De violencia y adjetivos

Otra víctima inocente de esa violencia doméstica que algunos caraduras se empeñan en apellidar simplemente 'machista'

Edificio de la Calle Marina de Huelva donde fue detenida una mujer después de que, durante una discusión con su ex pareja, arrojara a un perro por la ventana de un quinto piso a un patio interior, causándole la muerte / Foto: Efe
Edificio de la Calle Marina de Huelva donde fue detenida una mujer después de que, durante una discusión con su ex pareja, arrojara a un perro por la ventana de un quinto piso a un patio interior, causándole la muerte / Foto: Efe

Otra víctima inocente de esa violencia doméstica que algunos caraduras se empeñan en apellidar simplemente 'machista'

Relatan las crónicas que anteayer, después de discutir airadamente con su expareja, una señora defenestró desde el quinto piso a la mascota de ambos en la calle Marina, en pleno centro de Huelva, con el lógico resultado del óbito de un perro, que se hizo fosfatina. Otra víctima inocente de esa violencia doméstica que algunos caraduras (y algunas caraduros) se empeñan en apellidar simplemente «machista» por ser epíteto rentable para su negociete, mamela o canonjía. ¡Y todavía dudan Moreno & Marín si reservarle la Consejería de Justicia –o mejor la de Igualdad, si persistieren en semejante aberración– al heroico juez Serrano! Existen ciertas concomitancias, si bien no zoológicas, entre las causas feminista y animalista, o más bien entre sus respectivas exacerbaciones: han transitado ambas por su camino hasta encontrarse en la cúspide de la corrección política, donde se han fundido en un solo cuerpo. El suceso onubense, claro, rompe los esquemas a quienes sean reos de sus propias rigideces y prejuicios, ya que les resulta inconcebible la secuencia cromosómica de la canicida. ¿Maltrato animal (o infantil) como revancha por el desamor? Tiene que ser un hombre quien lo perpetre. Pues a veces es así y otras, no. La carencia absoluta de honestidad intelectual se cristaliza en el atronador silencio que rodea a los casos no coincidentes con las hipótesis del pensamiento dominante. También me disculparán los amantes de los chuchos, los fans de Walt Disney y los seguidores de San Francisco de Asís, que llamaba «hermano» a todo bicho viviente, pero siempre será menos dañino descargar la ira sobre ellos que sobre un bípedo implume, en el entendido de que hablamos de un pecado capital y, como tal, por completo execrable. El vicio de adjetivar la violencia conduce siempre a caminos pedregosos.