La Policía clausura un local con 48 menores

Estaban hacinados en una sala de ensayo de Carabanchel bebiendo alcohol. Pagaron 400 euros al encargado por el alquiler del espacio

No contaba con detector de incendios ni iluminación de emergencia
No contaba con detector de incendios ni iluminación de emergencia

Estaban hacinados en una sala de ensayo de Carabanchel bebiendo alcohol. Pagaron 400 euros al encargado por el alquiler del espacio

Parece que se ha convertido en una costumbre demasiado habitual y prácticamente cada fin de semana la Policía Municipal de Madrid clausura un local con menores en el interior consumiendo alcohol, que superan el aforo permitido y sin las más mínimas condiciones de seguridad e higiene. Esta vez ha sido en Carabanchel. Ocurrió la madrugada de ayer, a eso de las 2:45 horas en La Vieja Guardia, un local de copas que cuenta con salas de ensayo anexas y que se encuentra en el número 3 de la calle Tórtola de la capital. Los agentes se presentaron en el establecimiento hostelero debido al ruido provocado por la música a gran volumen, que se esecuchaba desde la calle. Si la cosa ya olía a multa por exceso de decibelios, el asunto tomó un cariz aún peor cuando los funcionarios comprobaron que la puerta no se podía abrir y estaba cerrada desde el interior. En esos momentos, el encargado del local abrió para que pudieran salir cuatro clientes y la Policía aprovechó para presentarse y acceder al interior del pub. Los agentes comprobaron que también había otra puerta cerrada, que daba a una sala de grandes dimensiones y había una escalera de 45 grados de inclinación que da acceso a la planta superior. Una escalera que carecía de luces indicadoras de desnivel y cartel indicador, según el atestado policial al que ha tenido acceso este diario. Una vez arriba, los policías vieron que había varias salas cerradas que, según manifiesta el encargado, son pequeñas salas de ensayo de grupos de música. Y ahí estaba escondida la gran infracción (la más peligrosa) de las muchas que acumulaba el local. En una sala más grande, de unos 42 metros cuadrados, había 48 jóvenes que nada más ver a los agentes se pusieron bastante nerviosos.

Sin medidas de seguridad

Se encontraban bebiendo licores de alta graduación (ron, vodka y whisky), la sala carecía de ventilación natural, la temperatura era muy elevada y había una luz tenue con luces de colores estroboscópicas, según el atestado, además de un escenario de unos diez metros cuadrados y un reproductor de música conectado a cuatro grandes altavoces. La Policía les solicitó la documentación y comprobó que absolutamente todos eran menores de edad. Preguntados por el organizador del evento, los chicos explicaron que ellos había pagado al encargado del local 8,10 euros en concepto de alquiler de la sala, ya que las bebidas las habían traído ellos, aunque parte de las mismas también las había facilitado el local.

Los agentes se pusieron en contacto con los tutores de los chavales, que se personaron en el lugar para hacerse cargo de ellos, según fuentes policiales. En la inspección de la Unidad de Distrito de Carabachel, también se comprobó que los aseos tampoco contaban con certificados de desinfección, según las mismas fuentes. En realidad, una vez desalojados los menores y hablando con el encargado del bar, los funcionarios comprobaron que el establecimiento carece de cualquier tipo de documentación para ejercer la actividad de bar especial ni contaba con elementos de seguridad para la detección y extinción de incendios. Por todo ello, se procede a multar al encargado, un peruano de 23 años llamado Ronald Brayan Anaya.