Alimentación

Drunkorexia: dejar de comer para beber más alcohol

La obsesión por alcanzar un cuerpo perfecto, unida a la supuesta aceptación social que tiene para los adolescentes tomar una copa, son las bases sobre las que se sustenta este nuevo desorden alimentario que ya afecta al 30 por ciento de los jóvenes de EE UU. Desnutrición y patologías hepáticas graves encabezan sus consecuencias

Drunkorexia: dejar de comer para beber más alcohol
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Dejar de comer para compensar las calorías que puede tener el alcohol es la última moda en desórdenes alimentarios. También conocido como drunkorexia, estamos ante una patología que, pese a que a día de hoy no hay estudios epidemiológicos, se estima que afecta al 30 por ciento de los estadounidenses de entre 18 y 24 años. Para el doctor Francisco Javier Quintero, jefe de Psiquiatría del Hospital Infanta Leonor de Madrid, estamos ante «un trastorno a caballo entre el alcoholismo y los de la conducta alimentaria, pero hasta el momento no somos capaces de poder precisar la gravedad de este problema». La obsesión por alcanzar el cuerpo perfecto, unido a la aceptación social que para algunos jóvenes puede tener la ingesta de alcohol, son parte del origen de este desorden. «Asumimos la necesidad de estar delgados como algo esencial para ser aceptados, del mismo modo que se aprueba que tomar alcohol en ciertas cantidades no es dañino e, incluso, saludable», matiza Quintero. Ante esta situación se puede llegar a pensar que estamos ante un tipo de patología más grave que la anorexia por el componente dañino que ejerce un consumo desmesurado de alcohol en un organismo casi desnutrido. Sin embargo, Quintero insiste en que «no es razonable categorizar cada variante o moda en los desajustes de la alimentación y elevarlo a la categoría de síndrome. La casuística descrita hasta la fecha se centra en adolescentes y adultos jóvenes, más frecuente en mujeres, que hacen uso de este tipo de conductas los fines de semana, lo que acaba generando un desbalance nutricional». En cualquier caso, los expertos advierten de que los trastornos de la conducta alimentaria son especialmente peligrosos si, además, la persona padece diabetes u otra patología crónica.Déficit Si ya de por sí es dañino para la salud no comer o no hacerlo como se debiera, la doctora Marta Cuervo, dietista-nutricionista del Instituto de Ciencias de la Alimentación de la Universidad de Navarra (Icaun), advierte de que desde el punto de vista nutricional «el principal problema de la ingesta de calorías a base de alcohol es que no se consumen los nutrientes esenciales que el cuerpo necesita. De hecho, los expertos en nutrición denominan el consumo de alcohol como la toma de "calorías vacías", ya que aporta energía, pero no nutrientes». En la misma línea se sitúa la doctora María Luisa Catalina Zamora, médico adjunto del Servicio de Psiquiatría del Hospital de Móstoles en Madrid, quien añade que el principal riesgo que puede tener para la salud este trastorno es tanto «por la desnutrición que produce y que muchos alcohólicos de por sí tienen y por la hepatopatía asociada al alcohol y el déficit de vitaminas». Para Jesús Román Martínez, profesor de Nutrición de la escuela de Enfermería de la Universidad Complutense de Madrid, «la lesión en el hígado que pueden llegar a desarrollar este tipo de personas viene dada por la falta en la dieta de los protectores hepáticos como las proteínas y las vitaminas del grupo B. Asimismo, las pocas calorías de las bebidas y el poco azúcar que llevan quitan o calman el apetito, con lo que además se desnutren por no comer». Pero es importante señalar que este tipo de personas no dejan por completo de comer. Lo habitual, según el doctor Quintero, «es que realicen dietas bajas en calorías, lo que les suele llevar a descartar las grasas y, en algunas ocasiones, sólo busquen alimentos "sanos"o sigan dietas ovo-vegetarianas». Raciones justas En cualquier caso, no hay que olvidar que una copa de whisky también aporta calorías. Una lata de cerveza contiene 110 calorías, mientras que mezclar cualquier bebida destilada con un refresco supera las 200. Por tanto, de nada sirve dejar de comer para compensar la cantidad de alcohol ingerido. A modo de ejemplo, Cuervo explica que «así como un gramo de hidratos de carbono o de proteínas aportan cuatro calorías y uno de grasa nueve, un gramo de alcohol tiene siete calorías. La diferencia es que el organismo humano puede vivir perfectamente sin alcohol, pero no sin estos nutrientes. De ahí que las recomendaciones establecidas por las distintas sociedades científicas incluyan consumir una dieta variada con alimentos de todos los grupos básicos, con el objeto de ingerir todos los nutrientes necesarios y en las cantidades adecuadas».El alcohol es, junto con el tabaco, la sustancia que más problemas de salud ocasiona. Por ello, los drunkoréxicos no sólo no se libran de los problemas derivados por una mala alimentación sino que, además, tienen más probabilidades de desarrollar, en los casos más extremos, enfermedades hepáticas crónicas, al igual que tampoco quedan exentos de patologías digestivas y cardiovasculares. Una vez se ha identificado el trastorno, según Quintero, la primera medida que hay que tomar reside en que al igual que sucede con otros desórdenes alimentarios, «es buscar la causa del trastorno y tratar de investigar sobre los factores que desencadenaron el problema, así como aquellos que lo mantienen y establecer un adecuado plan nutricional que corrija las alteraciones dietéticas». Esta opinión también la comparte Cuervo, quien añade que en el momento de la recuperación, «la dieta jugará un papel esencial y mediante una educación nutricional hay que enseñar al paciente a seguir una dieta equilibrada de forma autónoma que incluya alimentos de todo los grupos».