Meghan y Harry: La boda real que se convirtió en culebrón

Cinco meses después de que la pareja hiciera oficial su compromiso, hoy a la una de la tarde se celebrará el esperado enlace en Windsor. Markle consiguió ayer a última hora que su suegro, el príncipe Carlos, la lleve hasta el altar

Anuncio de compromiso de Harry y Meghan / Gtres
Anuncio de compromiso de Harry y Meghan / Gtres

Cinco meses después de que la pareja hiciera oficial su compromiso, hoy a la una de la tarde se celebrará el esperado enlace en Windsor. Markle consiguió ayer a última hora que su suegro, el príncipe Carlos, la lleve hasta el altar.

El príncipe rebelde se enamoró de la americana divorciada. El cuento de hadas tuvo su primera versión en 1937, cuando Eduardo VIII –tío de la actual monarca– se casó con la socialité Wallis Simpson. Claro que aquello no tuvo final feliz. Él se vio obligado a renunciar al trono y como regalo de bodas, Palacio dio a la pareja un exilio en Estados Unidos. Lleno de lujos, pero exilio obligado, al fin y al cabo. Con Harry todo ha sido distinto. El hijo menor de Lady Di siempre fue el rebelde de la familia real. Pero, al mismo tiempo, el ojito derecho de su abuela, Isabel II, que siempre ha visto en su nieto el lado salvaje que en su día le cautivó de su marido, el príncipe de Edimburgo, al que el protocolo le crea también el mismo ahogo.

Sí, las cosas han cambiado mucho desde 1937. Palacio ha evolucionado y el matrimonio de Harry (33) con Meghan Markle (36) –divorciada, mestiza y tres años mayor– se valora ahora desde un prisma muy distinto. Se considera que la americana trae ese aire de modernidad y globalización que tanto gusta ver en las actuales Casas Reales de Europa. El compromiso se anunció en noviembre del año pasado tras un noviazgo fugaz. «El hecho de enamorarme de Meghan tan increíblemente rápido fue una confirmación de que todas las estrellas estaban alineadas. Todo era perfecto», explicó en su momento el novio. Y fue idílico. El pueblo acogió con los brazos abiertos a la actriz. Las apariciones públicas de la pareja despuntaron aún más si cabe la popularidad de la que goza ahora la Casa de Windsor.

Pero el cuento de hadas ha tenido también su particular hermanastra. La familia de Meghan ha complicado sobremanera los preparativos del enlace. El hermanastro, Thomas, escribió de su puño y letra una carta aconsejándole a su cuñado que anulara la boda. La hermanastra, Samantha, no ha parado de sacar trapos sucios de Meghan y se queja de que no fue invitada al matrimonio, a pesar de que no se habla con ella desde hace diez años. El sobrino, Tyler, que cultiva (legalmente) cannabis en Oregón, ha aprovechado la ocasión para lanzar la variedad Markle Sparkle. Y por su parte, Thomas, el padre, ha puesto el gran colofón anulando su asistencia tan solo tres días antes de la ceremonia. Sus supuestos problemas de salud le impiden viajar, aunque todo sea dicho, ha tenido más peso el escándalo creado tras la negociación de unas fotografías con los paparazzi. Hasta el último momento, no se ha conocido quién iba a llevar a la novia al altar. Y si se tiene en cuenta el estricto protocolo de Palacio y una organización milimétricamente detallada para un evento de tal calibre, eso es inaudito.

Una nueva carrera

En realidad, la madre de la novia, Doria Ragland, que no fue hasta ayer cuando tomó té con la soberana para poder conocerse personalmente, es la única representante conocida de la familia de Meghan. La actriz ha preferido estar acompañada por amigos y compañeros de «Suits», el drama legal estadounidense que impulsó una carrera como actriz que ahora ha tenido que abandonar para comenzar una vida completamente distinta. Seguirá bajo la atenta mirada de los fotógrafos, pero ya nada será igual para una mujer que había defendido con pasión sus ideales políticos.

Hoteles con polémica

Con todo, los percances protagonizados por su familia no han restado interés al enlace. Al contrario. Aunque el príncipe Harry es el sexto en la línea de sucesión, su boda ha adquirido el mismo nivel mediático que el que alcanzó en 2011 el de su hermano Guillermo, el futuro rey, con Catalina. El duque de Cambridge, que actuará hoy de padrino, fue el encargado de acompañar ayer al novio en su última noche de soltero. Los hermanos se alojaron en el Coworth Park, en Ascot. Aunque la elección sorprende, ya que Meghan, durante su carrera como actriz, boicoteó en alguna ocasión los hoteles de la casa Dorchester al no aprobar las políticas de su propietario, el sultán de Brunei. En su día, la americana se negó a alojarse en el Dorchester en Londres, ya que su dueño había sugerido que los castigos «Sharia» deberían ser aplicados a los adúlteros y homosexuales y que las mujeres que abortaran tenían que ser azotadas en público.

Quizá por ello la novia y su madre se alojaron anoche en el Cliveden House Hotel, un sitio que tampoco está exento de polémica. Fue allí donde en 1961 nació el «affaire» de John Profumo, un ministro del partido conservador, con la «escort» Christine Keeler, que a su vez mantenía una relación con un espía soviético. El escándalo terminó con la carrera del ministro y precipitó la salida del propio jefe de Gobierno, Harold Macmillan. Toda una nota de color para este cuento de hadas con una pizca de melodrama.