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Rocío Monasterio: «El político más atractivo es Errejón»

Madre de cuatro hijos, arquitecta de profesión, pintora y guitarrista, dejó la hormigonera para entrar en política porque «me sobra tiempo».

Madre de cuatro hijos, arquitecta de profesión, pintora y guitarrista, dejó la hormigonera para entrar en política porque «me sobra tiempo».

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La llaman populista pero es una de las políticas con mayor autonomía ideológica y, por lo mismo, bastante impopular en este templo al pensamiento único que hemos erigido. He entrevistado a la señora Rocío Monasterio, guapa, elegante, impuntual, inteligente (brillante, diría), elevada, afectiva, singular, divertida, con una gran dosis de ternura y por supuesto de humor (ya saben que para ésta, su cronista favorita, son las dos caras de la misma moneda y requisito fundamental en una buena cabeza). Conozcan , queridos amigos, a esta carismática y polifacética madre de cuatro hijos, arquitecta de profesión, pintora y guitarrista, que ha decidido dejar la hormigonera y dedicar su vida a la política porque, como bien pueden ustedes suponer, le «sobraba» tiempo.

–¿En política hay tantos egos como parece?

–Peor, a veces cuando analizas la toma de decisiones de los políticos te das cuenta de que lo que más pesa es el ego del líder. Su narcisismo. Y es lo que estamos viviendo ahora mismo en España, que estamos en manos de un ego descomunal. El caso de Sánchez es gravísimo y el de Rivera también.

–¿Cómo vive el peso de la imagen en las políticas españolas?

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–No cabe duda de que la imagen es muy importante porque con ella se transmiten ideas. Tiene su peso pero yo no voy a victimizarme en ese aspecto, creo que a veces es una desventaja y otras una gran ventaja. Lo importante es que las mujeres políticas podemos transmitir grandes valores como tener una profesión tan exigente como ésta y al mismo tiempo una familia y sacar adelante a los niños.

–Estando tan expuesta a la opinión pública y a la crítica, ¿cuánto tiempo dedica a arreglarse?

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–Lo mínimo. El tiempo que debería dedicar a arreglarme, arreglo a mis hijos. A mí lo que me interesan son las ideas que tengo que transmitir cuando me expongo a los medios.

–¿Continúa ejerciendo la arquitectura? ¿Cómo fueron sus orígenes?

–Ya no me dedico a la arquitectura pero es mi oficio de corazón y me gustaría volver en un futuro. La elegí porque siempre me gustó dibujar; era muy callada y observadora. La arquitectura es estar atento a la sociedad, entender la realidad e intentar transformarla y mejorarla. De hecho, la arquitectura y la política tienen muchísimo que ver. Ambas tratan de cómo ve uno al individuo, si cree en la libertad individual o no, del límite entre lo público y lo privado. Tienes que colocarte en favor de modelos de sociedad en los que se esquive la soledad y el egoísmo, donde no haya guetos. En ambas disciplinas debemos fomentar una sociedad mejor, un proyecto común.

–¿A qué hora se levanta y se acuesta?

–Cada mañana, como en cualquier casa con tantos niños, Iván y yo vivimos una lucha contrarreloj. Nos levantamos a las siete y diez y salimos corriendo a despertarlos. «¡La cuenta atrás!», grito, y ellos se rebelan y gritan a su vez. «¡Esto es Esparta!». Una de mis hijas se subleva y exclama aludiendo al manifiesto del partido con ironía: «Yo también soy mujer, no hables en mi nombre». Y lo utilizan cuando les doy alguna instrucción que no les gusta. El horario no nos ha cambiado mucho, antes me levantaba a la misma hora para ir a la obra y ahora voy a la Asamblea de Madrid. Por las tardes me dedico al partido e intento recoger a los niños, merendar con ellos y luego continuar con el trabajo. Me acuesto sobre la una, la hora mágica del día para mí, donde la casa está en calma y todo el mundo duerme. Ese es mi momento para reflexionar, desacelerar e inspirarme. Antes dibujaba por las noches, los arquitectos somos trabajadores nocturnos, ahora hago lo mismo con las ideas. También leo, por supuesto, es muy importante conocer las ideas que vienen de otras personas y tomar el pulso a la sociedad para no perder el foco y acabar movido por tu propio ego, que es lo que les pasa a algunos políticos.

–¿Hace ejercicio?

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–Regularmente, no, aunque me gustan el surf, esquiar, y cuando puedo, montar en bici con los niños. En general, son actividades en familia.

–¿Sabe planchar, alguna cuestión doméstica se le resiste?

–La plancha me aburre y los dulces no se me dan bien, pero me encanta cocinar potajes, platos de cuchara. Mis padres nos enseñaron a todos, chicos y chicas, a ser autónomos. No se concebía a una persona que no supiera realizar las tareas básicas. En nuestra casa los niños y las niñas planchan, cocinan y hacen sus cama. De hecho, los fines de semana cocinan ellos. Es muy importante, sobre todo para valorar también el trabajo de otras personas.

–¿Hay que ser autoritaria para llevar una casa como esa y tener un trabajo tan exigente?

–En general, tengo buen carácter y me enfado muy poco, pero, cuando me enfado... Reservo mis batallas para los días importantes. En política también. En casa es importante la disciplina y las líneas claras porque ayuda a que los niños crezcan con seguridad. La disciplina no es incompatible con la felicidad, que es lo que ahora nos quieren contar. Hoy todo el mundo habla del niño feliz pero ese es imposible sin unas reglas y unas normas en su casa, sin esfuerzo, sacrificio, premio y castigo. Se desautoriza a los profesores y no puede ser. Tanto los padres como los profesores debemos conservar la autoridad porque si no estamos formando una futura sociedad de niños blanditos que piensan que todo depende del voluntarismo, sin capacidad para encajar la frustración y sin respeto. La disciplina, como el cariño, son fundamentales para la crianza de niños con fortaleza mental.

–¿Cómo se definiría?

–Es muy difícil, pero yo tengo un afán. Me levanto con un afán. Creo que he sido muy afortunada en la vida y tengo que devolverlo. Todos deberíamos dedicar parte de nuestro tiempo o esfuerzo a tratar de mejorar un poco la sociedad con las herramientas a nuestro alcance.

–¿Cuáles son sus películas favoritas?

–«El cielo protector», «Memorias de África» y, sobre todo, «El Padrino».

–Recomiéndeme dos libros.

–«Cuando llegó la noche», de Huber Matos, y «Rayuela», de Cortázar.

–Un pintor.

–Rothko.

–¿Qué podríamos escuchar en su spotify?

–Estudié guitarra clásica y me encanta la música clásica. Bach, lo escucho y lo toco. Me encanta Rachmaninov. De música contemporánea, me gusta mucho la música cubana fusión y por ejemplo Rosalía, sus vídeos, la escenografía...

–¿Ven la televisión? ¿Y series?

–La vemos poco, pero estamos al tanto. Series cada vez menos, los domingos. Me ha gustado «Fariña», «West Wing» y «El ala Oeste de la Casa Blanca».

–¿Vio «House of Cards»? Un matrimonio de políticos como ustedes, o como Pablo Iglesias e Irene Montero...

–Sí, pero la abandoné. Está muy bien hecha aunque tanta maldad y violencia no me interesan.

–¿Ha visto algún «Supervivientes» o «Gh Vip?

–Claro, todo eso forma parte de la realidad de España.

–¿Y a Isabel Pantoja tirándose del helicóptero?

–No en directo, pero luego lo busqué. La televisión es una herramienta fundamental; además, lo que ven los españoles es lo que perciben, también pienso que hay que leer el «Marca». Un político que no sabe lo que hay en la televisión de hoy probablemente se pierda una parte muy importante del conocimiento de la sociedad actual.

–¿Qué opina de Chabelita, su nueva faceta como cantante y su videoclip?

–Me parece muy bien que busque su camino. Hay que dejar a la gente que lo haga.

–¿Cuál es su plato favorito?

–Fabada asturiana en invierno y, en verano, gazpacho.

–¿De los políticos actuales quién le parece más atractivo: Iglesias, Sánchez, Rivera o Casado?

–Errejón.

–Con quién se iría a tomar unos vinitos, ¿con Irene Montero o Carmen Calvo?

–Preferiría con Irene porque la podría convencer de varias cosas. Aunque me iría con cualquiera de las dos pero ellas no querrían venir conmigo. A nosotros los de Vox hay gente que no quiere ni dirigirnos la palabra. Ahí tenemos al señor Aguado, que no ha querido sentarse conmigo a negociar. Luego hay otros que sí, que de pronto hasta te dan la enhorabuena como Errejón si les gusta tu discurso. A mí en general me interesa conocer las ideas de todo el mundo y me sigue sorprendiendo que exista gente que por estar en Vox, no solo recurren a la descortesía, sino que llegan a situaciones violentas. Ciudadanos ha sido muy desconsiderado con Vox, pero aquí no estamos hablando de una descortesía conmigo. Es una falta de respeto a mis votantes. Y un insulto.

–¿Es creyente?

–Sí soy creyente, pero mala practicante.

–¿La política añade felicidad o la quita?

–La política complica mucho la vida personal y la de los que tienes alrededor. Tiene muchas consecuencias que antes no podrías valorar ni medir, pero nadie ha entrado jamás en la política para estar tranquilo, tener una vida más cómoda y ser más feliz, al menos yo no. Mi objetivo siempre ha sido modificar las cosas que creo que están mal.

–¿En qué ha cambiado su vida matrimonial desde que están en política?

–Ya trabajábamos juntos antes, así que en ese aspecto, es parecido y por otra parte ahora tenemos la posibilidad de entendernos, esas jornadas interminables y todo lo que acarrea la política es muy difícil de comprender si no estás dentro. Nos hemos metido en algo que afecta a la vida de los niños; el tener que ir con seguridad, el saber que existe gente dispuesta a agredirte y explicar eso a tus hijos es complicado. Creo que toda la sociedad española debería reflexionar sobre esto; cómo algunos actúan con violencia por pensar de una manera diferente. Todos los partidos debiéramos reflexionar sobre este fenómeno porque a la política se viene a intercambiar ideas diferentes y a debatir y ese principio debe ser respetado porque es la base de la democracia.

–¿Cómo combaten el estrés?

–Yo no siento estrés. La fortaleza mental es un músculo que se entrena, además, desde pequeños. Y claro, hay momentos de tensión pero Iván y yo estamos juntos y nos apoyamos. Aguantar la presión es parte de mi trabajo.

–¿Quién manda en casa?

–En casa somos un equipo. Se habla de las madres y la conciliación, pero debería hablarse de los padres y la conciliación. Educar a unos hijos es labor de dos, porque a ser personas se enseña en casa.

–¿Quién manda en el partido?

–El presidente. Sin embargo, en Vox tenemos muy claro lo que defendemos y vamos todos a una para defender lo mismo.

–¿Un vicio confesable?

–Me gusta cambiar muebles de sitio.

–¿Dónde hacéis la compra?

–En Mercadona o Alcampo. Yo estudio los precios ¿eh? Con familia numerosa...

Una de las cosas más inspiradoras para mí y que echo de menos son los desayunos de obra. En los desayunos de las obras he encontrado una parte importantísima de mi argumentario porque veía que el pensamiento político iba en una dirección pero que el sentir de la gente y sus necesidades iban por otra. Los políticos no saben de lo que hablan los españoles en los bares y es muy importante.

–¿Qué harían si alguno de sus hijos se hiciera de Podemos?

–Nuestros hijos leen y critican lo que hacemos. Debemos darles herramientas para que ellos elijan sus ideas políticas. Nunca vamos a cercenarles su capacidad de pensar y razonar.

–¿Hace dieta?

–No, soy más de pincho a media mañana, esta costumbre viene de las obras hormigoneando.

–¿Cómo hace para tener tan buena cara?

– Soy de las que confunde el desmaquillador con el quitaesmalte, pero pienso que la receta para tener buena cara es el sentido del humor.