El clérigo Gülen: ¿ideólogo del golpe o cabeza de turco?

Desde el primer momento, el presidente turco acusó a Fethullah Gülen de estar detrás del golpe y pidió su extradición a EE UU. Washington exige pruebas de su implicación para iniciar los trámites

El clérigo turco Fetulá Gulen
El clérigo turco Fetulá Gulen

Desde el primer momento, el presidente turco acusó a Fethullah Gülen de estar detrás del golpe y pidió su extradición a EE UU. Washington exige pruebas de su implicación para iniciar los trámites.

La gran pregunta el día después del intento del golpe de Estado era quién estaba detrás. Los leales al presidente turco lo tienen claro, se trata del archienemigo de Erdogan: el predicador Fethullah Gülen. Una posibilidad que los analistas rechazan. Incluso ayer, John Kerry, el secretario de Estado de EE UU (lugar donde reside Gülen), exigió a Ankara que «comparta pruebas de la implicación de Gülen con los servicios estadounidenses», más si exigen que sea extraditado. «Personalmente encuentro muy poco probable, si no imposible, que los militares golpistas sean simpatizantes de Gülen», explica Burak Kadercan, profesor experto en estrategia y seguridad en la Escuela Naval de Guerra de EE UU. El propio clérigo musulmán se defendió desde su casa en Saylorsburg, Pensilvania. «Ya no sigo los acontecimientos de Turquía ni sé quiénes son mis supuestos seguidores». Gulen añadió que el golpe podría «haber sido un montaje» del propio presidente y pidió a los turcos que no vieran las intervenciones militares de manera positiva.

En las últimas horas, más de 2.800 soldados han sido detenidos y se ha destituido a cinco generales y a otros 29 coroneles. De momento, todo apunta a que los líderes no eran de la plana mayor del Ejército, sino mandos intermedios. Así, entre los arrestados se hallan Adem Huduti, comandante del 2º Ejército de Turquía y Erdal Öztürk, comandante del 3º Ejército.

«Es muy extraño que el Gobierno lo tenga tan claro y enseguida haya implicado a Gülen», indica Carmen Rodríguez, profesora de Estudios Turcos Contemporáneos en la UAM, que se pregunta por qué, a diferencia de otros golpes de Estado, no fue un militar quien leyó el comunicado, como sí hicieron en su momento Pinochet o Videla, y se lo entregaron a la presentadora del informativo de TRT1. Muchos de los soldados de bajo rango han reconocido que no sabían que formaban parte de un golpe, sino que pensaban que estaban realizando simples ejercicios militares. «Me lo creo perfectamente. Además es que se trató de una sospechosa gran muestra de fuerza y de no fuerza. Es decir, no tenían la orden de disparar contra los civiles. Muchos soldados permanecieron impasibles frente a los turcos que los increpaban». Por lo que, en suma, para Rodríguez se trata de una asonada extraña de motivaciones aún desconocidas. Y tras la purga de ayer en la Judicatura y con el precedente de los juicios anteriores a «traidores» en Turquía, será muy difícil aclarar la verdad sobre los golpistas del 15 de julio.