Fran entona el mea culpa

Fueron cuatro de las peores horas de su vida. El viernes Fran Álvarez se convirtió en el reclamo televisivo de la noche. Numerosos telespectadores –alrededor de tres millones, según los datos de audiencia– se congregaron delante de sus televisores para ver entonar el mea culpa al infiel esposo de la princesa de San Blas, Belén Esteban

Telecinco estuvo durante toda la semana caldeado el ambiente y manteniendo la emoción sobre la primera y, según él, última aparición del arrepentido joven. Alrededor de las ocho y media de la tarde entró en los estudios de la cadena de Vasile, acompañado por Toño Sanchís, el representante de la copresentadora de «Sálvame». Poco después, Fran reconocería que había pasado la tarde en la casa de Esteban, en Paracuellos del Jarama, donde Belén le dio tres consejos: «Sé sincero, cuenta la verdad y mira a los ojos». No sabemos si siguió los dos primeros, pero, por lo menos, el tercero lo cumplió. «Mantener la mirada fija es un intento de mostrar claridad», explica Valvanuz Sánchez de Amoraga, sinergóloga de la Clínica Betancurt en Pozuelo (Madrid). La experta ha analizado para LA RAZÓN la actuación del camarero que conquistó a la Esteban.

«Lo más llamativo de sus gestos es la tensión y la sensación de inseguridad que transmite y que se nota por la rigidez de su musculatura. Está muy nervioso y respira profundamente en varias ocasiones para intentar relajarse», explica Sánchez de Amoraga. La entrada en el plató ya denotaba su actitud defensiva e incómoda. Las manos en los bolsillos le delatan.

Fran sabía a lo que iba y «la rapidez de sus respuestas indican que conocía las preguntas de antemano», asegura la experta. Sus contestaciones a un incisivo Jorge Javier Vázquez convencieron a la audiencia, como demuestra la encuesta que realizó la cadena poco después de que terminara el programa. Más de un 60 por ciento de los telespectadores confiaban en la reconciliación de la pareja. Pero ¿fue sincero Fran?

La presión constante de sus labios es uno de los gestos que más repitió a lo largo de la entrevista. «Es un símbolo de autocontrol. Denota que no cuenta ni la mitad de lo que sabe», asegura la sinergóloga. Recurre a esta mueca, así como al parpadeo constante y al sudor, signos de nerviosismo, sobre todo cuando le cuestionan sobre Arantxa Contreras, su amante y la clave de su crisis matrimonial. Tan sólo se relaja un poco cuando rememora su vida con Belén. En ese momento «apoya mucho las manos sobre el reposabrazos para reafirmarse», afirma la especialista en comunicación no verbal.

La mano en la boca, el entrecejo fruncido y frotarse las piernas de vez en cuando son signos claros de inseguridad. Se siente desubicado. La televisión no es su mundo, es el de su esposa. Pero después de su intervención, algo «light», no se descarta una segunda parte.