La competencia desleal, el mayor escollo de las negociaciones post Brexit

Arrancan las conversaciones entre Bruselas y Londres con la amenaza británica de levantarse de la mesa en junio. Johnson presenta el mismo día su estrategia para un acuerdo comercial con EE UU

Bruselas y Londres comienzan la nueva etapa de negociaciones sobre la relación futura a cara de perro. Una particular travesía que puede convertirse en un viaje más corto de lo esperado si Londres cumple su amenaza de levantarse de la mesa en el mes de junio si para esa fecha no hay un cierto consenso sobre las líneas generales de la negociación. Un ultimátum que también socava cualquier posibilidad de que Downing Street acabe cediendo y solicitando una prórroga de las negociaciones de uno o dos años. Emerge una nueva amenaza de Brexit caótico a finales de año.

Este lunes, el equipo negociador británico se desplazó a Bruselas para comenzar la primera ronda de contactos, que se extenderá hasta el jueves. Tras un primer encuentro bilateral entre los dos negociadores, Michel Barnier por parte europea y David Frost en representación de Reino Unido, durante el día de hoy comenzarán las reuniones de trabajo de hasta once grupos técnicos especializados en diferentes ámbitos: desde pesca y competencia justa hasta cooperación judicial. La agenda de encuentros cada tres semanas, de manera alternativa entre Bruselas y Londres, también ha sido consensuada, pero para demostrar que la amenaza británica va en serio tan solo hay fechas ya cerradas para las citas previstas hasta mayo. Bruselas no se arredra. «Las rondas de negociación más allá [de mayo] deber ser acordadas mutuamente», se ha limitado a explicar la CE.

Por ahora, las diferencias entre las partes parecen insalvables. Londres se opone a adaptar su regulación a los estándares europeos, una vez acabado el período transitorio, y también rechaza el acceso a sus aguas territoriales para que los pescadores comunitarios puedan seguir faenando en las mismas condiciones que hasta ahora. Bruselas, por su parte, se mantiene firme en su propósito de no permitir un competidor desleal al otro lado del Canal de la Mancha que pueda aprovecharse del acceso al mercado europeo. Por eso, aunque los Veintisiete quieren un acuerdo con cero aranceles y cero cuotas, permanecen firmes en su deseo de restringir el acceso de bienes y servicios si Londres juega sucio.

Se espera que este jueves, Barnier y Frost vuelvan a reunirse e informen sobre los avances de esta primera ronda. Los contactos de las negociaciones serán siempre en inglés y tan sólo se utilizará la lengua de Barnier para «circunstancias debidamente justificadas». Parece que –al menos por el momento– es la única cesión que Bruselas está dispuesta a conceder.

Por su parte, el Gobierno británico presentó este lunes su «hoja de ruta» para cerrar un acuerdo comercial con EE UU. El propósito de Boris Johnson claramente es aumentar la presión sobre la UE, dejando claro que ahora más que nunca quiere estrechar sus lazos transatlánticos. Con todo, podría ser una estrategia «boomerang» que acabara volviéndose luego en su contra porque las concesiones que consiga podrían luego perjudicarle en el otro frente.

El «premier» no quiere ahora entregarse a los brazos de Donald Trump, como temen los sindicatos y los agricultores, y reitera que el Sistema Nacional de Salud pública (NHS) «no está en venta», tal y como denuncia la oposición laborista. Asimismo, Johnson insistió en que Reino Unidos no rebajará los estándares de alimentación y de protección de los animales, en una referencia a las presiones de Washington para impulsar las exportaciones de pollo clorado, vetado por la UE. El Ministerio de Comercio Internacional detalló en un informe de 184 páginas los objetivos de Londres en la negociación con Washington, que está previsto que comience a finales de mes.

En caso de que ambos países acordaran una «liberalización arancelaria completa» y una reducción del 50% en medidas comerciales «no arancelarias», el Ejecutivo británico prevé un incremento del PIB a mediados de la próxima década de 3.400 millones de libras (3.900 millones de euros), que, según Downing Street, beneficiaría especialmente a Escocia (cuya Gobierno autonómico pide un referéndum de independencia), Irlanda del Norte (donde el auge de los nacionalistas ha aumentado con el Brexit) y las regiones menos favorecidas del norte de Inglaterra (que votaron por primera vez por los «tories» en diciembre). Quizá demasiada coincidencia.

En el segundo escenario que contempla el informe, el acuerdo se limitaría a una «reducción sustancial de los aranceles» y una bajada del 25% en otras restricciones que afectan a bienes y servicios. En ese caso, el impulso para la economía británica sería de 1.600 millones de libras (1.835 millones de euros), un 0,07 % del PIB. Esas previsiones levantaron críticas por parte de algunos expertos que creen que las potenciales pérdidas que ocasionarán las fricciones comerciales con la UE tras el Brexit no podrán ser compensadas por un eventual pacto con EE UU. «Las cifras son muy pequeñas. Muestran lo minúsculas que son las ganancias de un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos comparado con la pérdida de los actuales arreglos con la Unión Europea», afirmó al diario «The Guardian» Peter Holmes, académico del Observatorio de Políticas Comerciales de la Universidad de Sussex.

Respecto a las nuevas negociaciones con la UE que empezaron ayer en Bruselas, aunque el acuerdo comercial es el asunto que se lleva el gran protagonismo, durante los próximos meses deberán tratarse las futuras relaciones en todos los niveles. En este sentido, los términos acordados entre ambas partes dividen la negociación en once áreas: comercio de bienes, comercio de servicios e inversión, igualdad de condiciones, transporte, energía y cooperación civil nuclear, pesca, movilidad y coordinación de la seguridad social, cooperación judicial en materia criminal, cooperaciones temáticas, participación en programas europeos y gobernanza y asuntos horizontales. Por cierto, en materia de seguridad, Downing Street, a pesar de las advertencias de los altos funcionarios, ya ha avanzado su intención de retirarse de la exitosa euroorden.

Diez meses no es, precisamente, un plazo holgado de tiempo para todo lo que está en juego, peor Johnson mantiene su empeño de levantarse de la mesa en diciembre con o sin acuerdo.