África

¿Sigue existiendo el canibalismo en África?

Mitos y realidad se combinan en una de las prácticas más aterradoras del ser humano, añadiéndose a la lista de prejuicios que definen al continente africano

El canibalismo ha tenido representación en todo tipo de manifestaciones culturales.
El canibalismo ha tenido representación en todo tipo de manifestaciones culturales.

A cada guerra en África, se esparce el rumor. En las aldeas más aisladas, los lugareños cierran las puertas a los desconocidos y desconfían de la amabilidad; en las capitales, entremezcladas con la música ensordecedora de los bares y el calor, se escuchan anécdotas capaces de congelar nuestro sudor. Hoy se escuchan los rumores en Bamako, en Léopoldville, en Bangui. Se habla del canibalismo en las conversaciones de sobremesa. También se habla en Occidente, cuando se pretende recrear una imagen del África exótica y salvaje donde una civilización mediocre, todavía a medio formar, sale en desbandada y triturando carne con los dientes. ¿Qué hay de cierto y qué hay de falso sobre el canibalismo en África? ¿Sigue llevándose esta práctica en la actualidad?

Primeramente habrá que distinguir entre tres tipos de canibalismo: el canibalismo cultural, el canibalismo de supervivencia y el canibalismo patológico o criminal. Dependiendo de la zona de África y de la situación, todavía podríamos encontrar casos de canibalismo que se adaptan a cada una de las variantes mencionadas. Pero antes de zambullirnos en este tema terrorífico, y con la intención de evitar prejuicios innecesarios, cabe a destacar que el canibalismo se practica de una forma u otra en prácticamente todo el globo (drogadictos, chamanes y asesinos los hay en cualquier país) y no existe un peligro real de ser devorados en una visita a cualquier país africano.

Canibalismo cultural

En ciertas religiones animistas, el canibalismo forma parte de un proceso de conexión con los espíritus, o puede ser ejecutado por individuos que afirman estar poseídos por demonios que les obligan a cometer estos actos atroces. Los casos en que las prácticas caníbales forman parte de un ritual religioso son los más sonados del continente. En la actualidad todavía encontramos sonados ejemplos. Uno de ellos lo protagoniza el grupo congoleño Mayi-Mayi, veteranos en todas las guerras que han asolado este país en las últimas décadas y feroces guerreros que piensan que el consumo de carne humana, insertado dentro de un ritual religioso, les concederá las fuerzas necesarias para combatir hasta el extremo. Las víctimas pertenecen mayoritariamente a las tribus de pigmeos del país, ya que su carne se considera mágica desde épocas anteriores al colonialismo. En la Segunda Guerra Civil del Congo (1998-2003), los casos de canibalismo perpetrados contra pigmeos fueron tan habituales que hasta 8.000 miembros del Mayi-Mayi fueron obligados a entregar sus armas como medida preventiva a los ataques.

Acuarelas de James S Jameson ilustrando el horrible esectáculo de una niña de 10 años devorada por caníbales.
Acuarelas de James S Jameson ilustrando el horrible esectáculo de una niña de 10 años devorada por caníbales. FOTO: La Razón (Custom Credit)

En los últimos años se ha propagado un nuevo movimiento caníbal en Uganda, donde no existen leyes que castiguen el esta práctica de forma directa. Se desconoce el origen de la nueva oleada de asesinatos, aunque se supone que se deben a las prácticas animistas de algunos ugandeses que todavía no se han convertido al cristianismo. Con todo, el canibalismo cultural apenas se practica en África en la actualidad y ningún extranjero corre peligro de ser devorado... siempre y cuando cierre la puerta con pestillo en su visita al interior de Uganda.

Canibalismo de supervivencia

Cuando comer para sobrevivir se convierte en un dilema moral. De vuelta en Uganda, existen registros donde los niños eran alimentados con carne humana durante las hambrunas del siglo pasado. Una vez crecidos, estos niños transformados en adultos dicen haber desarrollado un apetito enfermizo por la carne de otros seres humanos, hasta el punto de que existe la posibilidad de comprar el repugnante alimento en el mercado negro ugandés. Los saqueadores de tumbas exhuman cuerpos recién sepultados para vender su carne, aunque también se podría, si se paga el precio adecuado, comprar la carne de un cadáver reciente antes de que sea enterrado.

Las hambrunas propiciadas durante la guerra de Sudán del Sur también terminaron en prácticas caníbales por parte de la población local, que se veía obligada a ingerir a sus compañeros fallecidos para no morir ellos también. En la misma guerra, en 2015, se supo que algunas facciones de combatientes drenaban la sangre de sus enemigos y obligaban a beberla a las etnias contrarias, al igual que despiezaban sus miembros y los servían de alimento como forma de castigo y tortura psicológica. El canibalismo de supervivencia no suele conllevar un asesinato y se considera una tragedia tanto para la víctima como para el perpetrador, utilizándose a su vez como claro indicador para que las oenegés suenen la alerta roja ante el peligro de las hambrunas.

Canibalismo criminal

Ouandja Magloire, conocido como Mad Dog, confesó el acto de canibalismo a la BBC
Ouandja Magloire, conocido como Mad Dog, confesó el acto de canibalismo a la BBC

Un caso muy sonado ocurrió en 2014. El protagonista fue un joven cristiano de República Centroafricana cuya mujer embarazada había sido asesinada por los musulmanes. “Mad Dog” (que es como se le conocía) salió a la calle, mató a un musulmán inocente que andaba de paso, roció su cuerpo con gasolina para prenderle fuego y, frente a las cámaras que le grababan estupefactas, arrancó un trozo de carne del fallecido que se llevó a la boca. Las autoridades locales no hicieron nada para detenerle y pocos meses después, el mismo individuo protagonizó un incidente similar lamiendo su cuchillo empapado de sangre de una de sus víctimas. “Mad Dog” aseguró en una entrevista a la BBC que su acto imperdonable se debía a un deseo de venganza por su mujer.

El canibalismo criminal fue común en África en años pasados, especialmente durante los tiempos del colonialismo. La sociedad de los Hombres Leopardo se estableció en Sierra Leona para combatir a las fuerzas coloniales mediante emboscadas nocturnas en pueblos y ciudades. Vestidos con pieles de leopardo y armados con garras artificiales, se abalanzaban sobre los soldados británicos para despedazarlos y devorar in situ partes de su cara o incluso de sus extremidades. Cuando las autoridades se encontraban con los cadáveres mutilados, el terror recorría como la pólvora las ideas de los colonos, que nunca sabían cuando podía repetirse un ataque de los violentísimos Hombres Leopardo. Aunque la sociedad se desintegró de cara al público tras la independencia de Sierra Leona, todavía existen rumores sobre una nueva sociedad de Hombres Leopardo que asesinan y devoran a los inocentes en la oscuridad de Freetown.