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La inflación, la maldición del presidente Macri

Tiempo de lectura 2 min.

31 de agosto de 2018. 02:33h

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Ángel Sastre Buenos Aires. 31/8/2018

La inflación se traduce en descontento. De hecho, por encima incluso de la violencia y la corrupción, lo que más preocupa a los argentinos es el alza de los precios. Y eso puede suponer la caída o el alza de un presidente. Algo muy valioso a un año para las próximas elecciones. Por eso los economistas se afanan intentado explicar por qué en el denominado «granero del mundo» los alimentos valen más caros que en España, o por qué un café cuesta cinco euros. Pero la realidad es que los argentinos se han casado ya de la macroeconomía y lo que quieren es respuestas.

Primero, algunos datos: la volatilidad en el mercado de cambios llevó a una sangrante depreciación del peso para la población. En junio, la economía cayó el 6,7%, lo que llevó a un acumulado de -0,6% en el año. Fue, además, el tercer mes consecutivo de contracción. Ayer, la caída continuaba aunque más sostenida.

Por otro lado, el Gobierno lleva a cabo un estricto plan de ajuste para cumplir los compromisos con el FMI, que incluyen una meta de déficit fiscal de 2,7% del PIB en 2018 y el 1,3% en 2019; y de hecho el déficit fiscal pasó del 6% a finales de 2015, al 3,9% a finales de 2017. Son recortes que se traducen en la vida diaria, sacrificios que producen gran descontento porque no se tiene la sensación de que sirvan de mucho. Pero simultáneamente, la inflación acumula un 19,6% hasta el mes de julio y algunos analistas la proyectan por encima del 35% al cierre de 2018, lo que atiza la presión de los sindicatos, convertidos en una bestia negra para el Gobierno.

En conclusión, la inflación se ha convertido en la madre de todas las batallas para la Administración Macri, que ya no sabe qué hacer para detener la debacle. En teoría, la Casa Rosada ha hecho los deberes, intentado mostrar seguridad, pagar deudas y pedir más a los de siempre. Pero los inversores no se fían de un país con los cimientos carcomidos por la corrupción, y con un amplio historial de crisis. Si no ven señales aún más claras, se marchan a otra parte sin ningún tipo de sentimentalismo.

El presidente quiere cambiar el sistema, quitarle peso al Estado y dárselo a las empresas. Pero no lo consigue, porque la inflación se alimenta de varios factores: especuladores, falta de competencia... Pero más allá de todo eso, repercute directamente en el bolsillo de los argentinos, los más pobres y la clase media –cada día más golpeada–. Los ricos salen indemnes, como casi siempre. Pero también en la popularidad de un mandatario que buscará la reelección en octubre del 2019. Con Cristina Kirchner acechando en la sombra. Ésta, arropada por un manto de corrupción, es difícil que vuelva a ser presidenta, pero si sigue así, Mauricio Macri tampoco.

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