El contraprogramador

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ra cuestión de tiempo. Más tarde o más temprano, sabíamos que la televisión pública tendría que volver a lo que le es propio. O sea, al partidismo gubernamental. El paripé de colocar a un presunto neutral al frente de un Ente no ha sido sino un espejismo con el que se ha simulado una apariencia de imparcialidad que nunca existió, aunque inexplicablemente algunos en el Pepé se lo creyeron. Pero por si quedaba alguna duda, el otro día se despejó todo con motivo de la entrevista al líder máximo del socialismo patrio. Zapatero llamó a Fernández y le ordenó que le sacara en entrevista por la mañana para explicar lo que no tiene explicación: que los cuatrocientos euros no son compra de votos, sino un derroche de generosidad de Zetapé, que quiere darnos una paguita con motivo de su victoria el 9-M. Y Fernández no tardó un minuto en hacer lo que le decía su jefe. Eliminó todo lo que había y contraprogramó frente a Antena 3 con el descaro de pisarle el horario, con la idea inconfesable de que Zapatero estuviera antes que Rajoy en antena y por más tiempo, soltando al personal el runrún increíble de que economía española va fenomenal, de que el paro sube pero es coyuntural, la inflación se dispara pero es por el petróleo, no se vende un piso pero por poco tiempo, y la construcción está en crisis pero lo va a solucionar pronto Carme Chacón.

Bueno, es lógico. Siempre ha sido así. Aunque antes, en la época en que mandaban Javier González Ferrari y José Antonio Sánchez, la TV1 era la primera en todos los ámbitos, y despuntaba con cuota por encima del veinte, y ahora con Fernández se arrastra por puestos que nunca conoció, con escasa originalidad, y lo que es peor, con mucho partidismo. Partidismo socialista. Televisión pública al servicio de Zapatero y de Blanco. Todo el día cantando las bondades del peor gobierno de la historia de España, milagrosamente convertido en el mejor por obra y gracia del Luis Fernández.

Sí, el actual responsable del ente se nos ha revelado como un experto en morcillas. Un morcillero. Le cuela al Pepé todos los días varias morcillas, y el Pepé se las come como si fueran de Burgos. Sólo que no son de Burgos, sino de Ferraz. Las elabora con mucho esmero el propio Fernández en la sede del partido, y luego se las presenta en bandeja de plata a Rajoy o a Zaplana. El otro día fue el mitin mañanero del increíble Zeta, y ahora enreda con la morcilla del debate, pues pretende hacernos creer que sólo será neutral si lo controla él en persona. Él mismo. El mismo que censuró una entrevista al Loco de la Colina. El mismo que fue incapaz de defender a Isabel San Sebastián de los insultos. El mismo que se pone en evidencia llamando en persona a los tertulianos para colocarlos en la radio pública, sumergida en las pantanosas aguas del Egéme.

Lo peor de este aprendiz de Calviño, mal programador y peor contraprogramador, es que al final siempre se le termina detectando. Aunque busques, no encuentras a muchos antiguos compañeros suyos que lo elogien. Porque al final le acaban descubriendo. Como le hemos descubierto ya los demás. Desde que se dedica a vendernos como nuevas motos herrumbrosas. Por encargo del partido, eso sí. Siempre a mayor gloria de Zapatero.