Los hombres sin cabeza del narcotráfico

La realidad da carácter. Se puede hablar de Sergio González Rodríguez y decir que ha escrito «Huesos en el desierto», donde relataba los asesinatos de mujeres en la frontera mexicana. Que ahora cuenta en «El hombre sin cabeza» (Anagrama) los nuevos ritos que el narcotráfico emplea en los cuerpos de las víctimas para intimidar a los rivales y el Gobierno. Pero lo mejor son sus propias palabras. «Estudié letras y publico ensayos y narrativa desde años atrás. A causa de mis pesquisas sobre poder y crimen he sido secuestrado, golpeado, terminé en el hospital y salvé la vida. Mi correo postal y el electrónico están intervenidos. Vivo bajo acoso continuo. He sufrido amenazas de muerte. Pero he tenido suerte: muchos de mis compañeros no la tuvieron». -¿Por qué el narcotráfico ha empezado a decapitar? -Siempre han existido decapitaciones. En Arabia Saudí es una forma legal para ejecutar la pena máxima. La novedad está en su uso comunicativo. Comenzó en 2003 con la difusión por internet de decapitaciones de fundamentalistas musulmanes. Ahora ha sido imitado por narcotraficantes mexicanos. -¿Desde cuándo los muertos se usan para mandar mensajes? -Desde 2006. Los narcotraficantes mexicanos comenzaron a divulgar sus decapitaciones con mensajes, amenazas e intimidaciones. Un efecto que va dirigido a sus rivales y enseguida contra el Gobierno y el resto de la sociedad. El uso de los cuerpos como mensajes tiene un precedente: las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Llevaban signos a veces sólo comprensibles para los destinatarios. Por ejemplo, arrojar los cadáveres de las víctimas en fechas, calles o lugares específicos. -¿Qué nexo hay con la brujería? -La sociedad mexicana admite resabios del chamanismo y la hechicería colonial, y otros provenientes de la brujería afro-caribeña. Con el auge del narcotráfico, llegaron también influencias de la brujería colombiana. Han prosperado en estos años cultos regionales como Malverde, «el santo» de los traficantes de droga de Sinaloa, o el emergente culto a la Santa Muerte, éste último de cariz plenamente delincuencial y propio del crimen organizado. -¿Cuál es el motivo del aumento de la violencia? -La impunidad de los delitos es el afrodisiaco de los criminales. En términos estadísticos, en México hay una impunidad del 99 por ciento de los delitos. -¿Las nuevas tecnologías qué papel tienen en estos ritos? -Sirven para difundir los crímenes, ya que alcanzan a todo el mundo. Las creencias irracionales tienen gran aceptación en un mundo bajo el ocaso de las religiones tradicionales. El proselitismo irracionalista se expande. Emite un impulso deshumanizador y pre-moderno, basado en la sangre y el sacrificio, y ajeno a las formas convencionales de convivencia. Si se añade la seducción delincuencial y las promesas de enriquecimiento veloz por el crimen, el problema es muy grave. -¿El narcotráfico está en todas las capas institucionales? -Un dato: en México se lava dinero al año, producto de actividades delincuenciales, sobre todo el narcotráfico, por un monto que rebasa los 10.000 millones de dólares. Esta cantidad influye en la economía, la sociedad y la política del país. No se puede lavar sin el concurso del poder económico y político. Las instituciones electorales, por ejemplo, han dado la voz de alarma por la creciente penetración del narcotráfico en la esfera de los partidos políticos y durante la época de votaciones. La economía subterránea y la economía informal mueven al mundo. -¿Vive México «una guerra» contra los cárteles? -México, donde no existe a mi juicio un Estado de derecho ni una democracia, está inmerso en una guerra contra el crimen organizado. ¿Cómo pueden el Estado y los gobiernos mexicanos enfrentar esta guerra sin poder desprenderse de su propia decadencia y corrupción? El narcotráfico es, por desgracia, inherente ya a las instituciones del país. -¿Hay una desarticulación institucional? -El narcotráfico es mucho más que la caricatura de un traficante de drogas que viste ropa pintoresca y vende enervantes al por mayor mientras escucha corridos que cantan sus «hazañas». No: el tráfico de drogas es una empresa de alto impacto internacional que se vincula a otras industrias criminales en forma orgánica: lavado de dinero, secuestro, extorsión, robo, contrabando, piratería, tráfico de personas, explotación de menores, prostitución, etcétera. Esta gran empresa múltiple, que funciona por corrupción y amenazas e impone la violencia como código político, corroe las instituciones y la sociedad de arriba hacia abajo, y alcanza una horizontalidad avasalladora de aniquilación. Un dominio basado en la explotación y la ganancia lícita e ilícita que socava al estado y los gobiernos. -¿Y las consecuencias? -México cierra un ciclo como Estado-Nación que duró dos siglos. Vienen tiempos oscuros, a menos que cambie la situación inercial, algo que se ve remoto -¿Qué clase de hombres son capaces de este ensañamiento? -El comportamiento anti-social que no se castiga tiende a producir cada día más y esmerados delincuentes. No tienen límite moral. Incorporados al crimen organizado, sobre todo al narcotráfico, llegan a hacer carrera y a especializarse en ciertas tareas, por ejemplo, matar, hacer desaparecer los cuerpos o decapitar a las víctimas. Para ellos es un trabajo más que deben cumplir por disciplina. -Muchos los sicarios proceden del Ejército. -Provienen de las propias comunidades destruidas por la pobreza y carentes de las necesidades fundamentales: educación, trabajo, vivienda, seguridad, servicios de salud, etcétera. En buena parte son desertores del Ejército mexicano o guatemalteco. O son ex policías y delincuentes comunes. En los últimos años en México se sabe de cien mil soldados que han desertado, sin que se tenga control de ellos. -¿Qué relación existe entre las FARC y el crimen organizado? -Para los Estados Unidos y México está demostrada la relación entre las FARC y el narcotráfico mexicano. Este es un tema público. A últimas fechas se sabe que, incluso, los narcotaficantes mexicanos han recibido capacitación en una especialidad de las FARC: secuestro. Asimismo, se sabe que dicha guerrilla trasiega droga para los cárteles mexicanos. Droga y secuestro son las fuentes de sus recursos financieros. El narcotráfico en América Latina, al estar en contacto con los sectores básicos de la economía, siempre han estado muy cerca de los movimientos guerrilleros.