«A veces es incómodo llamarse Francisco Franco»

La Razón
La Razón FOTO: La Razón

Importante e impactante fue la presencia de Francis Franco en «¿Dónde estás, corazón?». Está harto del acoso, así que vivimos su debut televisivo para salir al paso del incidente, o casi accidente, que padeció en el Ave Barcelona-Madrid, con varias denuncias por presuntos malos tratos y una muñeca dislocada. El nieto de Franco precisó, aclaró y concretó: «Todo ocurrió con guardias de seguridad privada, y sólo hubo un comportamiento ejemplar cuando apareció la Policía Nacional. Una de las "seguratas"me llamó sinvergüenza repetidas veces». Lo nunca visto, porque con don Francisco el cliente siempre tenía la razón. Pero no quedó por explicaciones mientras yo iba a lo mío en la intimidad del camerino o de los iluminados pasillos:
-¿Qué pasa con eso de que el Caudillo sólo tenía un testículo, al igual que Matías Colsada o Manolo Insua? Además, ¿quién pudo ver tales intimidades?
-Hombre, al menos cien personas en La Paz, cuando le internaron ya en las últimas.
-Qué respiro. No creo que fuese tu abuela, doña Carmen, aún siendo su esposa adorada: en aquel tiempo los matrimonios no se exhibían en paños menores...
-Y menos aún ese urólogo supuestamente consultado. El abuelo nunca se puso en sus manos.
Acompañado por su esposa, Miriam Guisasola, que está espléndida y en nada recuerda a la jovencita que en tiempos encandiló a Kitín Muñoz –que en su primera boda le lloró a la puerta del templo–, Francis está recién llegado de pasar unos días en Marrakech con su madre, suegra e hijos:
-Es que la madre de Miriam vive con nosotros desde que enviudó, hace ahora un año. Nos fuimos con mis cinco hijos, los mayores –uno ya con 27 años–, el de Miriam y los dos de nuestro matrimonio. Sorprendió que viajásemos en Easyjet, no se podían creer que fuéramos en una línea «low cost». Pero tiene un servicio excelente.
-Doy fe. Y también de sus azafatos, insólitamente divertidos según la tripulación. Hacen del vuelo una risa.
-El caso es que el franquismo nunca existió, ni mi abuelo lo pretendía. No tenía doctrina, y sólo había un Movimiento Nacional leal a su persona y al régimen. Al morirse, todo eso desapareció. Por ser su nieto, a veces es incómodo llamarse Francisco Franco, algo que yo no elegí al nacer, sino que fue un gesto de mi abuelo paterno hacia el Caudillo. Un homenaje a fin de perpetuar su nombre que la gente ignora.
-Pero todos conocemos tus trifulcas con tu hermana, Carmen Martínez-Bordiú, por los títulos a heredar, así como el contecioso que pretende quitaros, o al menos mermar, el Pazo de Meirás, que el pueblo de La Coruña regaló a tu abuelo por suscripción popular.
-La cosa está como está, y mamá, harta de demostrar cosas. Ahora se encoge de hombros e intenta pasar del tema. El Señorío de Meirás lo ostento por decisión de mi abuela, que lo recibió del Rey y podía dárselo a quien quisiera. Los títulos están por ver, porque Carmen podría reclamar el marquesado de Villaverde. Pero mi madre igual me deja el ducado. A veces es difícil permanecer en España. Aunque reconozco que soy un privilegiado por haber nacido en esta familia. Eso sí, puedes estar seguro de que me encuentro más tranquilo en Estados Unidos o Francia, donde nadie sabe quién soy y no debo guardar las formas.