“StopCovid”: ¿Un aplicación de rastreo anónima?

Francia pone en marcha una “app” para trazar los contagios que no termina de convencer a los franceses pese al peligro del rebrote con la reapertura de cafés y restaurantes

Bars and restaurants reopen in Paris
Clientas disfrutan de la tarde primaveral en el "Cafe de Flore" del barrio Latino de ParísCHRISTOPHE PETIT TESSONEFE

Con más libertades que prohibiciones Francia se adentró desde este martes en la fase 2 de su desconfinamiento, una “casi” vuelta a la vida normal, salvo en la región de París y en algunos territorios de ultramar, únicos puntos de la geografía gala que siguen en estado “naranja” y tendrán que esperar hasta el 22 de junio para disfrutar, como ya lo hacen en el resto de Francia, de bares, restaurantes o salas de ocio bajo medidas de control.

En la capital francesa la imagen de este martes era la de las terrazas de sus brasseries, que sí han podido abrir, no así su zona interior. Con una tarde soleada y más de 24 grados, miles de franceses se han lanzado tras su jornada laboral a la caza de una mesa en algunos de los cafés del centro de París. En la mayoría de los casos, las terrazas parisinas, contaban con la mitad de su capacidad al tener que dejar una distancia de un metro entre mesa y mesa. En el resto del país, donde ya también los interiores de los establecimientos están abiertos, los clientes deben ponerse la mascarilla si se encuentran en movimiento en los locales.

Pero la de las terrazas no es la única novedad que Francia estrenaba este martes como fruto de los buenos resultados en control del virus obtenidos en las últimas semanas. También ha desaparecido el límite de viajar a menos de 100 kilómetros del domicilio, como estaba establecido desde el 11 de mayo, aunque el Gobierno galo sigue insistiendo en que hay que limitar al máximo los desplazamientos. También los campings y los alojamientos turísticos han reabierto sus puertas, así como los museos y los monumentos, que lo harán haciendo poco a poco en función de las dificultades que tengan para adaptarse a la nueva normalidad. Así, el célebre Castillo de Chambord lo hará el 5 de junio, el museo del Quai Branly el 9, pero otros como el Louvre tendrán que esperar hasta el mes de julio. Las salas de espectáculos abren igualmente en zona verde, no así las discotecas. Los cines, sin embargo, permanecen cerrados hasta el 22 de junio.

En cuanto a las clases, en esta segunda fase, reabren los centros de secundaria aunque de forma parcial. Hasta ahora solo se ha podido recibir en primaria al 20% de los alumnos. En los transportes, la mascarilla continuará siendo obligatoria. Y en el metro de París, se seguirá necesitando una autorización del trabajo para poder viajar en las horas punta.

La otra gran novedad que incorpora la fase dos del desconfinamiento en Francia es la de la aplicación StopCovid. Pese a la reapertura de buena parte del país, el miedo a una nueva expansión del coronavirus sigue ahí. Para combatirlo, el Gobierno lanza esta nueva herramienta, una aplicación de rastreo de posibles contagios elaborada en Francia. Aunque las autoridades insisten en su carácter anónimo y voluntario, las garantías no acaban de convencer a los que temen que con la excusa de la emergencia sanitaria, como ya sucedió con la amenaza terrorista, se abra una puerta que podría poner en peligro libertades fundamentales.

En la práctica, StopCovid funciona mediante el sistema bluetooth de los smartphones y es voluntario, no registra datos personales o de geolocalización. Una vez instalada la aplicación, esta alerta de forma automática a todos los usuarios que hayan estado en “contacto prolongado” —a menos de un metro durante más de 15 minutos— recientemente con alguien que haya dado positivo en coronavirus, y que lo haya notificado en la aplicación. Así lo subraya el Gobierno, que insiste en su carácter “anónimo” y “temporal”. Para evitar fallos de seguridad, el Ejecutivo galo ha solicitado incluso la ayuda de Yeswehack, una comunidad de “hackers” que han trabajado en “identificar toda potencial debilidad de la aplicación” antes de su lanzamiento.

La aplicación francesa ha recibido el visto bueno organismos como la Comisión Nacional de Informática y Libertades (CNIL). Y parece cumplir las “consideraciones éticas” para estas tecnologías de la Organización Mundial de la Salud. Pese a ello, no son pocas las voces en Francia que estos días cuestionan la utilidad de la aplicación y no tanto por la cuestión de la amenaza a las libertades individuales sino más bien por su propia eficacia, que depende de que sea descargada de forma masiva. Según los expertos, se necesita que la usen al menos el 60% de la población para conseguir resultados reales a la hora de cortar cadenas de contagio.

En el caso galo, surge una duda adicional: Francia decidió apostar por una aplicación propia en vez de basarse en las soluciones que ofrecían los gigantes Apple o Google, lo cual, la haría en principio incompatible con otras aplicaciones similares. Algo que podría ser un problema cuando se abran las fronteras este verano y los ansiados turistas extranjeros vuelvan a recorrer el país.