Dalmau, galerista y dibujante

Aparecen varias obras inéditas de uno de los referentes de la vanguardia

Autorretrato hasta ahora desconocido del galerista Josep Dalmau
Autorretrato hasta ahora desconocido del galerista Josep Dalmau

El pasado 21 de septiembre se cumplían 75 años de la muerte de Josep Dalmau, una de las personalidades más importantes de la vanguardia artística de nuestro país. Dalmau fue un verdadero visionario y uno de los principales galeristas barceloneses de su tiempo, un hombre con un certero ojo para descubrir artistas como Miró, Dalí, Barradas, Duchamp o Picabia, entre muchos otros. Pese al mucho tiempo pasado, todavía no se le ha dedicado una exposición que reivindique un legado impresionante.

Legado desconocido

En el archivo-biblioteca de Rafael Santos Torroella, el desaparecido crítico e historiador de arte que tanto hizo por divulgar la labor de hombres como Dalmau, se conservan algunos de los dibujos que realizó el galerista. Son un conjunto de piezas inéditas y que demuestran el buen hacer de quien era algo más que un simple aficionado. Algunas de estas obras se publican en este reportaje por primera vez. La de dibujante era una de las facetas por las que deseaba ser conocido. De su trabajo pictórico se conocen muy pocos cuadros, entre ellos dos piezas que se guardan en el Museo Comarcal de Manresa.

Se sabe que antes de dedicarse a la venta y divulgación de la obra de otros artistas, Dalmau se formó al lado de su contemporáneo Joan Brull, un pintor influido por el modernismo aunque finalmente cayó en el sentimentalismo en varias de sus composiciones. Junto con lo aprendido al lado de Brull del oficio pictórico, cabe destacar también a su presencia habitual en la cervecería de su amigo Pere Romeu donde conoció a alguno de los contertulios de ese establecimiento, como Casas, Rusiñol o un jovencísimo Picasso. Fue en este lugar donde realizó su primera exposición individual en 1899, poco antes de marcharse de Barcelona a donde regresó en 1906 tras residir en París y Bélgica. Reinstalado en la capital catalana, puso en marcha una tienda de antigüedades en la que dedicó algunas muestras a Nonell, Mompou y Colom, además de dedicar una sección al arte moderno. Fue el germen de las famosas Galeries Dalmau, primero ubicadas en la calle Portaferrissa y posteriormente en el Paseo de Gràcia hasta su cierre en 1930.

Los dibujos de Dalmau son en su mayoría bocetos de apuntes del natural de personas y algún paisaje. En el archivo-biblioteca Santos Torroella se conserva alguna obra en la que parece evidente la influencia del modernismo, como es una escena protagonizada por dos damas de época, una más acabada que la otra y que puede recordar al Picasso del primer viaje a París.

Cualquier soporte era bueno para el dibujante. En el reverso de una de las tarjetas de su galería, por ejemplo, podemos encontrar un paisaje, probablemente de algún rico de Barcelona, aunque de nuevo nos encontramos con la dificultad de identificar el espacio. Es el único paisaje conocido de Dalmau, mucho más interesado en captar la figura humana.

El galerista dedicó en 1912 una importante exposición al cubismo, el mismo año en el que fue retratado por el poeta francés Max Jacob. La huella cubista aflora en un inédito dibujo a tinta de un florero.