Macron fía su futuro a un plan de “unidad nacional”

El presidente francés abre una ronda de contactos a la derecha y a la izquierda, mientras estudia todas las opciones que le ofrece la Constitución para el escenario post-Covid-19

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En momentos de graves crisis, hay países que imitan esquemas. Es el caso de Francia, donde la pelea partidista lleva días aparcada dada la gravedad del momento. El perenne clima de queja social del país, también hace cuarentena. El discurso del pasado lunes de Macron congregó a casi 37 millones de franceses frente a la televisión y las incógnitas que dejó sin resolver, que en otro momento hubiesen supuesto un torbellino de críticas, no lo fueron en éste.

La unión sagrada fruto de la urgencia sanitaria es un reflejo del momento pero quizás es mucho menos real de lo que pueda parecer en su trasfondo. En las graves crisis, los franceses saben cerrar filas, casi por inercia histórica, pero no olvidarán ni un detalle de la gestión del Gobierno para luego pasarle la factura. Y la situación de hartazgo y descontento social que han marcado los tres primeros años de Macron en el Elíseo aún podrá elevarse a la enésima potencia si esta crisis aumenta las desigualdades sociales entre las dos Francias, la que va bien y vota a Macron y la otra, la de los chalecos, el descontento y los olvidados por París, tantas veces seducidos por el Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen.

Consciente de que la crisis sanitaria pudiese ser el golpe definitivo para fracturar al país, Macron lleva semanas haciendo lo que no hizo en sus primeros pasos en la presidencia: multiplicando los contactos a todos los niveles, superando viejas rivalidades políticas y escuchando a todo aquel que puede asesorarle para buscar la unidad nacional antes de que sea demasiado tarde y la crisis arrase con el propio Macron. Macron ha llamado a los ex presidentes Sarkozy y Hollande en numerosas ocasiones durante esta crisis sanitaria, a representantes sindicales como no lo hizo cuando presentó su reforma de las pensiones y a todos los científicos que puedan aportar alguna solución a esta crisis, incluido el controvertido doctor Didier Raoult, el “gurú” de la cloroquina apoyado por Trump y desacreditado por una buena parte de las instituciones científicas del país.

Macron es consciente que la aparente unidad del momento está marcada por la inercia y que las desigualdades que esta crisis puede provocar pueden ser devastadoras cuando emerjan a la superficie. El jefe del Estado ya dio algunas pistas en su discurso del pasado lunes prometiendo que la vuelta a la “normalidad” no sería la vuelta “al día de antes” de la crisis del coronavirus. Macron se ha comprometido a “asumir consecuencias“ e incluso que estas consecuencias tengan precio político. Una fuente del Elíseo citada por “Le Monde” afirma que Macron está dispuesto a asumir un cambio de gobierno, de primer ministro o incluso la disolución de la Asamblea en el escenario post-crisis.“Todos los escenarios que prevée la Constitución estarán sobre la mesa”.

First anniversary of Notre-Dame Cathedral fire
Deporte frente a Notre-Dame, en ParísYOAN VALATEFE

Pero antes de que llegue el momento de la responsabilidad política, el Gobierno galo pretende aprovechar el momento de calma en la calle al que obliga el confinamiento para atenuar la fractura social antes de que todo pueda estallar. Desde la constatación de que quienes están en el frente contra el virus son, en buena parte, personas con empleos precarios y poco considerados socialmente como cajeros de supermercado, muchos de origen inmigrante, hasta el desigual mapa que el coronavirus va dejando por regiones en Francia.

Muchos de los que hoy cubren servicios mínimos en Francia son los que han salido tantas veces a protestar contra Macron, y el presidente lo sabe. Además, algunos elementos han reforzado los prejuicios entre las dos Francias durante las últimas semanas. Por ejemplo, el éxodo de 1,2 millones de la región parisina en el inicio del confinamiento hacia casas rurales. Un gesto de franceses “acomodados”, de la Francia que va bien, y que entronca con una cuestión ética que ha aumentado aún más los recelos. Pero sin poderlos expresar ahora en la calle.

Plan de ayuda y socorro nacional

El dispositivo para atenuar todo este caldo de cultivo ha tenido este miércoles su punto de arranque. Tras el consejo de ministros, el primer ministro, Édouard Philippe, ha anunciado el alcance económico concreto del plan de ayuda y socorro nacional a las familias más modestas, los funcionarios y el personal médicos. Las familias con menos ingresos recibirán, de forma directa, 150 euros y 100 euros por cada hijo, hasta el mes de septiembre, de entrada. Más de cuatro millones de familias podrían beneficiarse de las nuevas ayudas. Médicos y personal hospitalario se beneficiarán de otros dos tipos de complementos. El conjunto del personal hospitalario recibirá el mes de mayo una prima de 1.500 euros netos, libres de impuestos. Al mismos tiempo, las horas suplementarias serán tendrán una mejora del 50 %. Derechos que podrán prolongarse el tiempo que sea necesario. Según las primeras cifras presentadas por Philippe, el primer plan de ayuda nacional inmediata, ascienden a unos 110.000 millones de euros. 8.000 millones de euros estarán consagrados a gastos excepcionales en sanidad.

Pero el plan de unidad de Macron va más allá de las cifras de ayudas económicas. En su discurso del pasado lunes, quizás lo que más sorprendió, fue el anuncio de que la educación obligatoria comenzara a reabrir a partir del próximo 11 de mayo. Para Macron se trata ante todo de una medida social, dado que la brecha digital que produce la educación a distancia de este periodo puede producir diferencias insalvables. El propio ministro de Educación, Jean Michel Blanquer, que pertenece al círculo asesor íntimo del presidente, es partidario de esta doctrina, la de vincular la educación con la reactivación de los sectores esenciales de la economía. Esta vuelta a las escuelas es parte de ese gran plan de unidad que Macron ha decidido activar antes de que la situación sea insalvable.