Washington acepta negociar cara a cara con los talibanes

La Razón
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Las negociaciones de paz con los talibanes vuelven a estar en lo alto de la agenda internacional. Ayer se inauguró la oficina del Talibán en Qatar para el diálogo directo entre los insurgentes y Washington, con el fin de allanar el camino al proceso de paz en Afganistán antes de la salida de las tropas de combate de EE UU y la OTAN a finales de 2014. La primera ronda de conversaciones será mañana, anunciaron ayer funcionarios de la Casa Blanca. Por su parte, el portavoz talibán, Mohamed Naeem, dijo en una conferencia en Doha que el movimiento insurgente quería buenas relaciones con los países vecinos. También elogió al presidente afgano, Hamid Karzai, por dar un «paso valiente», enviando representantes a Qatar para discutir la paz. Sin embargo, advirtió de que el proceso sería largo e insistió en la ruptura del movimiento con Al Qaeda y en acabar con la violencia. Pero antes de llegar hasta aquí, representantes talibanes mantuvieron durante meses reuniones secretas en Noruega para negociar, entre otras cuestiones, la apertura de una oficina en la capital de Qatar, según dijo ayer el ministro de Exteriores noruego.

Al margen de este primer gesto, la reconciliación afgana no tendrá éxito sin la implicación total de Pakistán. «Ambos procesos de paz deben ir de la mano», explica a LA RAZÓN Hamid Gul, ex jefe de los servicios secretos paquistaníes (ISI). EE UU tiene invertidos en Afganistán 80.000 millones de dólares en equipamiento militar y armamento pesado, y la única vía de salida para sacarlo del país es a través de las rutas paquistaníes. «Es prioritario, de lo contrario pasará como con el Ejército soviético, que tuvo que dejar todo el armamento militar y salir corriendo», indica Gul, para quien EE UU tampoco está en una posición fuerte. «Los talibanes sienten que las tropas estadounidenses han perdido en el campo de batalla, por lo que Washington no está en posición de exigirles que depongan las armas y entren en las negociaciones». A su juicio, Karzai es «un presidente títere de EE UU y los talibanes no confiarán en él». Gul sostiene que para que el proceso de reconciliación funcione sería necesario «alcanzar un alto el fuego duradero en Afganistán y Pakistán; la dimisión de Karzai y la formación de un gobierno de transición que incluya a todas las facciones –pastunes, tayikos, uzbekos, hazaras–; y la participación de los talibanes en las elecciones de 2014».