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El viaje de Xi a EEUU refuerza la imagen de China

Xi Jinping se cruza con Barack Obama durante la Cumbre de Líderes para el Mantenimiento de la Paz en Nueva York (Estados Unidos)
Xi Jinping se cruza con Barack Obama durante la Cumbre de Líderes para el Mantenimiento de la Paz en Nueva York (Estados Unidos)larazon

Tras una intensa semana concluye hoy la primera visita de Estado del presidente chino, Xi Jinping, a EEUU, en la que China ha conseguido reforzar su imagen en aspectos como el económico o el medioambiental, aunque sin resolver los principales puntos de fricción con Washington. El viaje del líder de la segunda economía mundial a la primera, algo eclipsado en EEUU por haber coincidido con la visita papal, ha sido sin embargo seguido con extrema atención en China, donde se consideraba muy necesario para resolver conflictos con Washington.

Un editorial de la agencia Xinhua llegó a comparar a EEUU con Esparta, la potencia asentada, y a China con una Atenas en ascenso, al señalar que debe evitarse que estos dos grandes actores del mundo actual caigan en la "trampa de Tucídides", en la que un poder hegemónico y otro en proceso de crecimiento suelen acabar en guerra.

"La visita del presidente Xi llegó en un momento clave, con China y EEUU tratando de construir un nuevo modelo de relación entre grandes potencias", destacó al respecto hoy el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino Hong Lei, quien consideró el viaje un "éxito".

El viaje de Xi estuvo dividido en tres partes claramente diferenciadas: una primera escala en Seattle, donde el tono fue empresarial, otra posterior en Washington, dedicada a las política de Estado, y una última en Nueva York, consagrada a lo multilateral.

En Seattle, un Xi acompañado de los empresarios más exitosos del país, como el presidente del gigante de comercio electrónico Alibaba, Jack Ma, intentó mostrar a ejecutivos y mercados norteamericanos que la economía china no está tan enferma como parecen mostrar algunos indicadores o la asustadiza bolsa nacional.

"Xi dejó muy claro que la situación no es tan pesimista como dicen, y que no hay que preocuparse por el futuro de la economía china", subrayó el experto Teng Jianqun, del Instituto Chino de Estudios Internacionales.

Para demostrarlo con hechos, la escala de Xi en la cuna del "grunge"se coronó con un importante acuerdo de compra de 300 aviones de pasajeros Boeing por valor de 38.000 millones de dólares.

China busca aumentar la cooperación económica con EEUU en el sector tecnológico, y en ese sentido Seattle fue importante por ser escenario de acuerdos de colaboración entre importantes firmas de internet de ambos países, como el firmado por Microsoft y Baidu o el suscrito entre Linkedin y Didi Kuaiche (rival china de Uber).

En Washington, la que los analistas chinos consideraban la parte más "difícil"de la gira cristalizó en una reunión de tres horas en la que Xi y Barack Obama expresaron sus diferencias en temas como derechos humanos o la creciente presencia militar china en las conflictivas aguas del Mar de China Meridional.

Los dos mandatarios no llegaron a grandes consensos en estos temas, que prometen seguir distanciando a las dos potencias en el futuro, pero al menos sí hubo consensos en ciberseguridad y en cambio climático, tema que desde el año pasado se ha convertido en el gran símbolo de "armonía"entre Pekín y Washington.

Así, se anunció que los dos países acordaron no llevar a cabo o respaldar robos de propiedad intelectual o secretos comerciales en el ciberespacio, un importante punto de tensión entre las dos potencias.

En materia medioambiental, China anunció tras la reunión Xi-Obama la creación de un fondo de 3.100 millones de dólares para que países en desarrollo mitiguen los efectos del cambio climático, una cifra similar a la que se debate en el Congreso de EEUU.

En Nueva York, Xi aumentó esa "generosidad"al anunciar en la Asamblea General de la ONU 2.000 millones de ayuda a la cooperación a países pobres, y también una aportación de 8.000 policías a las fuerzas de paz de Naciones Unidas en todo el planeta.

Fue este último tramo del viaje el que se vio rodeado de mayor polémica, ya que Amnistía Internacional e incluso la líder demócrata Hillary Clinton descalificaron públicamente que Xi tuviera un asiento de honor en la sede de Naciones Unidas pese a la creciente persecución a activistas de derechos humanos en su país.

El viaje, sin embargo, ha servido para mejorar la imagen de Xi, tenido habitualmente como un intransigente nacionalista chino enemigo de los valores occidentales e incapaz de salirse de la retórica comunista.

Estas ideas se derrumbaron en uno de sus primeros discursos en Seattle, cuando dijo en una intervención ser fan de la película "Algo para recordar"(ambientada en esa ciudad), de Ernest Hemingway o hasta de "House of Cards", cuando bromeó asegurando que esa serie sobre luchas de poder no tiene nada que ver con los tejemanejes internos del Partido Comunista de China.

"Xi mostró que no se opone a los valores de Occidente, que está abierto a ellos y dispuesto a aplicarlos a la reforma económica de China", analizó el experto Teng. Efe