¿En qué consiste la contrarrevolución ultraconservadora polaca del siglo XXI?

Kaczynski y su partido desafían a la UE con una agenda patriótica y tradicionalista que estigmatiza a inmigrantes y gays

Presidential election in Poland
Desde su escaño en el Parlamento, el líder del PiS, Jaroslaw Kaczynski, dirige entre bambalinas el Gobierno polacoTomasz GzellEFE

La reelección de Andrzej Duda como presidente supone un quebradero de cabeza para la Unión Europea por la deriva autoritaria que ha emprendido el país. Analizamos cómo es el ultraconservadurismo en pleno siglo XXI, cuáles son las claves de esta actualizada corriente ideológica para ganar elecciones en un país miembro de la UE.

La política polaca está bajo el control del partido Ley y Justicia (PiS). Desde el año 2015, el PiS ha gobernado Polonia de la mano de Andrzej Duda, como presidente, y con una mayoría en el Sejm, la Cámara Baja del Parlamento. Aleks Szczerbiak, profesor de Política y Estudios Europeos Contemporáneos en la Universidad de Sussex, define al partido liderado por Jaroslaw Kaczynski como una formación que práctica una combinación de «tradicionalismo conservador de derechas. Se puede decir que es un partido nacionalista en el sentido que antepone los valores, la identidad e intereses nacionales por encima de todo y ése es su objetivo principal», comenta Szczerbiak.

«Para utilizar el término ultranacionalista, deberíamos irnos hasta Konfederacja, el partido de Krzysztof Bosak. Su partido no tendría problema con ser definido con este término».

El PiS es la formación de derechas más grande del país. La figura del líder del partido es clave para movilizar a su electorado. Cercano a sus ciudadanos, Kaczynski vive en un sencillo apartamento en el centro de Varsovia y sin grandes alardes económicos. «En la estructura del partido, Kaczynski es una figura clave. Es el hombre más influyente de la política polaca. No se puede hacer nada sin su consentimiento. Es un hombre sencillo que apostó por un proyecto político al que ha dedicado toda su vida, hasta llegar al momento actual, cuando su mayor activo ante los votantes del PiS es su credibilidad», asegura el experto a LA RAZÓN. El partido ha tenido casos de corrupción que han involucrado a altos cargos del Gobierno, pero estas personas son eliminadas rápidamente de la formación. «Podemos decir que el PiS no es un partido corrupto, pero solo por la gran influencia de Kaczynski», apunta Szczerbiak.

En 2019, se celebraron oficialmente ocho manifestaciones que fueron catalogadas por la Policía de «alto riesgo». Estas movilizaciones incluían a facciones extremistas que llegaron a ser violentas. El año pasado se celebraron antiprotestas violentas donde fueron atacados miembros de las marchas del orgullo LGBTI en hasta en cinco ciudades de Polonia.

«El PiS nunca va a aceptar la violencia hacia nadie, su discurso se basa en que ellos no están en contra de la manera de vivir de las personas que pertenecen al colectivo LGBTI. Lo que ellos argumentan es estar en contra de la agenda política de este grupo, que va desde tener el derecho a un matrimonio igualitario al derecho a la a tener el derecho a la adopción o la educación sexual en los colegios. Pero es un hecho que sus dirigentes crean una atmósfera de crispación para que estos grupos violentos ataquen a este tipo de minorías. Algo claramente reprochable porque puedes criticar la agenda política sin crear intolerancia», asegura el profesor de la Universidad de Sussex.

La Comisión Europea mantiene abierto un procedimiento de infracción a los países más reacios a aceptar el sistema de reparto de los refugiados que han llegado a Europa desde 2015. Polonia es uno de ellos, junto con Hungría, el país no ha admitido a un solo demandante de asilo.

«Existe un claro factor cultural», recalca el experto. El PiS ha mantenido durante los últimos años una negativa sin debate a la acogida de refugiados musulmanes de Siria o Irak, aunque sí ha aceptado a solicitantes de India o del resto de países asiáticos. «Su retórica se basa en que los refugiados que vienen de las guerras en Siria o Irak quieren crear una comunidad musulmana en Europa, una especie de guetos», continúa Szczerbiak.

Por su parte, la Unión Europea expresa su idea de una Europa multicultural. Frente a esto. en Polonia el discurso vuelve al terreno nacional y «es entonces cuando el Gobierno expone que son solo los ciudadanos polacos quienes pueden decidir en qué momento ser un país multicultural. Algo que no debe ser impuesto, en este caso por la UE». El objetivo del Gobierno es seguir «defendiendo los intereses polacos vigorosamente frente a la UE, aunque a veces signifique entrar en conflicto», añade Szczerbiak.