Histórica segunda vuelta en Argentina para elegir presidente a Scioli o Macri

Mauricio Macri baila tras saludar a sus seguidores en Buenos Aires, Argentina
Mauricio Macri baila tras saludar a sus seguidores en Buenos Aires, Argentina

Argentina definirá el 22 de noviembre en una inédita segunda vuelta si quien gobernará durante los próximos cuatro años será el oficialista Daniel Scioli o el conservador Mauricio Macri, después de que ningún candidato obtuviera los votos suficientes para imponerse en la primera ronda.

Los argentinos concurrieron ayer a las urnas para elegir al sucesor de la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, que tras ocho años en el poder –doce si se incluyen los mandatos de Néstor Kirchner– dejará el cargo con algunos logros y desafíos por cumplir, los principales de ellos en materia económica tras años de estancamiento y problemas de inflación.

Y el resultado es que Argentina definirá el 22 de noviembre en una inédita segunda vuelta si quien gobernará durante los próximos cuatro años será el oficialista Daniel Scioli o el conservador Mauricio Macri, después de que ningún candidato obtuviera los votos suficientes para imponerse en la primera ronda.

El dato sobresaliente de estas elecciones no fueron las sospechas de fraude, como algunos esperaban, sino la decisión del Gobierno, a cargo del escrutinio provisional, de difundir los primeros resultados seis horas después de cerrados los colegios electorales y cuando ya había sido contado el 67% de las mesas de votación.

Entrada la madrugada, con el 93,1% de las mesas escrutadas, Scioli, del gobernante Frente para la Victoria, sumaba el 36,39 por ciento de votos, por debajo del resultado de las primarias de agosto. Pisándole los talones, Macri, postulante del frente conservador Cambiemos, tenía el 34.75 por ciento.

Con estos números, ninguno iba a obtener el 45% de los votos o al menos el 40% más una diferencia de diez puntos sobre el segundo más votado necesarios para consagrarse presidente en la primera votación, por lo que Argentina celebrará por primera vez en su historia una segunda ronda electoral.

Mientras los 32 millones de argentinos que este domingo acudieron a las urnas ignoraron durante seis horas el resultado de la votación, todos los candidatos se adelantaron a lanzar sus discursos, dando por sentada una segunda vuelta.

Acompañado por su mujer, la exmodelo Karina Rabollini, el excampeón de motonáutica Scioli, que saltó a la política en los años 90 de la mano del presidente Carlos Menem (1989-1999) y terminó como vicepresidente de Néstor Kirchner (2003-2007), salió a convocar a los indecisos e independientes para lograr la victoria definitiva en noviembre.

"Voy a encarar esta nueva etapa como lo hice siempre en mi vida: con más fe y esperanza que nunca, seguiré buscando los puntos de encuentro necesarios para alcanzar definitivamente la victoria de todos los argentinos", dijo Scioli ante miles de militantes en un estadio Luna Park, de Buenos Aires, donde destacaron los "naranjas"que secundan al candidato y casi estuvieron ausentes los kirchneristas "puros".

Scioli, de 58 años, agradeció por "dejar un país normal, sin deudas y con paz social"a la presidenta argentina, Cristina Fernández, que en la noche de este domingo estuvo en la sede del Ejecutivo, pero no apareció por el Luna Park, a unas pocas metros de la Casa Rosada.

En su discurso, el candidato oficialista señaló que "existen dos visiones muy diferentes del presente y del futuro de la Argentina que están en juego"y sostuvo que "los cambios tienen que ser para adelante y no para atrás".

A puro baile, Macri y sus aliados celebraron en un centro de convenciones de Buenos Aires haber llegado a una segunda vuelta electoral, un escenario sin antecedentes en Argentina.

"Rumbo al 22 de noviembre, como una etapa hacia el 10 de diciembre, que cada uno asuma el protagonismo para poder decirle el día de mañana a sus hijos 'yo en 2015 me comprometí'", dijo Macri, que salió a convocar a todo el arco opositor, desde la izquierda hasta el peronismo disidente.

Macri, alcalde de la capital argentina desde 2007 y líder de Propuesta Republicana (Pro), aseguró que "lo que ha sucedido el día de hoy, cambia la política de este país".

"Esto que está pasando acá se extiende por todo el país", afirmó Macri, de 56 años, recibido con una ovación por los militantes al grito de "Se siente, Mauricio presidente", informa Efe.

Las elecciones se realizaron con normalidad aunque con la custodia de observadores internacionales y locales, más la vigilancia de las fuerzas de seguridad y un monitoreo satelital de los vehículos a cargo de trasladar las urnas desde y hacia los lugares de votación. Durante todo 2015, en otros procesos electorales locales, opositores y oficialistas cruzaron acusaciones y denuncias de fraude e irregularidades.

«Yo tengo la esperanza de que los argentinos van a seguir construyendo sobre lo construido», declaró tras votar el candidato oficialista, Daniel Scioli. Su principal rival en la contienda electoral, Mauricio Macri, postulante de la coalición opositora Cambiemos, aseguró que los votantes fueron a las urnas con una convicción: «Argentina elige si sigue igual o si quiere un cambio histórico», dijo. Por su parte, Sergio Massa, del partido UNA y situado tercero por las encuestas en las preferencias, expresó que «más allá del resultado y de las cuestiones política, ojalá empiece una etapa nueva en la Argentina a partir de la decisión de la gente».

Además de Scioli y Macri, los argentinos tuvieron como opción electoral otros cuatro nombres: Sergio Massa (UNA), situado en las encuestas previas en el tercer lugar con una cifra de votos que rondaría el 20%; Margarita Stolbizer (Progresistas); Nicolás del Caño (Frente de Izquierda y de los Trabajadores); y Adolfo Rodríguez Saá (Compromiso Federal), que gobernó el país durante una semana en diciembre de 2001, cuando el país se encontraba inmerso en una crisis económica que disparó un estallido social. En los últimos días analistas económicos y políticos buscaron respuestas acerca de qué Argentina dejará el kirchnerismo a su sucesor tras doce años de mandato: cuatro de Néstor Kirchner (2003-2007) y los ocho últimos de Cristina Fernández. Entre los puntos a favor destacaron el incremento del Producto Bruto Interno (PBI) y del empleo, la mayor protección social para los sectores más desprotegidos y un significativo apoyo a la ciencia y la tecnología. Entre los negativos, la inflación supera el 20%, las exportaciones se mantienen en un nivel similar a 2008, la pobreza –según datos de organizaciones sociales y universidades, porque el gobierno dejó de confeccionar sus estadísticas hace tiempo– alcanza al 25% de la población, la informalidad laboral supera el 30%, el precio de las materias primas no parecen resurgir a los niveles de hace un lustro, cuando el país logró un crecimiento rotundo, y el tipo de cambio con respecto a otras naciones de la región, como por ejemplo Brasil, se encuentra retrasado. Por ese motivo, los economistas recomiendan realizar una devaluación del peso y un ajuste en materia fiscal y de precios, dos duros golpes para los bolsillos de los trabajadores argentinos.

El próximo gobernante, además, deberá afrontar el litigio que el país mantiene en la justicia estadounidense con los llamados «fondos buitre», inversores de la deuda externa que se niegan a recibir una reducción en el monto de los bonos adquiridos hace más de una década y que con una demanda internacional pusieron en jaque financiero al país.

Los expertos también coinciden en que aumentó el delito y la presencia del narcotráfico, que el nivel educativo se encuentra en baja y que el nuevo presidente deberá tener una mejor relación con Estados Unidos y Europa, mientras reafirma el proceso de integración logrado en la última década en Latinoamérica.

La baja calidad de sus instituciones, los hechos de corrupción en los que se vieron involucrados varios funcionarios públicos, entre ellos el vicepresidente saliente, Amado Boudou, y la todavía no esclarecida muerte del fiscal especial del caso AMIA Alberto Nisman, ocurrida en enero por un disparo en la cabeza y tras denunciar por encubrimiento a la jefa de Estado, son otros puntos oscuros todavía por resolver.

El legado del kirchnerismo no aparece sencillo, aunque Cristina Fernández aseguró ayer, luego de votar, que dejaba a su sucesor un país «absolutamente normal» y que «nadie tiene miedo de que le pase algo económicamente». «No fue magia», repitió Fernández en sus últimos discursos para destacar los logros conseguidos, tres palabras que sus seguidores transcribieron en paredes y remeras. Para los expertos, tampoco será un pase mágico tomar el rumbo del país cuando ya no esté en la presidencia.

El perfil / Cristina Fernández Jefa del Estado argentino

La presidenta arrogante

Abandona el poder con una tasa de popularidad que supera el 50%, la más alta de la región, y si hubiera podido reformar la Constitución, Cristina Fernández estaría compitiendo en las elecciones presidenciales por tercera vez. Tras ocho años al frente del país, es una presidenta amada y odiada con la misma intensidad en Argentina. Populista y arrogante, ha gobernado despreciando a la oposición, a la Justicia y a los medios de comunicación críticos con el Gobierno. Incluso hubo un tiempo en que también se burló del candidato que ella ha elegido para sucederle en el poder, Daniel Scioli. Aliada de los países bolivarianos, se alejó de EE UU, donde diplomáticos del Departamento de Estado la tildaron de «paranoica». También se le acusa de haber dividido al país con su estilo agresivo y confrontador y de haber promovido un desgaste institucional concentrando el poder posible, apoyada por un círculo muy reducido, en el que están su hijo Máximo Kirchner; el candidato a la vicepresidencia, Carlos Zannini; el ex jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y el ministro de Economía, Axel Kicillof. El kirchnerismo replica que la presidenta logró impulsar políticas sociales que rebajaron los índices de desigualdad y de pobreza y que combatió la impunidad ante los delitos contra los derechos humanos cometidos durante la dictadura.

Goyo G. Maestro