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Mitos y verdades del agua del mar

Arrojarse al océano en busca de una botica con remedios para enfermedades que ni siquiera están resueltas por la medicina es una práctica habitual del veraneante

  • Mitos y verdades del agua del mar

Tiempo de lectura 8 min.

21 de agosto de 2018. 06:12h

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Marian Benito.  21/8/2018

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El caldo está servido. Agua de mar y una generosa cantidad de parásitos y bacterias. Son los ingredientes que contiene cada gota salada: cientos de miles de seres vivos, tan pequeños que son invisibles al ojo. ¿Y aun así esperamos encontrar en ella la cura para nuestros males? La ciencia ha aportado ya razones de peso que indican que ingerir el agua de mar es perjudicial para la salud. Además de estas espléndidas colonias de microorganismos, nuestros riñones no están preparados para eliminarla debido a su composición. A diferencia del agua dulce, contiene cloruro de sodio o sal común, en una proporción de 35gr/l., además de otros elementos químicos. La duda se repite cada verano. ¿Tesoro o timo? El médico francés René Quinton, padre de la terapia marina, fue quien atizó este debate al proponer, en el siglo XIX, el agua marina para reconstituir las células dañadas. La diluyó con agua destilada y creó un suero que administraba por vía oral y a veces intravenosa. Numerosos estudios médicos han desmentido las propiedades curativas, casi milagrosas, que él preconizaba, pero sin despreciar las virtudes del agua marina. En gastronomía, por ejemplo, está ganando incondicionales gracias a las aguas embotelladas previamente tratadas. Excepto cuando se cuece marisco, en el resto de platos se usa diluida con agua dulce. En España ya hay varias empresas que la comercializan. El proceso de depuración y potabilización, además de los estrictos controles a los que se someten en las plantas de embotellamiento, hacen que sea un producto apto para el consumo. Dejando claro que, como advierte la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), las botellas de agua marina no son medicamento.

En dermatología es cada vez más aclamada, tanto en clínicas de salud como centros de belleza. ¿También hay mucho mito aquí? La dermatóloga Anabel Cervera López despeja algunas dudas. «En realidad, los beneficios del agua del mar per se son pocos, si bien es cierto que es preferible un baño en el mar que en una piscina clorada, en la que se pueden producir irritaciones en los ojos y cierta coloración verdosa en los cabellos claros. Los adeptos a las medicinas alternativas le atribuyen efectos anti inflamatorios y bactericidas, por ello la recomiendan en múltiples patologías como el acné, la dermatitis atópica y la psoriasis. Se habla de propiedades hidratantes rejuvenecedoras y exfoliantes». ¿Cuánto hay de cierto? Su opinión es que el efecto favorable es más visible en enfermedades que tienen un componente psicosomático y en aquellas en las cuales existe un aumento patológico del espesor de la capa córnea de la piel, como la psoriasis. La sal marina reseca la piel provocando una exfoliación similar a un peeling superficial. «También se nota mejoría en la dermatitis atópica, pero en este caso se debe más al efecto inmunosupresor del sol que del propio baño de mar, igual que ocurre en ciertos acnés». No obstante, aclara que son resultados transitorios que no están libres de efecto rebote una vez que terminan las vacaciones, agravando incluso el famoso síndrome postvacacional. Además de lanzar esta advertencia, la doctora desaconseja los baños de mar cuando existen ciertas heridas abiertas o úlceras en la piel.

Los pies son otros de los grandes beneficiados por el mar. O al menos así lo hemos creído siempre. Óscar Fernando Sarmiento, vicepresidente del Colegio Profesional de Podólogos de Andalucía, deslinda las falsas creencias de la verdad médica: «Siempre que no haya ninguna contraindicación específica, el agua marina proporciona frescor a los pies cansados. Son beneficios que, en algunos casos, se explican simplemente por el frescor del agua, que tonifica y ayuda a conseguir ese efecto relajante que tantos buscamos en los paseos marinos, además de mejorar el retorno venoso por el efecto de vasoconstricción que produce el frío. Se asocia con el agua del mar la mejoría de las molestias articulares provocadas por la artritis, algo que, sin embargo, está aún por demostrar científicamente».

Lesiones a pie de playa

Para aprovechar esas virtudes que se le adjudican, Sarmiento considera crucial llevar el calzado adecuado a la superficie por donde vayamos a pasear. «No por llevar los pies cubiertos (pueden ser babuchas o chanclas con sujeción al tobillo) se pierden los beneficios del paseo por la playa. Un buen calzado mejora nuestra estabilidad y puede evitar caídas y lesiones a causa del oleaje y la resaca, algo a tener en cuenta, sobre todo en personas que tienen limitaciones». El podólogo hace también hincapié en que generalmente la superficie de la playa es inclinada y nos obliga a andar de una manera no natural. «Y si tenemos algún problema previo, debemos consultar con un podólogo u otro profesional sanitario especializado que estudie nuestra forma de caminar por si pudiera estar contraindicado hacerlo por la playa. Y si queremos evitar las lesiones por sobrecarga y las ampollas, tan frecuentes en esta época, es importante recordar que por muy bueno que sea el paseo sobre la arena y el agua del mar, después hay que volver al punto de salida». Una situación tan incómoda como esta puede encontrar solución si viajamos a la costa. Para Óscar Fernando Sarmiento, el agua marina se convierte en un magnífico aliado contra el olor de pies. «Además de ayudar a la circulación, regulando el exceso de sudor, la acción de la sal presente en el mar consigue un efecto peeling que hace que se eliminen las células muertas de la piel». Por otra parte, sus propiedades químicas pueden ayudar también a acabar con las bacterias responsables de tan desagradable efluvio.

Si los profesionales tienen claro hasta dónde llegan esas virtudes que se atribuyen al agua del mar, ¿en qué momento aparece entonces el timo? A Cervera no le cabe duda. «Cuando buscando la panacea y el elixir de la eterna juventud, las personas se dejan tentar por falsas alternativas a los verdaderos avances de la medicina». Pone el ejemplo del Mar Muerto, cuya concentración de sal de sulfuro ronda los 370 gr/l. «Los países limítrofes han encontrado en él una suculenta fuente de ingresos con el turismo sanitario». Expone además un sinfín de terapias con sal «casi rocambolescas y de dudosa eficacia». Por ejemplo, la whisky terapia, que empezó a usarse para tratar el insomnio y la ansiedad. En los centros que la ofrecen, al whisky le añaden aceite de coco y trigo, garantizando un supuesto efecto espumoso, igual que la cava terapia o vino terapia. Todas ellas toman el agua de mar como base principal y dicen aprovechar las propiedades antioxidantes de los productos añadidos. Pura patraña para una buena parte de la dermatología.

Endorfinas terapéuticas

A pesar de esos usos que nos dejan perplejos, la euforia que despierta el agua de mar está justificada visto lo mucho que mejora e incluso hermosea a quien la disfruta. Aunque a veces sea, según indica la doctora Cervera, simple placebo. ¿Cómo no sentirse reanimado cuando el movimiento del oleaje masajea el cuerpo sumergido en el mar? «El sonido de las olas, la luminosidad del sol que aumenta la producción de endorfinas, unido al hecho del disfrute de unas merecidas vacaciones, hacen del agua de mar esa sustancia con acción terapéutica», asegura Cervera . De ahí a arrojarse al océano en busca de una botica con remedios para enfermedades que a veces ni siquiera están resueltas por la medicina más avanzada, hay un gran trecho.

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