La violencia no cesa en Birmania: ascienden a 510 los muertos por la represión de la Junta Militar

La dramática situación no parece tener salida a corto plazo y el derramamiento de sangre hace temer un éxodo masivo que pueda afectar a los países vecinos

Varios manifestantes pasan junto a neumáticos en llamas después de que los activistas llevaran a cabo una "huelga de basura" contra la Junta Militar en Rangún
Varios manifestantes pasan junto a neumáticos en llamas después de que los activistas llevaran a cabo una "huelga de basura" contra la Junta Militar en RangúnSTRINGER

La violencia no cesa en Birmania. Cuando se cumplen dos meses exactos del golpe de Estado que colocó a los militares al frente del país, los muertos se cuentan por centenas. En concreto, más de 500 personas han perecido a manos de los uniformados, incluidos estudiantes, adolescentes y niños. Una situación que no parece tener salida a corto plazo y en la que el derramamiento de sangre hace temer un éxodo masivo que pueda afectar a los países vecinos.

«Hemos confirmado 510 muertes», publicó ayer la onegé Asociación de Asistencia a los Presos Políticos. Según indicaron, ese número es «probablemente mucho más alto» ya que hay cientos de personas detenidas que están en paradero desconocido. No sería de extrañar teniendo en cuenta la violencia con la que actúan los militares en las calles. Los antigolpistas son reprimidos a diario con gases lacrimógenos, pelotas de goma y munición real. Pese a ello, continúan manifestándose y exigiendo la vuelta del país a la senda democrática y la liberación de la líder depuesta Aung San Suu Kyi.

A esas reivindicaciones se han sumado varios gobiernos occidentales, y el Consejo de Seguridad de la ONU tiene previsto reunirse hoy para discutir una situación que en los últimos días también ha forzado a miles de personas a buscar refugio en los países vecinos. En India, el Gobierno de Narendra Modi ha ofrecido ayuda a los cientos de personas que buscaron refugio en los estados de Manipur y Mizoram pese a habérsela negado en un principio.

En Tailandia, se cree que unas 3.000 personas cruzaron la frontera después de que el Ejército birmano bombardeara el sábado varias zonas del sudeste controladas por la guerrilla Karen, unos hechos que empujaron a 10.000 personas a buscar refugio en la selva. Ayer, el Ejército tailandés expulsó al último grupo de la minoría karen, incluidos unos 1.100 menores, que huyeron el domingo, indicó la Organización de Mujeres Karen (KWO).

Una líder local indicó que los desplazados por las bombas se encuentran en este momento ocultos sin cobijo, alimentos ni agua suficientes en la jungla birmana cerca de la municipalidad de Lu Thaw, en una zona controlada por la guerrilla karen. En una nación en la que minorías representan más del 30% de sus 54 millones de habitantes, el riesgo a que estos grupos insurgentes se levanten contra la Junta amenaza con provocar una escalada de la violencia.

Ayer ya se dio el primer paso en ese sentido con la firma de un documento entre el Ejército de Arakan y otras dos milicias aliadas. En él advertían que si no se detienen «los tiroteos violentos y el asesinato de ciudadanos que protestan pacíficamente» invalidarán el acuerdo de alto el fuego y se unirán al movimiento contestatario.

A la espera de lo que suceda, ayer los manifestantes continuaron protestando tirando basura a las calles de Rangún mientras desde el exterior seguían llegando las críticas. Desde EE UU decidieron suspender el acuerdo marco sobre comercio e inversiones hasta que se restablezca un gobierno «democráticamente electo».