¿Está Trump detrás del tuit de Melania?

La primera dama lamenta las muertes tras el asalto al Capitolio, pero aprovecha para criticar a los que la acusan de no suspender una sesión de fotos durante el trágico 6 de enero

El presidente Donald Trump y la primera dama Melania TrumpFoto: LEAH MILLISREUTERS

La caída de Parler ha dejado huérfanos a los seguidores de un presidente de EE UU, Donald Trump, que, según los más aplicados de sus hermeneutas, estaría dispuesto a crear una red paralela. De tal forma que no necesite de las tiendas de descargas de Google, Apple y Amazon, que eliminaron Parler por su falta de moderación de contenidos que consideren violentos y/o susceptibles de incitar a la violencia.

El principal ejecutivo de Parler, John Matze, ha dedicado el fin de semana a buscar la forma de mantener viva la red, que cuenta con millones de usuarios. En un comunicado afirmó que los gigantes tecnológicos han tumbado Parler para evitar la competencia. Matze también promete regresar en menos de una semana.

De momento, se rumorea que Trump habría regresado a Twitter por persona interpuesta, esto es, que lleve la firma del presidente un tuit de la primera dama, Melania Trump, donde lamenta la violencia y las vidas perdidas durante el asalto al Capitolio del 6 de enero. «Mi corazón está con Ashli Babbitt, veterana de la Fuerza Aérea, Benjamin Philips, Kevin Greeson, Roseanne Boyland y los oficiales de policía del Capitolio, Brian Sicknick y Howard Liebengood», escribe Melania.

La primera dama también denuncia los «chismes lascivos, ataques personales injustificados y acusaciones falsas y engañosas contra mí, dirigidos por personas que buscan protagonismo y tienen una agenda». «No se equivoquen al respecto», añade Melania, «condeno absolutamente la violencia que ha ocurrido en el Capitolio de nuestra nación. La violencia nunca es aceptable».

«Es inspirador ver que tantos han encontrado pasión y entusiasmo participando en unas elecciones, pero no debemos permitir que esa pasión se convierta en violencia», concluye.

En cuanto al propio Trump, lo cierto es que sus choques con las redes sociales vienen de lejos. Hace meses que Twitter modulaba y hasta censuraba algunos de sus comentarios. Exactamente igual que hace con otros usuarios. Pero con el problema añadido de que se trataba del presidente de Estados Unidos.

Uno, por cierto, que supo usar como nadie el altavoz que confieren unas redes libres de intermediarios. Frente al poder político tradicional, que comparecía ante los ciudadanos y los medios de comunicación, con las palabras tasadas y sujetas a edición, las redes sociales hacían realidad el viejo sueño populista de un canal directo entre el soberano y el pueblo, libre de mediadores. Hasta tal punto que Trump hizo de Twitter, y de su cuenta personal, su canal de comunicación favorito. Acumulaba cerca de 90 millones de seguidores. Igual colgaba vídeos de sus intervenciones que anunciaba el cese inmediato de un alto cargo, daba publicidad a una iniciativa legislativa o compartía un baño de masas, atacaba a sus oponentes o premiaba a sus fieles.

Por supuesto, detrás de la eliminación de la cuenta de Trump en Twitter está también el debate sobre las llamadas censuras preventivas, con los consejos de administración de unas empresas erigidos en comités de salubridad pública y sustitutos de los tribunales de justicia.

Si bien los usuarios firman un contrato para poder interactuar en las redes sociales, no es menos cierto que no es lo mismo el contenido inapropiado que el ilícito, y que para dilucidar su naturaleza están los tribunales de justicia, parapetos y defensores del debate que deben evitar tanto las invitaciones al odio y la violencia como para conjurar las trabas a la libertad de expresión y a la libre circulación de ideas en la red.

El riesgo pasa porque en nombre de la defensa de la democracia y el Estado de derecho, al final sea Silicon Valley el encargado de velar y ordenar no solo el tráfico en la web, sino el propio debate público, imposible de entender hoy fuera del marco de internet.

Kate Ruane, abogada de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), expresa al «New York Times» su preocupación «cuando Facebook y Twitter ejercen el poder sin control de sacar a las personas de las plataformas que se han vuelto indispensables para el discurso de miles de millones». Claro que Trump dispone de otros altavoces, empezando por las televisiones, pero la justificación para sacarle de Twitter podría golpear también a otros muchos, que correrían el peligro de ser completamente silenciados.