Pura Raza Español

Un jinete acaricia su caballo en una pasada edición del Salón del Caballo / Efe

En los cuadros de los genios de la pintura española se vislumbra la importancia de nuestro caballo. Velázquez y Goya retrataron no sólo su difícil anatomía, sino el carácter noble y arrogante de los caballos españoles. También lo hicieron, de igual modo, Tiziano, con su retrato ecuestre del emperador Carlos V, y Pedro Pablo Rubens, en su magnífico cuadro al Duque de Lerma sobre un corcel de largas crines y radiante capa. Y es que el caballo que ya seleccionaban los monjes cartujos en conventos de Sevilla y Jerez, antes del descubrimiento del Nuevo Mundo, causaban el asombro allá donde fueran. «El más apropiado para un rey el día de su triunfo», según palabras del Duque de Newcastle. Como aquellos otros, más recientes, de los anuncios de Terry. Por eso, no es de extrañar que Sevilla en esta semana se convierta en capital mundial del caballo, con motivo del Sicab, su salón internacional. Caballo andaluz. O de Pura Raza. Emblema de España. Como Nervioso II y un Centauro llamado Ángel Peralta, que conquistaron la arena de Wembley al hacerse con las «Espuelas de Oro», dejando escrito los catorce versos del soneto: «Tú, caballo español tan cartujano/te adornas de briosos movimientos;/tus crines son caricias de los vientos/y tu lomo es un trono cortesano./Tu nobleza se palpa hasta en la mano/del jinete, que en nobles pensamientos/te lleva entre sus hondos sentimientos/hacia un mundo entre mítico y arcano.../Hoy tu sangre galopa por el mundo/pues tienes un linaje tan profundo/que brilla más auténtico que el sol./Tú eres el caballo de la Historia./Velázquez sobre el lienzo de su gloria/pintó tu pura raza de español».