Libros

Cierre de librerías: entre Imanol Uribe y Valdés Leal

Sevilla vive el cierre de establecimientos históricos –Repiso–, mudanzas –La Extra Vagante o Un Gato en Bicicleta– y aperturas –La Isla de Sistolá– en un intento de adaptación a una nueva era

Las librerías se enfrentan a problemas económicos
Las librerías se enfrentan a problemas económicos

«Que un libro siga vivo es un milagro», apunta Javier Marías. De las librerías, entonces, mejor ni hablar. Por cerrar, ha cerrado hasta la mítica librería portuguesa de las libretas azules de Pessoa, la papelería del Largo do Calhariz de la familia Bordalo tras un combate a KO con la globalización. Los tiempos del Kindle emparentan, como sostiene Paco Correal, con el filme «Farenheit 451», la película de Truffaut, o con el libro de Bradbury, cuyos títulos hacen referencia a la temperatura en la que el papel de los libros se inflama y arde. La cultura del «todo gratis» no casa con la vocación cuasimonástica del librero y no se salvan ni aquellas librerías que viven al resguardo de una nomenclatura secular como la de la Virgen de los Buenos Libros. Ni las obras de calidad ni la fe salvaguardan a las tiendas de libros. En enero cerró por liquidación Maymen, en la calle Recaredo de Sevilla, por Puerta Osario. También, por jubilación, cayó Céfiro, que inició su andadura un 28 de enero de 1985. Vértice, en la calle San Fernando; Novalis, en Triana; o Anatma, que también se traspasa, en el Pasaje de los Azahares, continúan una lista que parece una esquela conjunta. La Extra-Vagante, en la Alameda, se muda.Los responsables querían ampliar pero el precio de los alquileres –el triple en el otrora arrabal sevillano, según Joaquín Sovilla, uno de los promotores del espacio– provoca la marcha. «La fisonomía de la Alameda ha cambiado». Ahora es un «foco de modas hosteleras», señaló Sovilla cuando encaraba la mudanza a José Gestoso. Toda una gesta la de abrir una librería en los tiempos que corren. Abrió recientemente La Isla de Sistolá, en la calle San Bernardo, que aúna libros y vinos y cada semana programa diversas actividades. El viernes presentó «Una casa en Bleturge», Premio de Novela Café Gijón 2016, de Isabel Bono. Este lunes hay tertulia de escritores, «El tiempo, gran escultor». El martes, cata de rosados y claretes. El jueves, Club de Lectura, con «Momentos estelares de la humanidad».

La conversión del local de la Extra-Vagante en pizzería supone una metáfora de los tiempos. «Sunt lacrimae rerum». Son lágrimas de las cosas, respondió a la tristeza Eneas paseando en Cartago. Comida rápida donde se albergaba conocimiento. Dicen los científicos que ningún medio soporta mejor el paso del tiempo que el papel. Conocimiento con vocación «ad aeternum» frente al «fast food». A mediados de marzo o en abril, abre cerca de las Setas La Extra Vagante, que nació de la disyuntiva entre «dar la vuelta al mundo» o «poner una librería de viajes». También en La Encarnación, se muda de Regina a Pérez Galdós Un Gato en Bicicleta. En Céfiro, los primeros fueron los últimos. Los historiadores Paco Espinosa y Alfonso Yerga, que entraron, a modo de exploradores, Amundsen entre páginas, pidieron ser los últimos.

La librería Repiso echó el cierre en noviembre en la calle Cerrajería. Motivos económicos y personales. Una librería tiene guardia diaria todo el año, o no es. La librería pasó de tres plantas y diez trabajadores a un empleado, menos espacio y el cierre. El último libro vendido fue sobre anécdotas de costaleros. «Cuando abrí aquella librería lo hacía en el convencimiento de estar creando algo importante, y creo que en cierta medida lo conseguí, con la ayuda de buenos, y a veces inesperados compañeros de viajes». Los creadores de una «red social» física. «Transformad el lamento en protesta», reclamó en su despedida Javier López Yáñez, que también dirige la Feria del Libro de Sevilla. «No es lo digital el problema de este sector», señala. No es eso. «Es la economía, estúpido»; como dijo el asesor de Clinton. La falta de apoyo efectivo a las librerías, la bajada de dotación para las bibliotecas, la ausencia de políticas educativas de fomento de la lectura. Pilar del Río tropezó con «El año de la muerte de Ricardo Reis» en Repiso. Y se fue a Lisboa, cuando las libretas azules de Largo do Calhariz estaban en expansión, en busca de Saramago. El resto es historia. Saramago, cuando fue pregonero de la Feria del Libro en 2006, de cuya asociación López es presidente, firmó ejemplares de «La caverna» y la cola llegaba a Sierpes. Cualquier tiempo pasado fue anterior.

En Sevilla, las editoriales y librerías tratan de defender el sector sacando una vez al mes los libros a la calle en un zoco en la Alameda, donde presentar novedades y acercarse al lector. La cita de febrero se suspendió por la lluvia y pasó al sábado 11 de marzo, con firma de libros de Antonio M. Álvarez, autor de «Relatos en futuro pluscuamperfecto», en el stand de Triskel Ediciones; de José Antonio Millán Márquez de «La piel del mar» (Maclein y Parker); de Víctor Nemiran, «He quedado con muerte» (En Huida); y recital de Anabel Caride con «Llovera sobre tu nombre»; o Lola Almeyda con «Instrucciones para cuando anochezca».

En octubre, la dirección de Beta decidió el cierre de las librerías de Viapol y Luis Montoto, en el marco del concurso mercantil en el que se halla en curso. Ahora, tres ex empleados reabrirán en República Argentina y Asunción como La Botica de los Lectores trabajando en la red de Librerías Consentido. Un resurgir de las cenizas del «Farenheit 451» ante un dilema que las sitúa entre Imanol Uribe y Valdés Leal, entre si los libros tienen los «Días Contados» o son las librerías las que viven, como le pasó al videoclub, las postrimerías de una época.