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El hocus pocus del mundo del arte

El CCCB acoge la exposición «La llum negre» que reúne obras de artistas de la segunda mitad del siglo XX como Tàpies o Henri Michaux, cuya inspiración se basa en las ciencias ocultas

  • Este curioso aparato se titula «Dreammachine» o la máquina del sueño. Ideada por Brion Gysin, si te sientas delante del aparato y cierras los ojos, al abrirlos tendrás alucinaciones. / Efe
    Este curioso aparato se titula «Dreammachine» o la máquina del sueño. Ideada por Brion Gysin, si te sientas delante del aparato y cierras los ojos, al abrirlos tendrás alucinaciones. / Efe
Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

16 de mayo de 2018. 07:59h

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Carlos Sala - .  Barcelona. 16/5/2018

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A Forrest Bess no le gustaban las multitudes. Tampoco le gustaban los encuentros cara a cara. En realidad, a este peculiar artista no le gustaba la gente en general. Le generaban incomodidad y estrés, algo que aletargaba sus ansias creativas. De pequeño lo que más le gustaba era ir a pescar. Le encantaba sostener en las manos sus viscosos cuerpos, sentirse misericordioso y devolverlos al mar. Él aseguraba que siempre era el mismo pez, un Jack ojo de caballo al que consideraba su único amigo.

Vivía prácticamente aislado en un banco de pesca en el golfo de Nuevo México donde sólo se podía acceder con barco. Allí vivía como pescador y se dedicaba a pintar como hobby, y allí, en el mar, creyó comprender cuál era la clave para encontrar la inmortalidad. El arte no le iba a ayudar a conseguirlo, creía, pero un día volvió a pescar a su viejo amigo Jack ojo de caballo y creyó ver en sus ojos cuál era el secreto de su larga vida.

Tras los escritos de Carl Gustav Jung, los hermenéuticos cristianos, el esoterismo egipcio y, sobre todo, la liturgia aborigen australiana, tenía sueños muy vívidos y a través de ellos descubrió que el hermafroditismo era la única vía para vivir eternamente. Cuando rompías cualquier dualidad, evitabas el desplazamiento de la psique, que es lo que genera el deseo, y así, negabas el roce, la acción, es decir, el desgaste y la decadencia. Conseguías, como había soñado tantas veces, una angelidad primigénea.

Con gran determinación y con un gran conocimiento de anatomía, una noche reunió a un médico amigo en su casa. Quería tener un testigo de su milagro y legitimar su hazaña científicamente. Con sus propias manos, insensibilizó la zona de su entrepierna y empezó a abrir una hendidura tras el escroto, que tenía que llegar hasta la uretra y poder dar cabida, así, a un pene. La operación fue un éxito, pero irónicamente lo que tenía que darle la inmortalidad fue lo que acabó por matarlo.

Dos noches después de la operación, abatido pues no sentía nada diferente, salió en barco a su zona preferida del mar y volvió a pescar a su viejo amigo Jack ojo de caballo. «¿Por qué, Jack, por qué?», le preguntó. El pez no contestó. Ese día Forrest Bess no volvió a tirar el pez al mar. El artista moría en noviembre de 1977 a causa de un cáncer de piel. ¿Por qué, Jack, por qué?

Los cuadros de Forrest Bess son uno de los protagonistas de la exposición «La luz negra», que intenta marcar la relación de las ciencias oscuras, el misticismo, el esoterismo y la psicodelia con el arte contemporáneo a partir de la segunda mitad del siglo XX. El Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) acoge hasta el 21 de octubre una muestra que dialoga con el subconsciente colectivo y con las ansias de sublimación espiritual de unos artistas que siempre se han sentido más atraídos por Trimegisto que por Steve Jobs.

Comisariada por Enrique Juncosa, la exposición reúne unas 350 obras de artistas de la talla de Antoni Tàpies, Agnes Martin, Henri Michaux, Joseph Beuys, Ulla von Brandenburg, Joan Ponç o Rudolf Steiner. También se puden ver obras de escritores como William S. Burroughs, cuya forma de escribir, los famosos «cut ups» fueron inventados por otro iluminado, Brion Gysin, creador de la máquina del sueño, o cineastas como Alejandro Jodorowsky o Derek Jarman. A través de un recorrido cronológico, de principios de los 50 hasta la actualidad, la exposición demuestra que por muy tecnificado y racionalista que sea el mundo, el arte siempre tenderá al misterio y la inconcreción para buscar verdades. «El título de luz negra viene del sufismo y se refiere a una condición mísitica que te hacía entrar en éxtasis. Si cerrabas los ojos y del negro ibas reconociendo los demás colores llegabas a vislumbrar a la luz que todo lo ilumina, esa luz negra que te llevaba a la revelación», comenta Juncosa.

La muestra tiene espacio para detenerse en músicos como Psychic Tv, Led Zeppelin o Sun Ra, o en los muchos seguidores del satanista y ocultista Aleister Crowley comoel cineasta Kenneth Anger. También se habla de varios pintores abstractos americanos como Barnett Newman, Ad Reinhardt, Agnes Martin, Terry Winters, Philip Taafe o Fred Tomaselli y arranco con los cineastas experimentales Harry Smith y Jordan Belson, que aseguraba que «la imagen es un contenedor de sabiduría y conocimiento».

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