“Mi casa temblaba por el estruendo de los helicópteros en el Capitolio”: el asalto que sigue avergonzando a Estados Unidos

Los estadounidenses y los residentes en Washington DC recuerdan cómo vivieron aquel fatídico ataque al Capitolio el pasado 6 de enero

Fotografía del 6 de enero de 2021 donde aparecen unos partidarios del presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump, durante al asalto al Capitolio en Washington
Fotografía del 6 de enero de 2021 donde aparecen unos partidarios del presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump, durante al asalto al Capitolio en Washington FOTO: Michael Reynolds EFE

Nadie en Estados Unidos olvidará lo que estaba haciendo durante dos momentos clave de la historia reciente: los ataques del 11S en las Torres Gemelas de Nueva York y el asalto al Capitolio en Washington.

Los libros de Historia de todo el mundo, tampoco.

Aunque cada uno lo vivió de una manera distinta y algunas de esas historias representan el conjunto de la sociedad estadounidense, recopiladas en esta crónica.

Como suele suceder en inesperadas ocasiones de emergencia, muchas personas tardaron horas en saber lo que estaba sucediendo. Apenas arrancando el año, en esa primera semana de resaca electoral de 2021 una gran mayoría del país estaba todavía de vacaciones y la otra de vuelta a la rutina laboral.

Es el caso de Sylvia, una profesora de instituto jubilada. Aunque residente en Maryland, vivió el asalto al Capitolio desde la distancia, en Florida, donde acababa de sufrir la repentina muerte de su marido mientras celebraban la Navidad toda la familia al completo, con sus dos hijas y cuatro nietos. “No vimos las noticias en ese momento”, recuerda. “Creo que la parte pacífica de toda manifestación es un derecho de todos, es parte de nuestra Constitución. Por qué se volvió tan destructivo es vergonzoso”, reflexiona al recordar los acontecimientos.

Como ella, Alex tampoco tuvo constancia desde su oficina en Baltimore (Maryland), ese trágico 6 de enero, de la creciente tensión que dejó atemorizada a su novia Juliana frente al televisor, en la casa de ambos en la capital estadounidense. “Entré en pánico, nunca en mi vida había pasado tanto miedo. Empecé a llamar a Alex sin parar, pero no me contestaba y no encontré la línea directa de su oficina”, recuerda como si fuera ayer.

“Mi casa temblaba por el estruendo del tráfico de helicópteros y yo estaba atemorizada al ver las imágenes de fuera del Capitolio, con gente armada y con banderas, rompiendo vidrios para entrar…”, explica Juliana al recordar el mayor “susto” de su vida. Cuando al fin consiguió dar con su pareja, Alex ni se había enterado del tema y tampoco le dieron tanta importancia en el entorno laboral trumpista de su despacho. Pero, ante la alerta de Juliana, “pidió salir antes de la oficina para llegar a tiempo a casa, antes de que las autoridades bloquearan la ciudad”.

Al retransmitir el tradicional recuento de votos que daba por ganador de las elecciones presidenciales al demócrata Joe Biden, las televisiones de todo el país empezaron a mostrar en directo una imagen inusual: el vicepresidente Mike Pence siendo evacuado de la emblemática sala del Senado.

Situación que forzó la salida inmediata de los que estaban en el interior, senadores y congresistas en su gran mayoría, pero a la vez obligó a convocar de emergencia a otros que, desde fuera, necesitaban acceder. Es el caso de cientos de policías y personal de emergencia, así como medios de comunicación. Oliver trabajaba en ese momento como fotógrafo para uno de los periódicos más destacados del país. Le tocó el turno de tarde y llegó al Capitolio cuando la violenta turba de seguidores de Trump estaba ya controlada y salía en masa, a regañadientes, del recinto.

“Me encontré con un lugar, donde siempre me toca trabajar, irreconocible: no se podía arrastrar los pies porque había químicos por todas partes, que te dejaban los ojos rojos y dificultad para respirar. Entraron con banderas con unas puntas que estaban por todas partes, hasta en el techo del Capitolio; había gorras y gafas de MAGA, botellas, bolsas, bebidas y comida basura por todas partes”.

Oliver pasó muchos meses sin poder hablar del tema con nadie, tratando de entender qué y por qué había pasado. “Me sentí impotente y muy sorprendido porque eran gente de aquí, ciudadanos norteamericanos. Fue un gran choque saber que ese día entraron al Capitolio sin respeto, destrozando todo. Un lugar por donde he pasado un millón de veces, que tanto admiro, donde se hacen las leyes… pero esta vez me tocó pasar por donde había muerto un policía y una mujer”, recuerda.

Cámara en mano, Oliver recorrió todos los rincones de la trágica escena cuando apenas quedaban unas pocas personas en el interior: personal de limpieza afanándose por recoger todo lo antes posible para reanudar la sesión del Congreso y agentes de la Policía que, exhaustos, trataban de recomponerse bebiendo agua y tratando de comer algo, sentados en el suelo.

“No podía parar de tomar fotos para contar todo lo que estaba pasando. Trabajé lo más rápido que pude, me di vueltas por todos lados. Vi a los políticos en estado de shock, no querían hablar con nadie.” Su turno terminó después de la sesión, a las 5 de la madrugada.

Un secreto a voces

Una noche larga para todos. Incluso para aquellos a los que les “parecía obvio que Trump trataría de robarse las elecciones” y no les sorprendió que se produjera el ataque, como Luke, ciudadano de Washington, activista y dedicado a la cooperación internacional. “Los partidarios de Trump dijeron que iban a atacar el Capitolio. ¡Lo dijeron en inglés, simple! ¡No era un secreto! Pero los principales medios de este país, por parecer “neutrales”, no se atrevieron a informar sobre lo que estaba sucediendo en realidad, un intento de golpe de Estado”, resalta todavía indignado.

Como él, jóvenes liberales creen que la democracia estadounidense “se está debilitando como resultado de los esfuerzos deliberados del Partido Republicano. El golpe fue una manifestación espectacular de ese debilitamiento”, añade Luke, que está convencido de que “el mito que animó a los alborotadores -que las elecciones fueron robadas por los demócratas- es promovido activamente por los republicanos a nivel nacional y les ayuda a presionar para que se restrinjan las votaciones que dificultan el voto de las personas que no son blancas y de los más pobres, para desafiar cualquier elección cuyo resultado no les guste. Los seguiremos viendo, cada vez más”, agrega.

Sylvia, conservadora, entiende el malestar de la gente “por el resultado de las elecciones y estamos tratando de hacer oír sus objeciones. Pero, bien o mal, nadie tiene derecho a convertir una situación en violencia”, enfatiza.

Durante semanas, en las calles de la capital, grupos radicales se paseaban a sus anchas. “Yo mismo experimenté su capacidad de violencia cuando, en diciembre, un hombre que llevaba una gorra de MAGA me tiró al suelo en la plaza Black Lives Matter al intentar evitar que se acercara sin mascarilla a acosar a la gente”, recuerda Luke. “El día 6 todos nos quedamos en casa porque sabíamos que venía la turba, que se volvería violento y que no teníamos los números ni los medios para contrarrestarlo”, agrega.

Desde casa, frente al televisor, “horrorizado pero ni un poco sorprendido”, Luke relata que ese día “no era la primera ni la última vez que intentan revertir la elección legítima de un demócrata. La Corte Suprema ejecutó un golpe menos sangriento en el año 2000, entregando finalmente esa elección a George W. Bush” por un puñado de votos. Hemos sido un país violentamente supremacista blanco desde el principio. El intento de golpe del 6 de enero encaja en esa narrativa histórica”, añade Luke.

La gran pregunta ahora, sobre todo de cara a futuras elecciones, es si podría ocurrir de nuevo algo parecido. “Eso depende del temperamento de la Administración”, piensa Sylvia, convencida de que “armar enérgicamente y quitarle los derechos a las personas sólo agravará cualquier situación”.

Un año después del histórico asalto al Capitolio, uno de los episodios más oscuros de la democracia, todavía “nadie importante ha sido responsabilizado por la traición que cometieron”, destaca Luke, añadiendo con cierta preocupación: “Entonces, ¿por qué no deberían intentarlo de nuevo?