Toros

Toreros sevillanos

La Razón
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Un torero sevillano da nombre a la tauromaquia y otro, dictó sus normas fundamentales. El arte de Cúchares, según las reglas del toreo de Pepe Hillo. El barrio de San Bernardo y el Arenal, en la dualidad de los barrios toreros. Desde aquel siglo XVIII, la ciudad de la Giralda ha sido caudal de la torería andante. No debemos olvidar a «Costillares», inventor del volapié. Curro Guillén y Juan León precedieron al valeroso Manuel García «El Espartero», que tantos romances inspiró. Pero la Edad de Oro llegó con el encuentro de dos colosos, José Gómez Ortega («Gallito») y Juan Belmonte, que convirtieron el toreo en ciencia y en arte. Uno de los toreros importantes en el devenir de las corridas de toros fue el genial Manuel Jiménez «Chicuelo», que con su faena al toro «Corchaíto» fue el creador de la faena moderna, encadenando en serie un puñado de naturales. Hablar de la Feria de Abril es hablar de Pepe Luis, el Sócrates de San Bernardo, eterno compañero de Manolete. Y de su hermano Manolo y su toreo de frente. Pero Sevilla, cuna de toreros y ganaderías, ha tenido en Curro Romero a su torero más especial y de mayor carisma. El toreo de Curro no es sólo una filosofía sino una cita con la eternidad. De aquí salieron también «Bombita», Rafael «El Gallo», Pepín Martín Vázquez... Y los gitanos Curro Puya y «Cagancho». Y el valor de Diego Puerta. Y la sabiduría de Paco Camino. Después, llegaron «Espartaco» y Emilio Muñoz. También Dávila Miura. Pepe Moral y Escribano, que ayer torearon la tradicional corrida de Miura en La Real Maestranza de Caballería, se abren paso en el escalafón con los ya consagrados Morante de La Puebla o Manuel Jesús «El Cid». Como dijo Vicente Zabala en su pregón taurino, hace ahora veinticinco años: ¡Bendita sea Sevilla!