Rafael Correa, el ocaso del emperador indigenista que estudió en Harvard

Con la inhabilitación del ex presidente bolivariano, cae otro emblema de la izquierda latinoamericana

La condena contra el ex presidente de Ecuador Rafael Correa, ratificada esta semana, fulmina definitivamente la carrera política de uno de los pocos emblemas de la izquierda latinoamericana del siglo XXI que aún se mantenía en pie. Abanderado de la causa índigena, tuvo el privilegio de estudiar en Harvard. Los ocho años de cárcel e inhabilitación para cargo público dictados por la Corte Nacional de Justicia dan al traste con sus aspiraciones de volver al poder y le conducen a un destino similar al que sufrieron algunos de sus grandes aliados en la región. Correa sigue los pasos de los ex mandatarios de Brasil y Bolivia, Lula da Silva y Evo Morales, quienes después de años de apoyo mayoritario terminaron relegados al ostracismo de la cárcel y el exilio. Sin embargo, su influencia aún es patente.

Correa no se podrá presentar a las elecciones de febrero de 2021 ni tampoco a las que sigan, aunque la autoridad electoral ecuatoriana ya había rechazado su candidatura por un defecto de forma al haberla presentado a distancia desde Bélgica, donde vive desde que dejó la presidencia en 2017 y de donde es originaria su esposa.

Correa pretendía usar la misma fórmula que otra de sus afines, Cristina Fernández de Kirchner en Argentina y concursar a la vicepresidencia, una vez agotados los mandatos presidenciales que admite la ley. Al igual que a Fernández de Kirchner, una nueva elección le hubiera protegido contra las causas judiciales que le persiguen. Y es que antes de que se conociese esta última sentencia, Correa ya tenía encima una orden de prisión anterior, que no se hizo efectiva por su exilio en Europa.

Al ex mandatario más poderoso en la historia reciente de Ecuador aún le queda un último recurso ante la Corte Constitucional para que anule el proceso, aunque es poco probable que suceda. Eso no quiere decir que automáticamente vaya a ingresar en prisión ni que vaya a suceder pronto. Previamente Bélgica debe aprobar una extradición que por el momento no ha sido solicitada.

La condena contra Correa y otras 15 personas, algunos de sus colaboradores y varios empresarios, castiga la corrupción del caso Sobornos 2012-2016, una red tejida desde el Gobierno para financiar campañas con aportaciones irregulares de empresarios a cambio de adjudicaciones de contratos públicos, según las autoridades de Ecuador.

Red de sobornos desde 2016

Entre esas empresas señaladas está la constructora brasileña Odebrecht, cuya red de sobornos en toda América Latina se destapó en 2016 y ha puesto en problemas a varios gobernantes y altos funcionarios. Por ese extremo, colaborar con la justicia para esclarecer la rama ecuatoriana de Odebrecht, puede pasar otra de las opciones de Correa para evitar la cárcel, según apunta a LA RAZÓN, Sergio Escamilla, experto en política regional de la Universidad Iberoamericana, aunque señala que «el objetivo de Gobierno y oposición es eliminarlo de la carrera política», independientemente de que termine en la cárcel.

Correa siempre ha dicho que el caso Sobornos 2012-2016 es una persecución política a base de pruebas inventadas, aunque pocos dudan de que hubo malos manejos durante su Administración. «El proceso tiene respaldo» y base jurídica, dice Escamilla, aunque reconoce que existen intereses políticos que han empujado la causa. «¿Por qué ahora la justicia es tan expedita? Si Correa no hubiera decidido presentarse tal vez el proceso se hubiese sobreseído», reflexiona. La lista de enemigos de Correa en Ecuador es larga, empezando por el Gobierno del actual presidente Lenín Moreno, que fue su antiguo colaborador y delfín y con quien rompió poco después de su victoria en 2017.

«Tras ganar las elecciones, Moreno mostró una gran urgencia en marcar distancia con Correa» tanto política como personalmente, indica Claudia Serrano, experta en política latinoamericana de la Universidad Nacional Autónoma de México. Redujo el gasto público en sanidad y educación y volvió a pedir préstamos al FMI y al Banco Mundial en contra del criterio de su predecesor, que había hecho una crítica furibunda a estos organismos por la deuda que le habían generado a Ecuador. A pesar de la condena y la inhabilitación parece que a sus rivales políticos no les será tan sencillo dejarlo fuera del juego.

Catorce años después de ganar sus primeras elecciones, Correa nunca ha sido derrotado en las urnas y todavía mantiene una base de apoyo importante que se pondrá prueba en los comicios de febrero. «Es innegable que aún tiene peso y las campañas políticas siguen atravesándole», afirma Serrano, dentro de un clima de polarización exacerbada que se manifestó en toda la gente que salió a las calles tras la publicación de la sentencia a favor y en contra.