Polonia y Hungría bloquean el fondo de recuperación de la UE

Orban y Kaczynski rechazan vincular las ayudas europeas al respeto del Estado de derecho. España e Italia no ocultan su preocupación al temer que se retrase un paquete financiero del que depende su recuperación

Las espadas siguen en alto. Hungría y Polonia continúan su cruzada para aguar cualquier propuesta que suponga vincular los fondos europeos al respeto al Estado de derecho, mientras que los países nórdicos quieren un mecanismo «sólido». Desde posiciones diametralmente opuestas, los dos bloques están poniendo en jaque el desembolso de los 750.000 millones de euros del plan de recuperación de los que a España corresponden 140.000 entre subvenciones directas y préstamos reembolsables.

Una pinza que pone en peligro la recuperación de la deprimida economía española, ya que para la emisión de deuda conjunta con la que movilizar el dinero es necesario el aval da todas las capitales europeas y la ratificación parlamentaria en una veintena de Estados miembros. Esto significa que un solo país puede bloquear que el dinero fluya a partir de la segunda mitad de 2021, tal y como estaba inicialmente previsto.

Norte contra Este

El debate de ayer en el Consejo de Asuntos Generales demuestra que Varsovia y Budapest no piensan dar su brazo a torcer. «No podemos aceptar un mecanismo que no tenga solidez jurídica y que esquive los tratados, socavando el equilibrio interinstitucional y pueda utilizarse para presionar políticamente a algunos Estados miembros», aseguró este martes el ministro de Asuntos Europeos, Konrad Szymanski.

Argumentos muy parecidos expresó la ministra de Justicia de Hungría, Judit Varga, quien lamentó la postura del Parlamento Europeo de incluir «requisitos políticos e ideológicos» en el desembolso de los fondos. Efectivamente, la Eurocámara también está presionando en este mismo sentido y se necesita su aprobación para la puesta en marcha de este paquete de rescate. De hecho, este miércoles comienza otra ronda negociadora con la Eurocámara.

España, al igual que Italia, intentan disimular su nerviosismo ante el cariz que está tomando la situación. El secretario de Estado para la UE, Juan González Barba, defendió la puesta en marcha de «un instrumento efectivo en materia de Estado de derecho», pero también pidió cerrar el asunto «cuanto antes».

En la cumbre de julio de jefes de Estado y de Gobierno se enfrentaron al mismo dilema, pero consensuaron un texto lo suficientemente polisémico y ambiguo para gustar a todas las capitales. Pero el diablo está en los detalles y la negociación para convertir este pacto político en reglamento ha vuelto a abrir la caja de Pandora.

El Parlamento Europeo y los países del Norte no quieren poner en marcha un mecanismo que, en la práctica, no sirva para nada. En la última propuesta de la Presidencia alemana se aboga por aprobar esta posible congelación de los fondos siempre que exista una mayoría cualificada de países, lo que hace relativamente fácil que los países del Este consigan aliados y puedan sortear cualquier castigo por su deriva autoritaria.

Además, este nuevo instrumento tan solo sancionaría el incumplimiento del Estado de derecho en la utilización de los fondos europeos, lo que en la práctica deja fuera de radar los ataques a la independencia judicial y a libertad de prensa perpetrados en Polonia y Hungría.

Aunque la Presidencia alemana dio la voz de alarma hace unas semanas, ahora prefiere ver el vaso medio lleno en vez de medio vacío. El ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Heiko Mas, reconoció que estamos hablando de un tema «muy delicado», pero confío en un pacto si todos los países ponen de su parte. El fondo de rescate lo merece.

El Parlamento Europeo también está presionando en otros flancos como un calendario preciso sobre los denominados «recursos propios», los impuestos europeos para sufragar la emisión de deuda conjunta. Además, la Eurocámara también quiere aumentar algunas partidas, mutiladas por el acuerdo de las capitales europeas, como los fondos para I+D o el programa Erasmus. Aunque en la primera reivindicación se están registrando avances, el segundo flanco ofrece más dificultades.

Los líderes europeos discutieron este tema en los pasillos de la última cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete y puede ser uno de los asuntos tratados en el encuentro al máximo nivel de este jueves y viernes en Bruselas.