Historia

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Yo hablé

La Razón
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A los pocos meses de concluida la Segunda Guerra Mundial, Martin Niemoller, un superviviente de los campos de concentración hitlerianos, pronunció una conferencia sobre el nacional-socialismo alemán. Había concluido, cuando un estudiante, que le había estado escuchando, pidió la palabra. Deseaba saber cómo había podido producirse tanto horror. Niemoller reflexionó un instante y respondió: «Cuando los nazis fueron a por los enfermos denominados incurables, yo permanecí en silencio, porque no era un enfermo incurable; cuando los nazis fueron a por los judíos, yo permanecí en silencio porque no era judío; cuando los nazis fueron a por los católicos, yo permanecí en silencio porque no era católico; después vinieron a por mí, pero ya no quedaba nadie que pudiera alzar la voz». El texto ha sido atribuido por ignorantes interesados a Brecht y alterado para quitar a los enfermos e incluir, por ejemplo, a los sindicalistas, pero la realidad histórica es la que acabo de relatar. Martin Niemoller había sido uno de los grandes opositores a Hitler desde el principio. Héroe de guerra durante la Primera Guerra Mundial, estudió después teología y se convirtió en pastor de una iglesia evangélica en Berlín. Desde su púlpito, exhortó a su congregación a seguir al «rabí judío Jesús de Nazaret» lo que motivó que los nazis lo encerraran en un campo de concentración. Hitler, obsesionado con él, se negó vez tras vez a ponerlo en libertad alegando que era su «prisionero particular». De hecho, sin la victoria aliada hubiera perecido en Dacha. Sin embargo, a pesar de su historial de resistente, Niemoller no carecía de razón en su respuesta. Los nacional-socialistas habían perpetrado todos sus crímenes porque millones de personas habían guardado silencio cuando Hitler y sus esbirros atacaban a ciudadanos inocentes. He meditado mucho en el ejemplo de Niemoller durante esta semana en la que hemos visto ataques directos contra personas como Pío Moa o Francisco José Alcaraz, ataques que pretenden, nada más y nada menos, encerrarlos en prisión, y que son impulsados por afiliados a partidos políticos como IU o el PSOE. Desgraciadamente, el Gobierno de ZP ha demostrado vez tras vez a lo largo de más de tres años que persigue unos objetivos liberticidas que, a través de sus terminales políticos, policiales y mediáticos, lo mismo intenta pactar con ETA que perseguir a las víctimas del terrorismo, adoctrinar a los niños que cercar a la oposición. Ante ese terrible plan, la sociedad española podría repetir, de manera lamentable, lo que Martin Niemoller relató al joven alemán. «Primero, fueron a por las víctimas del terrorismo, pero yo no era víctima y permanecí callado. Después fueron a por los padres que deseaban la libertad de enseñanza y educar a sus hijos en su lengua, pero yo no tenía hijos y permanecí callado. Después fueron a por la COPE, pero yo no escuchaba la radio y permanecí callado. Después fueron a por los historiadores que no creían en la Memoria histórica, pero yo no leía Historia y permanecí callado. Después fueron a por los cristianos, pero yo no era creyente y permanecí callado. Luego fueron a por mí, pero ya no quedaba nadie para levantar la voz». La sociedad española puede comportarse así o puede clamar en defensa de la libertad para impedir perderla y así poder decir a las generaciones venideras: «Yo hablé».