Guerras y conflictos

Las implicaciones del avispero sirio

La intervención de Rusia en Oriente Medio ha dado un vuelco al enquistado conflicto sirio en favor de Asad y ha consolidado los intereses geoestratégicos del presidente ruso en la región.

Las implicaciones del avispero sirio
Las implicaciones del avispero siriolarazon

La intervención de Rusia en Oriente Medio ha dado un vuelco al enquistado conflicto sirio en favor de Asad y ha consolidado los intereses geoestratégicos del presidente ruso en la región.

El conflicto armado en Siria se ha desarrollado y desarrolla en diferentes niveles, con actores internos, así como extranjeros e internacionales, implicados en mayor o menor medida. Por este motivo, se ha calificado como una «proxy war» o «guerra por representación», lo que supone un resurgir del enfrentamiento propio de la Guerra Fría, con Estados Unidos y la Federación Rusa en posiciones enfrentadas en cuanto al futuro del régimen de Bachar al Asad, visto por los primeros como el principal obstáculo para la pacificación del país árabe y por los segundos como el único garante de la estabilidad en el mismo.

Aunque el conflicto en Siria se desencadenó al calor de la denominada Primavera Árabe –que logró el derrocamiento de algunos regímenes–, la evolución en Siria siguió un curso bien distinto al de su más claro precedente, Libia, dando lugar a más de seis años de conflicto armado, con la población civil como principal derrotada y víctima de crímenes de guerra y violaciones del derecho internacional humanitario.

En 2013, el uso de armas químicas pudo suponer que se desencadenara una intervención internacional que logró ser impedida al aceptarse la propuesta rusa de destrucción del arsenal químico del régimen de Bachar al Asad, creándose un Mecanismo Conjunto de Investigación de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas para la investigación de los hechos y la identificación de los responsables.

Fue el primer claro apoyo de Rusia al régimen alauí que anunció que vetaría cualquier resolución del Consejo de Seguridad que autorizase el uso de fuerza armada al amparo del Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas. Ese veto se produjo finalmente el pasado mes de febrero, junto con el de China, al que se sumó el voto en contra de Bolivia, para impedir que se aprobara una propuesta de resolución en la que se condenaba enérgicamente el empleo de armas químicas por las autoridades sirias y por el Estado Islámico o cualquier otro actor, en contravención del Derecho Internacional durante el conflicto que tiene lugar en la República Árabe Siria desde marzo de 2011. Además, contemplaba un régimen sancionador, incluyendo una lista de las entidades e individuos del régimen sometidos a las medidas previstas.

Entre ambas actuaciones, el apoyo ruso a las fuerzas gubernamentales sirias se tradujo, junto a la venta de armamento, en una participación armada directa el pasado 30 de septiembre de 2015 por medio de una campaña aérea que ha demostrado tanto la modernización del Ejército ruso como la multiplicación de «daños colaterales» en clara violación del Derecho Internacional. Las cifras varían, pero algunas de ellas cifran en cerca de 4.000 las bajas civiles causadas en el curso del año en que se han perpetrado los ataques rusos. Sin duda, Rusia ha demostrado con el despliegue militar en Siria una gran capacidad para planificar, ejecutar y sostener una operación compleja y una habilidad logística para mantener el suministro de unas fuerzas localizadas a una gran distancia de su territorio. Sin duda, la intervención aérea ha sido la participación más llamativa sin que quepa desdeñar la intensificación del entrenamiento y reequipamiento del Ejército sirio. Todo ello ha representado un factor crucial en el proceso de cambiar el curso de los acontecimientos y muy significativamente el presente y muy previsiblemente el futuro del presidente Asad. Sin embargo, y paralelamente, los esfuerzos por encontrar una solución negociada al conflicto tampoco han faltado. Al respecto cabe destacar el establecimiento del Grupo de Apoyo a Siria, a iniciativa de Estados Unidos y Rusia y con participación de varios estados y organizaciones internacionales, con el fin de encontrar una solución negociada al conflicto.

En todo caso, de acuerdo con las Fuerzas Armadas sirias, el apoyo brindado por las Fuerzas Aéreas rusas ha jugado un papel fundamental en las victorias que allanaron el camino para el acuerdo de cese de las hostilidades. En definitiva, Rusia ha demostrado ser un aliado fiel a Asad, defendiendo sus intereses estratégicos. Con la instalación naval rusa de Tartus como máximo exponente, ha recuperado el papel de gran potencia en el escenario internacional y se puede afirmar que ha luchado también contra los grupos terroristas y contribuido a evitar una mayor radicalización de la región. En la medida en que perdure el régimen de Asad se ha de considerar una exitosa intervención para los intereses de la nación liderada por Putin.