Andalucía

Doñana no se toca

La carretera Cádiz-Huelva se convertiría en la vía del desarrollo que uniría el Polo Químico onubense con el Puerto de Algeciras

La carretera Cádiz-Huelva se convertiría en la vía del desarrollo que uniría el Polo Químico onubense con el Puerto de Algeciras

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Juan Manuel Moreno Bonilla nos ha salido viajero: es lo que tiene saberse presidente y no creérselo todavía, que anda que te anda recorriendo kilómetros para que se le vea mucho no vaya a ser que una mañana despierte y se dé cuenta, como le pasó a Antonio Resines, de que todo fue un sueño. Se mueve más que los precios, el buen hombre, y esta semana decidió que la mejor forma de celebrar el medio siglo de la publicación del Real Decreto de creación del Parque Nacional de Doñana era organizar el Consejo de Gobierno entre pinos y marismas.

Ya queda, por tanto, para el recuerdo esa foto de familia de naranjas y azules sonrientes posando para los fotógrafos y las televisiones venidas de toda Andalucía.

Pero aparte de conmemorar este medio siglo desde que este paisaje sin par en el mundo pasó a ser considerado espacio natural, ¿qué ha venido a hacer el Gobierno en pleno a este paraje? Todavía nos lo preguntamos porque el presidente de la Junta tiene la extraña virtud de ahondar más el hoyo en el que le meten sus consejeros sin pretenderlo. ¿Cómo, qué? Ya estás con tus cosas, Lucas.

Expliquémonos. El presidente del Ejecutivo, poseído por el espíritu de Greta Thunberg, añoranzas del guantazo educativo, se comprometió a modificar el Estatuto para que aparezca una mención sobre Doñana y a defender y proteger el parque de todos los males venideros. A lo primero, ja; a lo segundo, jaja. Me da la risa floja.

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No se puede ir uno al corazón mismo de la Argónida bonaldsiana y ponerse delante de decenas de micrófonos y no hablar de la ordenación que ha de hacerse de los pozos ilegales o del proyecto de almacenamiento de gas (plan con el que coqueteó el PSOE desde los tiempos de Chaves). Y es paradójico, diría más, cínico, querer ser más verde que López de Uralde y no dejar enterrada, sellada y descartada por los siglos de los siglos esa locura que es conectar por carretera Cádiz-Huelva pasando por Doñana, por mucho que el PP lleve años prometiendo este proyecto si llegaba al poder. Ante la prensa, el presidente dijo que lo mejor es un ferry que unirá a ambas provincias (un vaporcito más costeado) y que la carretera no le gusta, «pero no descartamos nada». Juanma, que eres presidente, que eres la autoridad máxima (con permiso de Vero P.), que con tu dedo se descartan o resucitan proyectos... No me toques, Doñana, haz el favor. Lo bueno que tiene ser outsider en la prensa es que uno se marca su propio recorrido. Mientras los compañeros andaban el pasado martes en el Palacio de Acebrón, en Almonte, en el corazón de Doñana, hemos preferido ver las cosas desde el otro lado, desde la tierra del vicepresidente Marín (envidia de pelazo), para testar la necesidad (o no) de la carretera.

«De eso se lleva hablando toda la vida, en tiempos de mi padre, ya se decía que iban a iban a venir camiones para echar asfalto a las marismas y llegar en coche ahí», comenta Antonia señalando con la mano el coto. «Pero yo, qué quiere que le diga, no necesito ir a Huelva para nada y no quiero ver ese trajín de camiones por Sanlúcar. Si hay que ir se va, pero por donde siempre, aunque sea más largo». Ya sabemos que la anécdota no construye dato estadístico pero no podemos estar más de acuerdo con esta vecina.

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En contra tenemos, es de sobra conocido, estudios que hablan de que el proyecto se convertiría en la carretera del desarrollo que uniría el Polo Químico de Huelva con el Puerto de Algeciras y una nueva vía de entrada para los turistas de la Costa del Sol... Pero en este asunto no caben medianías, sólo posiciones firmes. No quiero ese proyecto. No lo veo necesario, no más que una conexión ferroviaria en condiciones al Campo de Gibraltar, por ejemplo.

Usted que mientras lee esto cabecea y disiente, posiblemente pensaría como yo si estuviera sentado en este momento en la terraza del restaurante del club náutico de Sanlúcar, posiblemente una de las terrazas con mejores vistas y menos masificada de este pueblo sin el que no se entiende esa Vuelta al Mundo cuyo quinto centenario conmemoramos a bombo y platillo.

Pensaría lo mismo que yo si cae la tarde y ve convertirse el paisaje en un cuadro de Carmen Laffón. Si la felicidad se puede medir, la mía tiene el tamaño del tocino de cielo que me comí hace unos años, en esta misma terraza donde escribo estas líneas, en el inopinado preámbulo de un fin de semana con amigos. Juanma, te lo ruego, no me toques Doñana.