Las madres de día, una alternativa distinta para conciliar trabajo y familia

Cada vez más educadoras profesionales ofrecen su hogar para la atención y cuidado de niños de hasta seis años

Sobre estas líneas, Belén enseña a los niños que tiene a su cargo a plantar un pequeño huerto para que aprendan el desarrollo de la naturaleza
Sobre estas líneas, Belén enseña a los niños que tiene a su cargo a plantar un pequeño huerto para que aprendan el desarrollo de la naturaleza

Llega a Castilla y León una nueva forma respetuosa y familiar para que los padres puedan conciliar el trabajo y el cuidado de sus hijos. Se trata de las madres de día, un modelo de crianza muy conocido en países como Alemania, Suiza o Francia. Por el momento son seis en la Comunidad, pero el fenómeno está creciendo.

Belén Álvarez es madre de día en el barrio Parquesol de Valladolid y abre las puertas de su hogar «Liebrecita blanca» a LA RAZÓN para explicar en qué consiste esta opción para las familias, diferente a la realizada por las guaderías o las cuidadoras.

Hasta ahora, solo Navarra, Madrid y Galicia han regulado esta actividad. «En Castilla y León no existe esa normativa que nos daría mucha más seguridad tanto a nosotras como a los padres», afirma Belén.

Aún así, ella cumple una serie de requisitos marcados por la Red de Madres de Día de España: tiene la titulación oficial de Maestra en Educación Infantil, además de cursos de primeros auxilios y manipulación de alimentos; el límite de pequeños que atiende es de cuatro; su casa dispone de espacios adaptados a los niños, con las medidas necesarias de higiene y salubridad; está dada de alta en la Seguridad Social; así como dispone de seguros de hogar y de responsabilidad civil.

Belén sigue la «pedagogía Waldorf», que tiene como finalidad el desarrollo de las capacidades y habilidades propias de cada niño desde el contacto con la naturaleza y el arte, y sobre la que se sigue formando continuamente.

Los pequeños -este curso son cuatro- llegan a la Liebrecita blanca sobre las 9.30 de la mañana y, hasta las 16 horas, juegan, dan paseos, cantan y, según el día de la semana que sea, desarrollan una manualidad, que puede ser desde hacer pan o cuidar un huerto, hasta trabajar arcilla.

«Como madre de día defiendo el derecho a que los niños pequeños permanezcan en un hogar donde, a través del vínculo, el movimiento, la creatividad y la imaginación, los pequeños vayan desarrollando sus capacidades», afirma Belén.

«Con los niños hay que tener tiempo sin tiempo», afirma, y explica que no se pueden tener prisas, ya que los pequeños no entienden de horarios y cada uno tiene sus ritmos.

La formación, vocación y compromiso de las madres de día con la infancia garantiza la crianza y desarrollo de los pequeños y aleja esta figura educativa de la de una canguro.

En Valladolid es la única, pero en Salamanca, León, Burgos y Ávila otras cinco mujeres desempeñan esta labor, una propuesta nueva para la conciliación.