Éxodo venezolano para comprar en Colombia

Maduro ordena de nuevo la apertura de la frontera para paliar la escasez de alimentos

Una multitud de venezolanos esperan para cruzar la frontera con Colombia por el puente Simón Bolívar, en San Antonio del Tachira, para comprar comida y productos de primera necesidad

Una verdadera odisea para conseguir víveres. Cientos de caravanas de familias venezolanas condujeron ayer durante horas por rutas infestadas de bandidos, cruzando la frontera a Colombia en busca de los alimentos y medicinas que escasean en Venezuela.

Una verdadera odisea para conseguir víveres. Cientos de caravanas de familias venezolanas condujeron ayer durante horas por rutas infestadas de bandidos, cruzando la frontera a Colombia en busca de los alimentos y medicinas que escasean en Venezuela.

Por segundo fin de semana consecutivo, el Gobierno socialista de Venezuela abrió la frontera a Colombia, cerrada desde hace mucho tiempo. Desde primera hora del sábado una cola de aspirantes surcaba todo el pueblo de San Antonio del Táchira. Algunos llegaron en autobuses fletados desde ciudades a ocho horas de distancia. Ayer, las imágenes se repetían. Hasta el momento han ingresado más de 55.000 personas, se espera la cifra ascienda a 75.000. Los venezolanos tienen hasta el mediodía de hoy para efectuar sus compras.

El Gobierno en Caracas cerró todos los cruces hace un año para reprimir el contrabando en la frontera de dos mil 219 kilómetros. Sostenía que los especuladores causaban escasez al comprar alimentos y gasolina a precios subsidiados en Venezuela para revenderlos a precios mucho más altos en Colombia. Así mismo aseguraban que lo hacían como medida de precaución, después de que un grupo de paramilitares atacase a una patrulla del Ejército bolivariano el año pasado. Sin embargo, la carestía sigue creciendo en Venezuela, con inflación de tres dígitos, controles monetarios que limitan las importaciones e inversiones y el derrumbe de los precios del petróleo que financia el gasto oficial.

En medio de una fuerte presencia militar, la gente mantenía el orden y se mostraba tensa y expectante. Algunos activistas repartían panfletos contra el Gobierno, buscando explotar la frustración que ha caracterizado los tumultos y las largas colas en los supermercados en las últimas semanas.

Algunos de quienes esperaban para cruzar coreaban consignas antigubernamentales y cantaban el himno nacional, pero la mayoría demostraban escaso interés por enfrentarse, entusiasmados por las perspectivas de encontrar supermercados con estanterías llenas y la oportunidad de comprar pequeños lujos, como esmalte para uñas y cerveza.

«Es triste hacer esto, pero sabemos que allá encontraremos algo», dice Rosa Cárdenas, una maestra jubilada de 70 años a quien acompañaba su nieta de cinco meses. Muchos volvieron con las manos vacías, desconcertados por los altos precios que encontraron en Cúcuta.

Desde que cerraron las fronteras las exportaciones de Colombia a Venezuela han caído un 58%. Los ingresos de la ganadería y la agricultura se contrajeron 24% y los del comercio cayeron 30% en los primeros cinco meses del año. El país vecino es el principal exportador de Venezuela, seguido de Brasil.

La caravana del hambre

El Gobierno venezolano trata de desacreditar las declaraciones sobre una crisis humanitaria y prefiere atribuir la escasez a sus enemigos y los contrabandistas. El presidente Nicolás Maduro calificó de «show mediático» las imágenes chocantes de medio millar de mujeres que atravesaban el retén y decían que estaban desesperadas por conseguir alimentos.

No existen cifras oficiales de la escasez durante los últimos trimestres, pero, según la firma Datanálisis, promedia un 82,8%. Al menos dos tercios de la población deben recurrir al mercado negro para adquirir los productos básicos. Maduro ha argumentado que existe una «guerra económica» por parte de la industria venezolana, ligada a la derecha. Sin embargo, encuestas recientes –de la misma consultora– informan de que el 71,8 % de los venezolanos ven «poco o nada creíble» aquella guerra.

La vasta riqueza petrolera de Venezuela era el combustible de una economía rebosante. Pero años de mala administración bajo un gobierno socialista provocaron la parálisis de buena parte de la producción, y el país pasó a depender en gran medida de las importaciones. La cadena de la oferta se cortó, primero lenta, luego bruscamente, a medida que la caída de los precios del crudo dejaba al país sin dinero para pagar incluso por artículos de primera necesidad.