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Una sociedad más secular

Es prematuro pensar que la ola de manifestaciones pueda derribar al régimen de los ayatolás, pero si persistieran las protestas, podrían propiciar cambios en las políticas

Tiempo de lectura 4 min.

04 de enero de 2018. 03:55h

Comentada
Meir Litvak.  4/1/2018

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¿Cuál es su punto de vista sobre las protestas en Irán?

–Es indudable que existe algo dramático en estos acontecimientos. No sabría decir ahora si estas manifestaciones pueden terminar en revolución y en un derrocamiento del régimen. Eso es algo que no se puede saber en este momento. Pero inclusive si no se llega a eso, espero que sí logre hacer que el régimen iraní cambie al menos su política en alguna medida.

Éstas no son las primeras protestas en Irán, aunque sí desde el año 2009, cuando se produjo la llamada «revolución verde». ¿Qué hay de especial en estas manifestaciones?

–Si ocho o nueve años después de la represión de las revueltas de 2009 ahora nuevamente estallan desórdenes, está claro que existe un problema. Además, estas protestas se han extendido rápidamente a muchas ciudades. Y lo más significativo es que también han llegado a pequeñas localidades. Esto demuestra que grupos de la sociedad que antes no actuaban de forma política ahora sí lo hacen.

Las algaradas comenzaron por reivindicaciones económicas, pero también hay quienes piden la muerte del líder supremo, Ali Jamenei. ¿Es ya una protesta política?

–Por supuesto. En Irán hace años que hay quejas por la situación económica. Ha habido no pocas huelgas, aunque las autoridades iraníes las silenciaron. Pero no se pasaba de la protesta económica a criticar al sistema y a decir que el régimen no sirve. Ahora sí lo están haciendo. He recibido de una fuente iraní una cita que dice mucho: «Participamos en la revolución de 1979. ¡Qué error cometimos!».

¿Eso va contra la revolución islámica y su agenda?

–El pueblo iraní tiene claro que el régimen de los ayatolás es el responsable de la situación económica. Uno de los mensajes que lanzan los manifestantes estos días es que Irán entrega dinero a sus socios de Siria, Yemen, Irak, Hizbulá y a los palestinos, y no a los propios ciudadanos iraníes. Por lo tanto, el tema es tanto económico como político.

¿Esta protesta significa que el pueblo se está alejando de la islamización y del carácter opresor del régimen de los ayatolás?

–Hay muchos indicios de que el pueblo iraní es más secular que antes. Son varias las señales. Los propios líderes religiosos hablan abiertamente de eso, dicen que las mezquitas están vacías, que los jóvenes no van. Se ve inclusive en cosas como el aumento del consumo de drogas.

Las mujeres que se manifestaron sin velo estos días, ¿supone una señal más del proceso?

–Sin duda alguna. Cuando se impone la religión como lo ha hecho Irán, la gente se aleja. Hay una figura religiosa iraní, muy destacada, que dijo: «Nuestro peor error ha sido imponer a nuestras mujeres vestir el ‘hijab’».

¿Cree que existe alguna posibilidad de derrocamiento del régimen?

–Es prematuro saberlo. Pero si las protestas se mantienen en la dimensión actual, no lo lograrán. Aquí los números son clave. Tiene que haber masas enormes protestando durante mucho tiempo para que se vea un vuelco definitivo. Hay que tener presente también que el régimen teocrático aún tiene un núcleo duro de población que está dispuesta a luchar por su supervivencia. La mayor parte de la sociedad quiere más libertad, democracia y apertura. Eso es indudable. Pero hay también un sector fuerte y duro que está dispuesto a ir hasta las últimas consecuencias para defender la República islámica.

Sea como sea, si los manifestantes no consiguen derribar al régimen, ¿qué opciones quedan?

–Las protestas, aunque no derriben al régimen, pueden obligarlo a reevaluar las políticas gubernamentales.

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