Siguen a dos células del eje París-Bruselas en España

Son grupos entrenados para cometer ataques de forma coordinada y con el mayor número de víctimas.Los expertos creen que entre 10 y 15 de los combatientes eran españoles o de origen español.

Dos policías vigilan, ayer, el madrileño aeropuerto Adolfo Suárez tras los atentados de Bruselas
Dos policías vigilan, ayer, el madrileño aeropuerto Adolfo Suárez tras los atentados de Bruselas

Son grupos entrenados para cometer ataques de forma coordinada y con el mayor número de víctimas

Las Fuerzas de Seguridad investigan si dos de las células formadas por Abdelhamid Abaaoud para cometer «acciones (atentados) en el exterior», están en España, según expertos antiterroristas, consultados por LA RAZÓN. Se trata de dos de los grupos entrenados en un campamento en Siria por el citado individuo para atentar en Europa. Según los expertos, entre 10 y 15 de los combatientes eran españoles o de origen español, lo que les permite una mayor facilidad de movimientos por nuestro país.

Hasta el momento, han intervenido dos células: en París, en noviembre del año pasado, y en Bruselas, el martes, con unos 15 intervinientes. Por lo tanto, hasta los 90 o 100 que salieron del citado campamento, se calcula que entre ocho y diez grupos pueden estar en países europeos, o incluso en naciones que participan activamente con la Coalición Internacional, como Canadá o Australia.

Se desconoce si su jefe, que falleció en noviembre en París en un enfrentamiento con la Policía, les había dado instrucciones de cuándo entrar en acción y los objetivos , aunque este extremo lo tienen claro los terroristas: los «cruzados» (cristianos) y todo lo que les rodea.

En caso contrario, los cabecillas de Daesh suelen usar la red social Telegram para mandar un mensaje que incluye una frase previamente convenida con el responsable y dinamizador de la célula, que indica que deben cometer atentados.

Nuestro país, «Al Andalus» como lo llaman ellos, se ha convertido en un objetivo prioritario por la efectividad demostrada en la lucha contra el yihadismo por la Coalición Internacional y por los acuerdos que mantiene con EE UU para el uso de las bases de Rota y Morón.

Retaguardia logística

Piensan los islamistas que sirven de retaguardia logística para los ataques que se vienen lanzando por parte de la coalición contra sus filas. De hecho, en los últimos tres meses, los grupos yihadistas han citado a nuestro país, en forma de amenaza, al menos en 19 ocasiones, lo que supone un aumento significativo respecto a 2015, cuando en todo el año se registraron unas 23. Y se trata tanto de amenazas como de simples referencias, tanto a Al Andalus como a Ceuta y Melilla. Y si antes era Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) la que más nombraba a España, en la actualidad es Daesh quien cita a nuestro país en sus comunicados o vídeos. Eso sí, las dos primeras amenazas de este año venían de AQMI y, según pasaban las semanas, Daesh ocupaba su puesto, asegurando incluso que nuestro país «pagará muy caro la expulsión» de los musulmanes de los territorios de Al Andalus.

Los integrantes de las células que se supone que están en España se esconden «confundidos con el paisaje». Viven en el seno de las comunidades musulmanas más numerosas y evitan al máximo reunirse entre ellos salvo que el dinamizador lo ordene. Estas comunidades, situadas en Melilla, Ceuta, Alicante, Cataluña o Madrid tienen ventajas e inconvenientes. Por un lado, pueden pasar inadvertidos pero, a la vez, saben que están sometidos a la vigilancia general de las Fuerzas de Seguridad.

Al estar entrenados por Abdelhamid Abaaoud, conocen a la perfección las misiones que tienen que ejecutar. El Daesh, a diferencia de Al Qaeda, tiene fijados lo que denominan «objetivos blandos», como las grandes concentraciones de «cruzados». El ideólogo de esta banda criminal, el sirio-español Mustafa Set Marian, alias Abu Musad Al Asuri, señalaba en su manual para combatientes que si atacaban un templo de otra religión procurarán no hacer daño a los fieles, justo lo contrario de lo que practican los seguidores de Abu Bakr al-Baghdadi, que primero asesinan a los fieles y después queman la iglesia. No en vano, este individuo era alumno predilecto del líder de Al Qaeda en Irak Abu Musad Al Zarkawi, abatido por las tropas norteamericanas, que puso de moda grabar la decapitación de sus enemigos, hasta que Ben Laden lo prohibió.

El problema es que Abdelhamid Abaaoud había heredado lo peor de tan siniestras prácticas y era las que enseñaba a sus alumnos en el campamento, situado en un lugar secreto cercano a Raqca, hasta formar su particular «batallón» integrado por un centenar de combatientes.

Aprendían a manejar armas cortas y largas, en especial los fusiles de asalto, así como la confección de explosivos, desde un cinturón con el que suicidarse, causar el mayor número de víctimas o evitar la detención, hasta bombas con las que derribar un avión. Incluso, coches o camiones bomba. Desde el punto de vista técnico, los «cursillos» no eran gran cosa, porque de lo que se trataba era de formar «militarmente» a individuos que ya estaban fanatizados y dispuestos a realizar la misión que se les encomendase.

La labor de los instructores era de lo más sencillo, ya que si alguno pretendía renunciar, sabía que su destino era la muerte, lo que publicitan a través de sus redes como ejemplo para futuros desertores.

Se trataba, tal y como adelantó LA RAZÓN en su día, de infundirles la sangre fría necesaria para, como ha ocurrido en los atentados cometidos en Francia y Bélgica, disparar a la menor distancia posible. La evaluación, dirigida por «instructores» bajo la supervisión de Abdelhamid Abaaoud, consistía en saber cuáles eran aptos para la «guerra» y quiénes, por mucho que se les enseñara, en caso de combatir se convertirían en un auténtico problema en el campo de batalla.

No es que unos fueran más listos que los otros, ya que se trataba de individuos de escasa cultura y fácilmente manipulables, sino que unos tenían más puntería que los otros y capacidad para integrarse en unidades «militares», con lo que ello supone de fe ciega.

De ellos es de donde Abaaoud entresacaba a los que considera más aptos para formar las células que iban a cometer atentados en el extranjero, en especial en Europa, ese siniestro «batallón» del que quedan operativos más del 80 por 100 de sus miembros. Un experto, como adelantó ayer este periódico, ha sentenciado que hay un Daesh antes de la discoteca Bataclán de París y uno posterior.

Las células operan de forma coordinada, con absoluta sangre fría, preparan durante semanas, hasta el más mínimo detalle los atentados y los cometen procurando causar el mayor número de víctimas.

Y mientras se sigue la pista a estos dos grupos, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado no tienen constancia de que los identificados como los presuntos autores de los atentados perpetrados en Bruselas hayan estado en España, explicaron fuentes de la lucha antiterrorista, informa Efe.

De esta forma, las fuerzas de seguridad de nuestro país han determinado que por ahora no hay constancia de hayan pasado por España o tengan relación con nuestro país ni los hermanos El Bakraui ni Laachraui, según las mismas fuentes.