Berlín

El poder del pantalón

Aunque parezca arcaico, es un hecho: las políticas dentro y fuera de nuestras fronteras proyectan mejor su aplomo y poder si no llevan falda.

El poder del pantalón
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Cuatro días después de que lo estrenara para acudir a la Pascua Militar, el traje negro de Carme Chacón sigue teniendo tela que cortar. Una vez comprobado que se saltó el protocolo –intencionadamente o no– y que su pretensión de ser discreta acabó convertida en todo lo contrario, es hora de recapitular. ¿Qué sorprendió realmente de su indumentaria? En el fondo, es el pantalón el que sigue descolocando a los más puristas cuando la mujer decide elegirlo como pieza básica de su vestuario. Más aún si lo sustituye por un vestido de gala, como ocurrió con la ministra de Defensa. David Cabaleiro, profesor de Imagen Personal de la Escuela Internacional de Protocolo de Madrid y director de Pin Up Comunicación, alaba la elección de Chacón, pero como experto también reconoce que «en mujeres con altos cargos, como el suyo, el pantalón sigue sirviendo para fortalecer la imagen del poder. Por más que se haya integrado el pantalón en el armario femenino, en ciertos ámbitos está cargado de simbología». Con intención o no de demostrar quién lleva los pantalones, las mujeres más influyentes en el devenir político del planeta han hecho de esta prenda un elemento imprescindible en su guardarropa. Tanto, que resulta casi imposible imaginarlas con una falda y, menos aún, de tiros largos.

- Las chicas de Sarko. Entre las políticas francesas, el pantalón es un elemento clave de su perchero. Principalmente por su comodidad y su funcionalidad. Que no es patrimonio masculino ya lo decretó Coco Chanel a principios del siglo pasado, al adoptarlo y adaptarlo a una nueva mujer. Pero optar por ellos no es una elección baladí. Sus efectos tendrá cuando la actual ministra francesa de Interior, Michèle Alliot-Marie, no dejó de lucir durante los cinco años en los que ocupó la cartera de Defensa con Chirac, su impenitente y sobrio traje de chaqueta y pantalón, al que acompañaba, con frecuencia, una sahariana, en un estilo manifiestamente castrense .
Alliot-Marie, que hoy alterna ya indistintamente el clásico tailleur Chanel de chaqueta y falda y los sastres de pantalón, es una de las 13 ministras que componen el equipo de Gobierno de Nicolas Sarkozy. Y aunque no hay estadísticas en esta materia serían mayoría las asiduas a esta prenda. Eso sí, cada una lleva el pantalón a su estilo y manera, conscientes de que la imagen cuenta y de que la elección de su guardarropa puede resultar según los casos un importante arma de seducción y de credibilidad.
Las hay muy celosas de su apariencia, como Rachida Dati, titular de Justicia, a quien la prensa rosa, pero no sólo, le ha dedicado más de una portada. Cuida al milímetro su «look», viste esencialmente entallados sastres de chaqueta y pantalón o combina sus piezas por separado. Un color predominante: el negro. Una tonalidad que comparte la joven Rama Yade, secretaria de Estado de Derechos Humanos, asidua al ceñido pantalón negro smoking que estiliza aún más su figura.
Para otras, menos preocupadas por los «flashes», el pantalón es, precisamente, lo que les hace pasar desapercibidas en un universo, el político, aún muy masculino, informa Álvaro del Río (París).

- Merkel crea tendencia. Si la inauguración de la nueva Ópera de Oslo mereció la atención que los medios de todo el mundo le dispensaron el pasado abril no fue por su vanguardista arquitectura ni por su excepcional acústica. Angela Merkel, acérrima defensora de los trajes de pantalón y chaqueta mucho antes de convertirse en canciller alemana, había sorprendido al personal con un espectacular vestido sobre el que se asomaba un aún más desconcertante escote. Aquel busto conmocionó a Europa, pero en Alemania extrañó otro detalle: «Merkel ¡sin pantalones!», tituló la página satírica del respetado semanario político «Der Spiegel».
La canciller había roto por unas horas una de sus reglas de oro: no abandonar nunca los pantalones. Sólo en contadas ocasiones –y siempre obligada por el protocolo– se deja ver enfundada en vestidos que jamás terminan antes de rozar los zapatos. A sus 54 años, las piernas de Merkel constituyen uno de los secretos mejor guardados de la República Federal: en el improbable caso de que las enseñara, el revuelo mediático superaría de largo al provocado por el escote noruego.
En su gabinete, la alianza estética con el pantalón une a muchas ministras. Cuatro de ellas comparten rasgos físicos muy parecidos a los de la canciller, a la que superan en edad. Únicamente las dos más jóvenes escapan de la dictadura del traje. La benjamina del ejecutivo y responsable de Agricultura, Ilse Aigner, de 44 años, adora mostrar sus rodillas e incluso –en el Parlamento– los muslos. Por su parte, la atractiva Ursula von der Leyen, combina a sus 50 años la cartera de Familia ora con faldas, ora con pantalones, aunque no siempre con acierto, informa Aitor Lagunas (Berlín).

- Factoría Berlusconi. Las cuatro mujeres del Ejecutivo de Silvio Berlusconi bien podrían ser conocidas como las ministras del «tailleur». Esta voz francesa es la favorita por los medios italianos para referirse a los trajes de chaqueta que visten las cuatro féminas del Gobierno. Sobrios, elegantes y poco dados a desatar las fantasías de sus seguidores, los «tailleur» confieren un aspecto respetable al tiempo que contribuyan a que alguna de las ministras se distancie de su pasado como modelo de calendarios eróticos. A diferencia de lo que ha ocurrido en España con la indumentaria de Chacón, nadie en Italia enarcó una ceja cuando, el pasado mes de mayo, las cuatro ministras juraron sus cargos vestidas con trajes de chaqueta. Los «tailleur» más cacareados han sido los de la titular de la cartera de Educación, Mariastella Gelmini. Debido a la gran reforma educativa que ha impulsado, Gelmini y sus trajes se han convertido en continuo objeto de crítica y mofa. Los comediantes que la parodian en televisión explotan sus trajes de chaqueta fríos y distantes para mostrarla como una profesora dura e impasible con sus alumnos. Incluso las publicaciones de moda han comenzado a hablar ya de los «tailleur» estilo Gelmini, recomendándolos para las mujeres que ocupen cargos de poder y quieran mantener las distancias con sus empleados y compañeros de trabajo.
Tanto es así, que la indignación vivida en España por el pseudo esmoquin de Chacón no ha sido entendida por los italianos. Los diarios han roto una lanza a favor de la ministra de Defensa y algunos grandes de la moda como Armani, Dolce&Gabbana y Moschino han alabado su gusto en el vestir. «En la actualidad el traje de chaqueta puede ser ya una prenda unisex. No se trata de una novedad, tal vez sólo para una mujer que se dedique a la política. No nos parece para nada impactante, el traje de chaqueta de mujer es una prenda incluso clásica», han dicho los diseñadores Domenico Dolce y Stefano Gabbana. Rossela Jardini, directora creativa de Moschino, defendió a Chacón porque «iba muy bien vestida» mientras que la firma Armani aseguró que se trataba de una indumentaria perfecta, informa Darío Menor (Roma).