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Birmania acuerda con Bangladés la repatriación de los refugiados rohingyas

Las organizaciones humanitarias denuncian falta de garantías para la minoría musulmana.

Las organizaciones humanitarias denuncian falta de garantías para la minoría musulmana.

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Sin entrar en muchos detalles, Birmania y Bangladés anunciaron ayer un acuerdo con el que pretenden que cientos de miles de desplazados rohingya regresen al Estado de Rakhine, lugar donde habitaban y del que huyeron tras una ofensiva del ejército birmano que comenzó hace tres meses. Del que podría convertirse en el primer paso para la repatriación de los 620.000 musulmanes que desde entonces han huido hacia Bangladés, tan sólo se sabe que dará comienzo en un periodo de dos meses, tiempo suficiente para que la cifra siga aumentando.

Tras semanas de discusiones, los dos países firmaron ayer el acuerdo en Naypyidaw, capital de Birmania, después de que el ministro de Exteriores de Dhaka, A.H. Mahmood Ali, se reuniese con la líder «de facto» birmana, Aung San Suu Kyi. «Estamos listos para traerlos de vuelta tan pronto como sea posible después de que Bangladés nos remita los documentos», apuntó el secretario del Ministerio birmano de Trabajo, Inmigración y Población, Myint Kyaing, en alusión a los formularios que los rohingya deben completar antes de ser repatriados.

Al contrario que Bangladés, nación que solicitó que en el proceso se involucraran los organismos internacionales, las autoridades de Birmania habían presionado para que el retorno de cualquier rohingya se realizara bilateralmente. Anteriormente, el Gobierno birmano también había insistido en que sólo permitiría el regreso de aquellos que pudieran demostrar que habían vivido en el país antes de huir en los últimos tres meses, un hecho difícil de probar teniendo en cuenta que la mayoría escapó dejando atrás sus casas y sus pocas pertenencias en llamas y cruzó hasta Bangladés sin ningún documentación.

Las organizaciones de derechos humanos observan con recelo una iniciativa que no especifica el número de posibles beneficiarios, dónde se pretende reubicar a unos refugiados cuyas aldeas han quedado arrasadas y no ofrece garantías de seguridad en un país de mayoría budista y con un gran sentimiento antimusulmán. Amnistía Internacional ya ha advertido de que cualquier proceso de repatriación debe ser voluntario y no forzado. El anuncio coincide con la visita la próxima semana a ambos países del Papa Francisco, quien pretende entrevistarse con miembros de la comunidad rohingya en Bangladés.

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Mientras se esperan más detalles sobre el proceso, el éxodo incesante de los rohingya, que comenzó en agosto después de que sus grupos armados atacaran a las Fuerzas de Seguridad birmanas y éstas respondieran con una brutal campaña, no cesa. Las atrocidades cometidas contra la población han sido calificadas como «limpieza étnica de manual» tanto por la ONU como por EE UU.