser humano y no un mero combatiente de ideologías político-sociales».

Ante alrededor de unos 60.000 fieles, entre los que había un buen número de españoles, Bertone recordó una de las grandes virtudes del Papa Wojtyla. «Para él, cada mujer, cada hombre, era un hija o un hijo de Dios, independientemente de la raza, del color de la piel, de la proveniencia geográfica y cultural, incluso de la religión», dijo. También destacó el secretario de Estado, mano derecha de Benedicto XVI, que Juan Pablo II supo dar a la Iglesia católica «proyección universal», «autoridad moral a nivel mundial» y una visión «más espiritual y más bíblica».

Durante su larguísimo pontificado de casi 27 años, uno de los más dilatados en los 2.000 años de historia eclesial, el nuevo beato impulsó la renovación de la Iglesia, dirigiéndola hacia una «nueva evangelización» y tendiendo puentes con las otras comunidades cristianas y credos. «Intensificó los lazos ecuménicos e interreligiosos y rencontró el camino para un fructuoso diálogo con las nuevas generaciones», afirmó el cardenal Bertone.

Retomando sus declaraciones del día anterior, en las que había predicho que «en pocos años» Juan Pablo II podría ser canonizado, el secretario de Estado agradeció a Dios «por habernos dado un santo» como el Papa polaco.

Debilidad corporal
Luego, entre aplausos emocionados de los fieles, recordó cómoWojtyla mostró su santidad hasta en sus últimos días. «Vimos cómo le fue arrebatado todo lo que humanamente podía impresionar: la fuerza física, la expresión del cuerpo, la posibilidad de moverse, incluso la palabra. Entonces, más que nunca, confió su vida y su misión a Cristo. Sabía que su debilidad corporal hacía más evidente todavía el Cristo que opera en la historia».

A Bertone le antecedió la alocución del cardenal Stanislaw Dziwisz, arzobispo de Cracovia y secretario personal de Juan Pablo II. «No olvidaremos nunca que, hace treinta años, en esta plaza, dio su sangre por la causa de Cristo. Como ayer, también hoy se reúne en esta plaza en sentido simbólico toda Polonia», dijo. No le faltó razón, pues durante estos tres días el corazón de la patria del Papa Wojtyla ha latido desde Roma.

Concluida la última de las ceremonias y recuperada poco a poco la normalidad en la ciudad, miles de fieles hicieron cola para rezar frente al féretro donde reposa el cuerpo sin vida del nuevo beato. Según el Vaticano, más de 350.000 fieles veneraron los restos de Juan Pablo II, cuyo ataúd fue ayer colocado en la capilla de San Sebastián, dentro de la basílica vaticana, la que será su ubicación definitiva.