Las protestas a favor del derecho al aborto toman Polonia

Kaczynski hace un llamamiento para defender a la Iglesia y las creencias polacas

Miles de personas salieron este miércoles a las calles de Varsovia contra la decisión del Tribunal Constitucional de limitar el abortoPablo GonzálezEFE

La avenida principal que acompaña al río Vístula fue el punto de encuentro para una de las marchas más multitudinarias en la ciudad desde 2016. Ese año el partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS) intentó llevar la ley del aborto de 1993 al Tribunal Constitucional, pero desistió debido a las protestas. “No queremos más restricciones al aborto, el fallo del tribunal no respeta los derechos de las mujeres. Es solo el PiS avanzando en su agenda ultraconservadora”, señala Agata, de 23 años a LA RAZÓN durante la manifestación de este miércoles.

Las protestas se han extendido por todo el país en contra del veredicto del Tribunal Constitucional que restringe casi en su totalidad el derecho al aborto.

El fallo del TC es una decisión legal inapelable, no política. Incluso si el partido en el gobierno quisiera, no podría echarse atrás. La presidenta del Constitucional, Julia Przyłębska, ordenó la publicación de la resolución a más tardar el día 2 de noviembre. La sentencia se produce en medio del pico más alto de casos de coronavirus desde el inicio de la pandemia y a tres años de las próximas elecciones parlamentarias. Un control de los tiempos aparentemente certero, pero que no tuvo en cuenta la sensibilidad social sobre el derecho al aborto y el hartazgo de miles de mujeres.

Desde que el pasado 22 de octubre el tribunal anunció su decisión, miles de mujeres y hombres han salido a las calles de todo el país. Los manifestantes han bloqueado carreteras, interrumpido servicios religiosos, hecho escraches a políticos y jueces, y prometen seguir haciéndolo. Entre las exigencias del colectivo de mujeres a cargo de la organización de las protestas se encuentra la anulación del dictamen del Tribunal Constitucional, el cese en el cargo de su presidenta, un verdadero e imparcial TC y derecho al aborto legal y a la educación sexual. Exigen también la renuncia del Gobierno y aseguran estar trabajando en un Consejo Consultivo, similar al creado en Bielorrusia.

En un discurso hecho público el martes por la noche, Jaroslaw Kaczynski pidió a sus partidarios que defendieran la iglesia “a toda costa” o Polonia sería “destruida”. Fuera de la iglesia solo hay “nihilismo” dijo. En un discurso belicoso de poco más de seis minutos, el líder del PiS aupó aún más la idea de una Polonia que ve amenazada sus creencias y su modus vivendi, una alocución recurrente de su partido entre el “ellos” y “nosotros”.

El líder del PiS se mantuvo durante años en un segundo plano político, pero siempre con una gran influencia en el Gobierno, pasó a ocupar oficialmente el puesto de viceprimer ministro en septiembre. Un puesto extraordinario hecho a medida que le permite la supervisión de los ministerios de Defensa, Justicia e Interior.

Kaczynski irrumpió en la estructura del Gobierno para sofocar las diferencias dentro de la coalición que dirige el país. Su nuevo papel fortalece al actual primer ministro, Mateusz Morawiecki, y calma las aspiraciones más revolucionarias dentro de la coalición, lideradas por Zbigniew Ziobro, actual ministro de Justicia, fiscal general, y líder de Solidarna Polska.

Rechazo popular a la sentencia

La última encuesta publicada hoy por el diario “Rzeczpospolita” señala que el 70,7% de los polacos ve negativamente la decisión del Tribunal Constitucional, un 13,2% lo ve positivo y un 16,1% no se pronuncia. La media de los sondeos publicados antes del veredicto señalan que entre el 10% y el 15% esta a favor de restringir el aborto, mientras que entre el 45-50% quiere mantener la ley tal y como está y entre el 30-40% pide liberalizarlo. Los expertos consultados coinciden en que la sentencia es el resultado de las presiones dentro de la coalición del PiS y no una respuesta a los cambios o exigencias de la sociedad polaca, sino a las promesas que ha hecho a los más conservadores para seguir manteniendo la unidad en el Gobierno.