Cuarenta años de espionaje: de Carrero Blanco a Sanz

Manglano y Saiz tienen en común acabar sus mandatos envueltos en una polémica agitada desde dentro.

Cuarenta años de espionaje: de Carrero Blanco a Sanz
Cuarenta años de espionaje: de Carrero Blanco a Sanz

MADRID- La realidad de los espías está muy lejos de personajes como James Bond o Jason Bourne. Su labor es más informativa y analítica que de vibrantes momentos de acción. Pero es que la realidad de los servicios de espionaje en nuestro país está también muy lejos de las ficciones cinematográficas. ¿O se imaginan a Bond y un grupo de colegas urdiendo una campaña para sacar de su despacho a «M»? ¿O una película en la que la jefa del superagente fuese acusada de traficar con patatas?Félix Sanz no es «M», ni en el CNI se ha inventado un coche invisible, pero la inteligencia española tiene su historia lejos de novelescas ensoñaciones. Más allá de un tímido intento en 1935, el espionaje como hoy lo conocemos comienza a tomar forma en los últimos años del franquismo, con Luis Carrero Blanco al frente. Su preocupación entonces se centraba más en los que se oponían al régimen que en los que amenazaban la Defensa de España, pero esa base sirvió años después para establecer el CESID, primer servicio de inteligencia de la democracia. De él se hizo cargo el general José María Bourgón. Le sucedió otro general, Gerardo Mariñas, centrado en evitar intentos de volver al antiguo régimen y en parar a una ETA que crecía.El tercer director de la inteligencia fue el más longevo: Emilio Alonso Manglano. Su mandato duró catorce años, desde 1981 hasta 1995, y acabó rodeado de la misma polémica que el de Alberto Saiz. Documentos filtrados, escuchas ilegales, los GAL y el espionaje político apuntillaron a Manglano, al que sucedió un hombre de transición, Félix Miranda. Un año después se hacía cargo de los espías un hombre de la casa, Javier Calderón, predecesor del primer civil en dirigirlo, Jorge Dezcallar. Durante la dirección de este diplomático el CESID se transformó en CNI, cambio de nombre que vino acompañado de toda una reforma legal que le dotó de instrumentos precisos y de mayor transparencia parlamentaria.A Dezcallar le tocó vivir uno de los momentos más duros para el Centro, la muerte de siete agentes en Irak, cuando viajaban de Bagdad a Diwaniya y fueron emboscados. Dezcallar no acabó su mandato. Sus últimos días al frente del CNI, una etapa sin sobresaltos públicos, estuvieron marcados por los atentados del 11-M. Tres días después de la mayor masacre terrorista en España el PP perdía las elecciones y él, poco más tarde, era sustituido por Alberto Saiz.El hombre de Bono, bajo cuyo mandato se lograron importantes hitos en la lucha contra ETA, fue protagonista demasiadas veces de titulares de prensa. Primero por el agente Flórez, que vendió información a Rusia, y que llevó a Saiz a dar la primera rueda de prensa de un responsable del espionaje. Segundo, con los constantes cambios en los puestos relevantes del centro. Y tercero, con las acusaciones anónimas en prensa. Todo le llevó a su destitución dos meses después de ser renovado. Félix Sanz, que mañana tomará posesión, será el siguiente. Y muchos apuntan ya a que el CNI vivirá un nuevo cambio estructural para evitar el poder de los «clanes» en el seno del espionaje.