Ola de violencia

“El ataque a un policía en Melilla y las pintadas contra Vox se enmarcan en la alerta antifascista de Iglesias”

Las pintadas contra Vox / Foto: La Razón
Las pintadas contra Vox / Foto: La Razón

“El ataque a un policía en Melilla y las pintadas contra Vox se enmarcan en la alerta antifascista de Iglesias”

La «home page» de una de las páginas web más seguidas de Andalucía abría ayer, a la hora de la tapita, con dos noticias que evidencian el clima de violencia política por el que ya comenzamos a transitar. A un funcionario le infligió un grupo de jóvenes una descomunal paliza y un local donde un partido iba a celebrar un acto preelectoral amaneció pintarrajeado con explícitas amenazas de muerte. Sabido es, al menos desde la magistral película de Ingmar Bergman «El huevo de la serpiente», que estas cuestiones conviene zanjarlas en su gestación con un sencillo pisotón para no tener que lidiar después con un ejemplar adulto de boa constrictor a modo de bufanda, que es postura en la que se hace complicado pensar. Ocurre que el primer suceso (o, como dirían Les Luthiers, «sucede que el primer ocurro...») lo padeció un policía nacional en Melilla a manos de una airada muchachada mahometana y el segundo fue en una cervecería de Sevilla alquilada por Vox para un encuentro dentro de su programa «De cañas por España». Se trata de dos episodios de evidente naturaleza antidemocrática, sin duda, pero perfectamente enmarcados en la lógica de la «alerta antifascista» decretada por Pablo Iglesias la noche misma de las autonómicas andaluzas. Nada cambiaría la esencia de los hechos si unos guerrilleros de Cristo Rey (en el supuesto de que sigan existiendo) hubiesen apaleado a un municipal gaditano al grito de «esbirro de Kichi» o si grafitis alusivos al «paredón» hubiesen aparecido en una Casa del Pueblo... excepto que (casi todos) los locutores de nuestras radios y televisores habrían hiperventilado hasta la linde de la apoplejía, pobrecitos míos, mientras que su silencio («callan como puuuertas», dijo una vez Carlos Herrera) es clamoroso cuando el viento de la violencia sopla de izquierda a derecha.