Los nuevos fariseos

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No faltaba ni un solo «estómago agradecido». Desde Zerolo a Pilar Bardem pasando por aquellos actores y «cómicos» más que mediocres dispuestos siempre a acudir a gritar la palabra mágica que sirve igual para un roto que para un descosido. Ninguno de ellos tenía que coger un avión en Barajas, o aguantar los atascos interminables en la A-92 entre Granada y Almería. Tampoco se vieron atrapados en la «ratonera» de las carreteras nacionales en Madrid y su entorno. Ellos no madrugan, no lo necesitan. Son «artistas» subvencionados que entendieron desde el primer momento que la caridad empezaba por uno mismo. La palabra mágica es PAZ. Con ella se acosó al último gobierno Aznar retorciendo los argumentos y manipulando la realidad hasta la náusea. Ahora se trata de culpar a Rajoy y los suyos de la trágica situación de la franja de Gaza. El maniqueísmo interesado, calculado en euros, de esta «tropa» se ve alimentado por las insinuaciones de los socialistas con Zapatero a la cabeza. Estos nuevos fariseos sirven de maniobra de distracción, y lo hacen encantados porque su «manutención» depende en gran medida de representar ese papel, ya que en los escenarios y en los platós buena parte de ellos no pasa del histrionismo. Las víctimas del mayor genocidio de la historia convertidos en genocidas. No importa que Hamas o el resto de organizaciones terroristas islámicas utilicen a la población civil como «escudos humanos». Zapatero acusa de silencio cómplice a Rajoy y vuelve los ojos hacia el nuevo «Mesías» de EEUU. Pero el «Mesías» no ha dicho aún una sola palabra que no sea un «lugar común» sobre la situación en Gaza. Obama sabe que los norteamericanos tienen memoria y recuerdan muy bien el 11 de septiembre. Aquí, hemos hecho una ley para recordar lo ocurrido hace setenta años pero se ponen todos los medios para que se olvide lo de anteayer. De estas cosas, o de los más de tres millones de desempleados no hablan ni los sindicatos, y del caos en los servicios públicos los «artistas» no dicen «esta boca es mía». Porque la boca sólo la usan para «tragar», y no precisamente «sapos», cuando no para vociferar contra quienes no son de su «cuerda».